Crianza

Horarios

No soy una persona organizada. En casa ninguno lo somos, así que era complicado que le inculcásemos al pequeñajo el más mínimo sentido del orden y lo que significa una rutina. Desde que nació y hasta el día de hoy, se duerme la siesta (y por la noche) cuando le da la gana. Para comer sí que solemos hacerlo a la misma hora, pero no es algo inamovible y, por supuesto, su madre es un desastre en lo que a seguir una dieta equilibrada se refiere. Nunca recuerdo si ha comido pollo dos veces esta semana, o cuántos platos de lentejas de la abuela se ha zampado.

Sin embargo y pese al desastre de familia en el que le está tocando criarse, el peque ha creado él solito unos horarios que cumple casi a rajatabla. Por las mañanas se despierta alrededor de las 9 salvo casos excepcionales como que esté malito. Absolutamente todas las mañanas se baja de la cama, me coge de la mano y me lleva a la cocina, y en cuanto ve su biberón preparado se va al salón y se sienta en su sitio del sofá a desayunar. A media mañana toca siesta, siempre sobre las 12:30. A las dos ya está pidiendo la comida.

Por la tarde los abuelos vienen a llevarlo al parque casi todos los días a la misma hora (cuándo termina El secreto de Puente Viejo jajaja) y en cuánto regresan ya sabe que toca baño. Mientras lo seco ya está pidiendo la cena. Y entre las 10:30 y las 11, previo biberón de leche calentita, se queda frito.

Incluso es rutinario para hacer caca. Los cambios de pañal ineludibles son después de desayunar y después de comer. Y eso si estamos en casa, que si está fuera se le cambian los horarios y ya ni tiene hambre ni hace caca ni duerme ni nada.

Es un bicho de rutinas, está claro. Pero a mí a veces me asaltan las dudas y pienso si no sería más normal que tuviera su hora de siesta después de comer, cómo la mayoría de niños a los que sus padres dejan en la cama y se duermen. No concibo cómo haría eso con el peque, la verdad. Quizá lo estemos haciendo mal pero tiendo a pensar que uno, sea pequeño  o grande, duerme si tiene sueño y se despierta cuando ya no lo tiene (salvo que tengas que irte a trabajar), por eso no alcanzo a entender qué beneficio tendría entonces acostarle a dormir cuándo nosotros consideremos adecuado o despertarle de la siesta porque ya ha dormido mucho. Estoy abierta a vuestras opiniones/aclaraciones/explicaciones.

¿Vuestros hijos también tienen sus propios horarios? Anda, contadme.

Familia, Viajes

Volvemos a la carga

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Quien diga que los que no trabajamos fuera de casa no necesitamos vacaciones se merece una colleja de las gordas.  Esta semana, en la que los que me seguís habéis podido comprobar que he estado totalmente out, ha sido un adelanto, un paréntesis casi obligado, porque no doy para más. Papá Oso no tiene vacaciones hasta septiembre, así que en este mes de infinito calor en el que las calles de Lorca parecen las de un pueblo fantasma los pobres sin casa junto al mar aprovechamos los fines de semana y las tardes para huir en busca de tierras menos asfixiantes. Lo malo es que la rutina en sí misma no cambia. Los  mismos madrugones por las mañanas, comer a la misma hora para que papá se vaya a trabajar por la tarde… Cualquier ama de casa me entiende cuando digo que necesito vacaciones del día a día, de los recados en el súper, de cocinar, de poner lavadoras, de esta reforma que no termina porque aún ni ha empezado….

Entre esta tarde y mañana terminaré el resumen fotográfico de los miniviajes de esta semana, un finde en Caravaca de la Cruz con toda la familia, un plan rural que por cierto recomiendo mucho para niños de la edad de mi fiera, y un día de playa, además de excursiones al parque (a la sombra y sin más niños con los que jugar).

