Crianza, Familia

Cuando no se puede conciliar

La palabra conciliación está muy de moda últimamente. Parece que, por fin, después de mucho tiempo yendo en la dirección equivocada, las mujeres (las madres) hemos entendido que el camino no es hacer lo mismo que cualquier hombre, trabajar igual que ellos aún a costa de lo que nos hace diferente, nuestra maternidad. Queremos trabajar, en más ocasiones de las que parece es una necesidad, pero no queremos hacerlo a costa de dejar de ver crecer a nuestros hijos. Sin embargo no siempre es posible. Hay ocasiones, hay profesiones, que no te permiten esa conciliación. El mío es ese caso.

No quiero decir con esto que todas las madres periodistas del mundo estén en mi misma situación, sólo es la forma en que yo lo veo, como yo siento las cosas.

Por suerte o por desgracia me quedé sin trabajo antes de quedarme embarazada, y sí, he dicho por suerte porque aunque me encantaba y me encanta mi trabajo, también me encanta criar a mi hijo, y no sé si hubiera sido capaz de renunciar a mi empleo por algo que no sabes qué es hasta que no lo realizas. No diré que no añoro trabajar, la vida en la calle, las ruedas de prensa, los cafés con los compañeros de otros medios… Hay muchas mamis bloggueras con las que comparto profesión que me entenderán. Pero la nostalgia no hace que olvide que había días que apenas pasaba por casa para comer, que mi marido y yo teníamos unos horarios tan parecidos que coincidíamos sólo para cenar y entonces ya estábamos rendidos, que incluso los días buenos eran largos. Adoro el periodismo, la considero una de las carreras más bonita, emocionante e inspiradora, pero requiere una dedicación plena.

Es cuestión de prioridades y de necesidades, por suerte yo no necesito trabajar para vivir, así que el empleo pasa a un segundo plano y la maternidad y la crianza suben puestos. Me cuesta hacerme a la idea de que me consideren fracasada por dejar de lado mis estudios para ser ‘sólo’ ama de casa, pero me compensa. Cuando oigo a amigas o familiares decir que están deseando ver a sus hijos porque apenas han pasado un rato con ellos en todo el día, doy gracias porque Papá Oso tenga un trabajo que me permita llevar al peque al parque por las mañanas, dormir la siesta con él, y verle crecer. Aunque cuando le pregunten en el colegio él tenga que decir que su mamá “no trabaja”.

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Crianza, Familia, Pareja, Preguntas sin respuesta

¿Feminismo mal entendido?

Hoy es el Día Internacional de la Mujer

Tengo la costumbre desayunar en la cocina escuchando la radio. La enciendo cuando me levanto para hacerle los cereales al bicho y así se queda, que parece que me acompaña. Pues llevo toda la mañana oyendo hablar de la importancia del día de hoy, de la importancia de la mujer. Pero sólo hablan de la mujer trabajadora, de la discriminación en los puestos de trabajo, de que son más las mujeres desempleadas, de que no alcanzan puestos de liderazgo… todas ellas verdades como templos. Pero me parece que la única igualdad, que los únicos derechos que la mujer tiene que defender, son los que la colocan al nivel de los hombres. Y no, no estoy para nada de acuerdo. Quizá sea criticada por esto, pero es lo que pienso. Creo que ya lo mencioné en otra entrada. Una mujer tiene tanto derecho a realizarse como trabajadora fuera de casa como dentro, siendo madre. La mujer tiene un papel que nadie puede sustituir, que es de una importancia vital a nivel social, y que pocos valoran: una mujer es madre. Ningún hombre puede serlo por ella, aunque se quede en casa cuidando a sus hijos, un hombre no puede parir, ni amamantar, no sustituye el vínculo de un hijo con su madre. La mujer que cría a sus hijos los educa las 24 horas, los prepara para salir al mundo. Mucho hablar de la importancia del papel educador de los maestros, pero a los niños se les debe educar en casa. Se les tienen que enseñar valores, principios, una educación que no está en los libros, y que suele dar una madre. Así ha sido hasta ahora. Ahora la madre se realiza trabajando fuera, tratando de conciliar un horario como el de cualquier hombre, para no ser menos, con el pasar horas con sus hijos. Dejo de lado las tareas del hogar, que sí que son cosa de todos por igual. ¿Porqué vale la pena sentir esa culpabilidad de la mujer que deja a sus hijos en la guardería todo el día para ser igual que el hombre? ¿Porqué si es al revés, si se queda en casa, no merece la pena su sacrificio? En ese caso, se está perdiendo algo, no se está realizando como mujer. Pues perdonen ustedes, pero yo me siento muy realizada y muy mujer, y no trabajo. He trabajado, con un horario matador, y si hubiera tenido que elegir, hubiera apostado por mi hijo. Tengo la suerte de poder elegir, lo admito. Pero no admito que se me critique o se me tenga pena o se me juzgue por ello. Lo que yo hago no tiene menos valor que lo que hace una mujer que trabaja. Y ser mujer, defender nuestro valor, no es pedir una cuota mínima en las empresas.

Dicho queda. Me voy al parque con el bicho, que hoy hace sol.