Embarazo

El embarazo no es como en las películas

Imagen de www.embarazada.com
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Sé lo que me vais a decir, que es una etapa maravillosa, que hay que disfrutar del milagro de notar cómo crece una vida en tu interior…. Y sí, no os lo discuto, pero sed sinceras ¿es así TODOS los días a TODAS horas? Pues no. El día a día es otro cantar.

El sueño se apodera de ti, al menos los primeros meses. La mayoría de las embarazadas que conozco coinciden en que el primer trimestre las invadía un sopor y un cansacio infinitos. Yo era terminar de comer y quedarme dormida casi de pie, no podía evitarlo. Ahora… las pocas veces que intente dormirme una pequeña siesta fui atacada por un bicho de año y medio al grito de ¡mamáaaaaa, mamáaaaaaaa!

Los olores, la comida y las náuseas. Soy como un sabueso. Puedo reconocer un olor desde lejísimos y aunque ninguno me provoca un malestar muy grande, sí que me incomoda en olor a tabaco, por ejemplo. Las náuseas me acompañaron en mi primer embarazo durante tres meses, cada mañana. En éste me he librado, apenas un par de semanas. Pero sé de quien las ha sufrido todo el embarazo y no son esa escena típica de embarazada agachada junto al wáter, que sale del baño tan tranquila y hala, a seguir con su vida.

La barriga es tan bonita como incómoda. Llega un punto, en este embarazo me ha llegado mucho antes, en el que la panza dificulta la rutina diaria. No puedo cargar con la compra, me cansa abrocharme las botas, subir escaleras… obviamente no puedo dormir boca abajo (y no sé dormir de otra forma) y la cosa no mejorará en los meses que me quedan. Como decía una amiga, el mejor momento es cuando la barriga llega a los sitios antes que tú, y vas chocando con ella por todas partes.

En el tercer trimestre empiezas a caminar como un pato, es muy posible que se te hinchen los tobillos hasta que tus pies te parezcan más los de un hipopótamo, te pica la barriga, vas al baño cada diez minutos… y no sé si quiero hablar de la ropa premamá porque me enciendo. Las modelos premamá son modelos de la talla 36 a las que les plantan una barriga de pega ¿y se supone que las embarazadas reales son así? Pues no, no lo somos. Nuestro cuerpo cambia por completo, y si partimos de que el 90% somos muy distintas ya antes de embarazarnos a esas modelos tan altas y monas, cuando se nos ensanchan las caderas, los muslos, hasta la cara…. Al final salimos de las tiendas premamá con un cabreo curioso.

¿Estoy asustando a las futuras mamis o a las que estáis recién embarazadas? Pues no os preocupéis, porque todo esto tiene un precioso final y merece la pena. La aventura de verdad viene después. 

Embarazo, Parto, Postparto, Salud

Lo que esperaba de parto antes y ahora

Creo que una nunca deja de ser madre primeriza. La primera vez es obvio, nunca has sido madre y hay miles, millones de situaciones que serán totalmente nuevas y a las que hay que enfrentarse por primera vez. La segunda se supone sin embargo que ya sabemos a dónde vamos. ¡Qué gran error! El segundo embarazo es la primera vez que estamos embarazadas de nuevo, la primera vez que lo compaginamos con un bebé o un niño que ya nos necesita. Es la primera vez que vamos a ir al paritorio sabiendo a dónde y a qué vamos… y eso cambia mucho las cosas. Pero mucho mucho.

El parto es algo a lo que las primerizas vamos a ciegas por muchas cosas que nos hayan contado. Creemos que puede ser tal y como nos hemos imaginado… y habitualmente no lo es, ni mucho menos.

parto

En mi primer embarazo soñaba con un parto lo más natural posible, sin epidural, ni episotomía, que sabía que no sería fácil pero que confiaba en que soportaría como muchas otras antes que yo. No fue así ni por asomo. Me negué a la epidural, pero tras 12 horas de contracciones la hubiera firmado sin problemas, me rompieron la bolsa, me pincharon oxitocina y un calmante que me dejó medio grogui, me llevé a casa unos muchos puntos y fue necesario sacar al peque con ventosa. Un completo, vamos.

Ahora… ahora la cosa es muy distinta. No sé si será normal o no, pero ahora tengo mucho más miedo. Me dan miedo las contracciones, la posibilidad de ceder y pedir la epidural, que sea de nuevo un parto larguísimo e incluso la incomodidad de los puntos en las semanas siguientes. Sueño con ese momento, con todas las posibilidades que pueden darse y la angustia me puede.

De este parto sólo espero poder llevarlo con más tranquilidad y más consciente de lo que toca, para ahorrarme unas pocas de horas en el hospital, para poder controlar las contracciones y, sobre todo, espero que este bichillo se decida a nacer por sí mismo, que si hay algo que me da más miedo que el parto en sí es un parto inducido o una cesárea programada.

Y con eso me basta, que si algo he aprendido en este tiempo como madre es que más vale no pensar ni planear las cosas, porque vendrán como quieran.