Tengo además a medias un post con mi nueva afición (que para eso tengo tiempo libre, como dice mi cuñada) la costura. Sí, soy el colmo de los tópicos de ama de casa y madre, me gusta cocinar y ahora intento aprender a coser. Porque ya estoy casada que si no sería un partidazo 😀

Y más cosas, pero esas no os las cuento que si no luego ya no os sorprendo. Yo, al contrario que la inmensa mayoría de la población española, sigo al pie de cañón en agosto.  Y perdón por no dar señales de vida estos días pasados, pero a veces se hace imprescindible desconectar para recargar pilas.

PD: La fotografía en el inicio del puente de las 7 millas en la famosa carretera de los Cayos de Florida, de nuestro viaje de novios. Me da sensación de libertad, de cosas por venir.

Crianza, Familia, Viajes

Niños ‘todoterreno’

Visita a la Catedral de Toledo

Desde que nació mi bicho nunca ha tenido problemas para adaptarse a las más diversas situaciones. Con más o menos ayuda se duerme en dónde le pille, no le importa comer potitos comprados o comida casera (de hecho come de todo y mucho), le he cambiado el pañal en los lugares más insospechados y nunca ha pasado por esa fase de extrañar a los desconocidos. Es lo que yo llamo un niño todoterreno. No hay nada que le rodee que le impida estar a gusto.

Sé sin embargo que esto no es lo habitual. Sé que los niños normalmente no están a gusto con extraños y menos si no están cerca sus padres, sé que se ponen más nerviosos fuera de su ambiente habitual, que comen peor, duermen peor  si no es en su cama…

Y entonces me pregunto si los niños todoterreno ¿nace o se hacen?

El peque ha sido así desde que nació, pero es cierto que ha estado siempre rodeado de mucha gente, ve a sus abuelos y a sus padrinos a diario, hizo su primer viaje con sólo cinco meses (más de 400 kilómetros de coche ida y vuelta), y nosotros nunca hemos tenido miedo de llevarlo a todas partes y adaptarnos a lo que nos fuese pidiendo el día. El dormir fuera lo hace más fácil el colecho, para qué negarlo. Y las comidas… no sabría decir si es sólo porque él es así o porque nunca le hemos forzado a comer, a pesar de qué a veces, si no quería desayunar o merendar, no faltaba quien nos dijese que eso no podía ser, que tenía que comer sí o sí. Menos mal que no hemos hecho caso. Tampoco nos ha importado incorporarle a cualquier plan aunque a priori no pareciese cómodo para hacerlo con un bebé. Siempre hay quien te dice que con niños no se puede viajar, que no puedes ver nada, que es un lío porque tienes que llevar mil cosas… Claro, al final no sé si el niño lo llevará bien o no, pero si los padres van con ese ánimo no lo van a disfrutar, eso seguro.

¿Será entonces que todos los niños son así, y son los padres los que no son nada todoterreno?

¿Cómo son vuestros hijos, se adaptan fácilmente a lo que les viene o les cuesta salir de su rutina?

PD: en la imagen el bicho y aquí la que escribe visitando la Catedral de Toledo. Sí, logramos verla y escuchar enterita la audioguía, aunque reconozco que sufrimos un pequeño susto cuando al personaje se le ocurrió intentar huir hacia el altar a gatas. Hay que tomárselo con humor… y mucha paciencia.

Alimentación, Familia, Viajes

¡Vaya semanita!

No me puedo creer que al fin sea domingo. Llegamos de Toledo el viernes para la cena y el sábado después de comer ya estábamos saliendo camino de la iglesia para una boda, así que esta mañana el peque ha dado tregua y nos ha dejado dormir hasta las diez. No nos podemos quejar. Como contároslo todo sería insufrible, os resumo lo más importante.

Una semana de viaje con un bebé de 11 meses.

Cuando cambias la rutinas diarias y el lugar en el que “vives”, el resto de rutinas también se alteran. Y los niños se alteran que da gusto. El peque algunos días desayunó y otros no, pasó a cenar mucho más tarde y se ha pasado gran parte del día caminando (tengo la espalda rota) y saltando en la cama.Yo aproveché para cambiar la cena de biberón por una cena ‘de verdad’, y ha triunfado, cenaba encantando, con postre incluido.

Por muchas cosas que lleves en la maleta, siempre te sobrarán mil y te faltarán otras mil. Por ejemplo, pañales. El peque se puso malito con diarrea los últimos dos días y nos quedamos sin pañales en el viaje de vuelta, suerte que coincidimos en el restaurante con otro peque de la misma edad y su madre me dio un par de pañales para sobrevivir lo que nos quedaba de camino.  Ya en casa compramos la crema reparadora de Avene para el culito, que lo lleva en carne viva, y probióticos para frenar la diarrea. Y estoy pensando que quizá el próximo paquete de pañales sean Dodot Básicos, ya que son los que nos prestaron y le van muy bien. Os contaré si los pruebo de nuevo.

Para elegir hotel cuando vas con un bebé hay que mirar detalles que antes no tenías en cuenta. La mayoría tienen minibar, práctico para guardar sus potitos, etc, pero no hay casi ninguno con microondas, y no sé porqué, ya que sería extremadamente cómodo. En EEUU todas las habitaciones tienen, sería algo que vendría bien empezar a traer. También es más cómodo un baño con bañera que con plato de ducha.  Las dos veces que he ido a un hotel con el peque hemos elegido régimen de alojamiento y desayuno porque nos parece más cómodo desayunar tranquilos, a veces el peque ha bajado incluso en pijama, y salir directamente a pasear sin tener que buscar un lugar dónde tomarnos un café. Si toma biberón te calientan allí la leche, si no, como nosotros en esta ocasión, he aprovechado para que desayunase zumo o galletas del buffet.

El destino es en realidad lo de menos, no creo que haya un sitio mejor que otro. Toledo tiene cientos de cuestas empedradas, lo peor cuando empujas una silla de bebé, y sin embargo no me ha resultado molesto o incómodo en general. Eso sí, no pretendáis recorrer trayectos demasiado largos, hacer jornadas maratonianas o visitas culturales tranquilas. Mejor seleccionar lo que más os interese y tener en cuenta que en cualquier momento podéis tener que cambiar de plan. Lo importante es pasarlo bien en familia.

Si vais a pasar por Toledo estas vacaciones y queréis información, encantada de ayudaros.

¡Abrazos!

Crianza, Familia, Pareja

Libertad para ser niño (y para ser malos padres)

Es curioso como a veces las cosas coinciden de manera ‘casual’. No hace mucho en una cafetería un peque lloraba desconsolado, retorciéndose n su silla, mientras sus padres se quejaban de que no podían tomarse un café tranquilos si lo tomaban en brazos, así que lo dejaban sentado aunque llorase. Y ayer Papá Oso comentaba que hay quienes al parecer se pierden buena parte de la diversión de criar a sus hijos, refiriéndose  una madre que nos acababa de contar que ya no usaba la bañera de su cambiador porque su hijo salpicaba mucho al chapotear y lo dejaba todo perdido.

Yo procuro tener al bicho sentado en su silla o en la trona el menor tiempo posible, porque entiendo que se aburre  Y sí, soy mala madre (somos malos padres) porque le dejamos que abra los cajones y saque todo lo que quiera siempre y cuando no sea peligroso, le dejamos que corra libre por la casa, que explore, y le cojemos en brazos cada vez que podemos, y chapotea todo lo que quiere y más, tanto que le baño con la fregona esperando en la puerta del baño. Y nos encanta, aunque se ensucie la ropa de gatear por el suelo que no está lo limpio que debería, aunque se llene la boca y la cara y el cuello de migas de pan o de galleta chuperreteada. Y sí, nos gusta que siga durmiendo con nosotros, aunque no os discuto que a veces la voz de la sociedad se oye demasiado y dudo sobre lo que hacemos. Menos mal que ahí está Papá Oso para recordarme que somos los padres que somos, y nos gusta serlo.

Me alegro de no ser la única que piensa así, y como ya os digo que las cosas se unen a veces de forma muy curiosa, os enlace un vídeo y un blog que vienen a corroborar en parte lo que os cuento.

Espero que os gusten.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/asimplevista/2013/05/14/guia-del-mal-padre.html

El artículo que acompaña al vídeo podéis encontrarlo en  Bebesymás

Cosas de casa, Crianza, Familia

Rutinas de verano

Con el cambio horario el Papá Oso y yo hemos tenido que ir adaptando las rutinas del peque a las tardes cada día más largas.  Antes el baño empezaba sobre las 8, para cenar a eso de las 9 y de ahí casi siempre directos a la cama, porque con el biberón de la cena cae rendido. Ahora tratamos de que la merienda sea un poco más ‘fuerte’ para que aguante hasta más tarde. Hoy el baño se ha retrasado hasta las 9 porque yo andaba en la cocina haciendo brownies, y no ha cenado hasta las 9,30. Como ha merendado tarde y además se ha zampado dos galletas ha llegado sin rechistar. Además así tenemos más tiempo para jugar en el parque y montar en los columpios.

Soy muy insistente con toda la familia en la importancia de las rutinas en el bebé. Le dan seguridad porque sabe qué es lo que viene a continuación, le permiten anticiparse a la jugada y aprender de ello. Sin embargo también es necesario adaptarse a las situaciones tal y como vienen, y los niños no son  de cristal, no les pasa nada si sales a cenar con ellos y se quedan dormidos en la silla, si madrugan porque tienes que ir al médico temprano o si no se bañan porque a mamá no le ha dado tiempo mientras terminaba la segunda tanda de magdalenas.

Alimentación, Crianza, Familia

El peque y la familia

Mis padres, mis suegros y mis cuñados viven bastante cerca de nuestra casa, y aunque unos trabajan, otros estudian y mis padres son mayores, todos tienen a diario una especie de horario de visitas  planificado que me obliga a tener la casa lista para revista todo el día. Pero ese no el el problema, bueno es uno de ellos pero no es el que venía a contaros. El problema es que cada cual con su ilusión quiere sacar al peque a dar un paseo, al parque, darle gusanitos, galletas, jugar con él o dormirlo, según el día, pero a veces, muy a menudo, esas ilusiones chocan con la realidad y la rutina del bicho. No es cuestión de llevarle con unas rutinas más rígidas que en el ejercito, pero no puede pasarse el día entero en la calle, ni comer pan justo después del postre, ni merendar tres veces porque ¡déjalo, mira que gracioso!

Nosotros, más yo que Papá Oso, porque yo soy más dramática para estas cosas, intento que no se pasen, pero a ver quien es el guapo que les dice que no, que tal cosa no puede ser, sin que me miren como si fuera una exagerada. Qué fácil es todo cuando el papel de malo le toca a otro.

Además al final sin querer o queriendo un poco acabo cambiando yo mis costumbres para que me encajen con sus manías, porque si salgo por la mañana a hacer la compra y así darle un paseo al peque, luego viene su abuelo por la tarde y ¡hala! otra vez a la calle. Y así ni siesta ni ná de ná. ¿Qué hago? Pasamos la mañana en casa jugando en la alfombra y que salga por la tarde después de la merienda. Y me paso la vida diciéndoles a los demás que eso no pueden y que tal cosa tampoco y dando más explicaciones que una maestra. Pero con buena cara, no sea que parezca un ogro, porque por lo menos preguntan antes de hacer cualquier cosa, que no es poco.

Por suerte todo tiene su lado bueno, y es que pese a que a veces me estreso por la falta de costumbre de tener a tanta familia cerca, me alegro mucho de que mi hijo sí vaya a estar acostumbrado a eso, que nunca le vaya a faltar el apoyo de los suyos. Y por mi parte, me da seguridad saber que si necesito algo, tengo a quien acudir, aunque me cueste darme cuenta, porque no es algo que me haya ocurrido antes.

Todo tiene dos caras ¿no?