Cosas de casa, Crianza, Familia

No es lo mismo criar al primero que al segundo…

Vaya tres…

… que al tercero, e imagino que seguirá así la cosa. Aunque tengo que admitir que yo siempre he sido más bien despreocupada, ni siquiera con el primero me ponía nerviosa a menudo, pero es cierto que la despreocupación ha ido aumentando con los siguientes niños. Os pongo ejemplos:

  • Esterilizar tetinas, chupetes, etc. Como buena madre primeriza uno de los primeros trastos que coloqué en mi cocina cuando llegué del hospital fue el esterilizador. Los primeros meses metía las tetinas y chupetes después de cada toma. Unos meses después era sólo a veces, otras veces los lavaba en agua caliente del grifo. Con el mediano como no tomó biberón hasta pasados los seis meses ya lo veía yo grande para esterilizar nada. Ni saqué el cacharro ese del trastero. Y con el pequeño bien es verdad que no ha querido biberón, pero ni se me pasó por la cabeza esterilizar los chupetes las veces contadas que los quiso. Si caían al suelo, un poco de agua del grifo y listos.
  • La alimentación complementaria. Tenía el calendario de lo que tocaba incorporar cada mes pegado en la puerta del frigo y procuraba hacer los purés caseros. Con el mediano ya me sabía más o menos los meses y tiré muchísimo de potitos comprados, sobre todo por no hacer dos comidas diferentes a diario para el mayor y para él. El pequeño ha ido comiendo de lo que le ha dado la gana, se puede decir que hemos hecho blw pero la verdad es que nunca jamás le he triturado nada porque comía y come de lo mismo que el resto de la familia.
  • Horarios. El primero (pobre mío) tuvo menos libertad que sus hermanos en esto. O puedo pensar que tenía la vida más organizada, según se mire. Tenía su hora de almorzar, de comer, de merendar y cenar. Su hora del baño y de dormir. Con el segundo la cosa se fue torciendo y la hora de comer se adaptó a la de su hermano mayor cuando volvía de la guarde. La de cenar se fue alargando. El baño enseguida fue juntos. El pequeño vive en la anarquía. Feliz y sin rutinas de ningún tipo. El pobre sólo sufriría por madrugar a la hora que los mayores se van al cole pero él es así de rebelde y se despierta el primero en esta santa casa. También se acuesta el último.

Podría seguir así hasta el infinito, pero la conclusión es que soy mucho más permisiva ahora que cuando sólo era madre de uno. No sé si es la experiencia o el cansancio, porque de las dos cosas tengo más. Quizá también influye el carácter de niño, mi mayor era y sigue siendo un bendito mientras que el pequeño es un alma indomable.

Las que tenéis más de un hijo ¿os ha pasado lo mismo?

Besos y abrazos

Cosas de casa, Crianza, Familia

Así es nuestra rutina del día a día

Buenos días!! 

Hay una cosa que siempre me pregunto cuando leo o veo vlogs de otras madres, y es cómo se organizan en su día a día. Será porque yo soy bastante desastre y me pica la curiosidad saber si soy la única. Así que aunque tengo cinco o seis post en borrador, algunos sólo a falta de unas fotos ilustrativas, he decidido que hoy os voy a contar cómo me las voy apañando yo con mis tres fieras, mi casa, mi carrera y el pobre de Papá Oso que al final es el último en la lista. Por cierto, antes de empezar os adelanto que estoy esforzándome en dar más vidilla a la cuenta de Twitter y de Instagram porque en mis planes a corto-medio plazo está el lanzarme al mundo youtuber y cuento por supuesto con vuestro apoyo.

En mi casa somos muy rutinarios, funcionamos con un horario para todo y si lo rompemos ya vamos perdidos todo el día, en especial mis hijos.
En mi casa somos muy rutinarios, funcionamos con un horario para todo y si lo rompemos ya vamos perdidos todo el día

A lo que iba. Mis días, laborables o no porque al final los fines de semana me acabo levantando igual, empiezan con el agradable sonido de la alarma de móvil a las 7 a.m. En realidad empiezan antes, pero eso os lo cuento más adelante. Digamos que a las siete es cuando comienzo oficialmente tomándome un café con leche laaargo y lo que sea que pille en la despensa. Guillermo no tiene horarios establecidos porque aunque come cada dos horas nunca es cien por cien fiable así que todo va en función de sus deseos, al menos de momento. Alrededor de las siete y veinte se va Papá Oso y yo o bien dejo al peque en el carro o me lo llevo en la hamaca al baño y me ducho y me arreglo. A veces toca lavarse el pelo con el peque llorando, es lo que hay. A las ocho levanto a los otros dos (ya les he preparado sus vasos de leche) y los pobres se arrastran al salón a ver la tele. Los visto, reconozco que casi nunca tengo la ropa preparada la noche antes y eso me cuesta correr, abrir cajones, dar vueltas innecesarias etc. Se lavan los dientes, los peino, preparo las mochilas con su almuerzo. Si Guille está dormido me lo llevo en pijama, si no le cambio el pañal y lo visto. Para no ir con la lengua fuera tenemos que salir de casa antes de menos cuarto. El cole y la guarde están al final de una graaaaan cuesta arriba. El orden para dejarlos depende de como vayamos de tiempo ya que en la guarde no hay horario y en el cole obviamente sí.

A partir de aquí las mañanas dependen del día. Hay días que toca limpieza, doblar ropa, pasar por el súper… o como ayer que tocó ir de compras, ropa de temporada para mí y para ellos. En el tema comida a mí me gusta cocinar así que siempre me complico de más. A mis hijos les gustan sobre todo los guisos y yo no soy muy de fritos. De momento el peque está en modo koala y me deja pocos ratos para hacer nada, así que todo lo intento en los intervalos entre teta y teta, porque dormir duerme poco.

Dos menos cuarto, vuelta a la cuesta a recoger a los peques. Ellos comen antes y para cuando terminan a llegado el papi, se van a ver un ratito de dibus y comemos nosotros. Recogemos la cocina, café, algunas veces alguno se duerme la siesta pero el mayor siempre resiste.

Ya os he dicho que soy muy desastre así que las tardes tampoco tienen ninguna estructura, dependen de las necesidades del momento. Los peques se van a jugar y los demás… a lo que toque. ¿Cuándo estudio? Cuando puedo y me dejan. Tengo entregas los lunes que al final siempre hago los domingos con muchas prisas y más agobios. Los viernes el mayor va al fútbol y después nos quedamos en el parque.

Alrededor de las ocho y con la ayuda casi siempre de los abuelos o los padrinos que a esas horas vienen de visita nos vamos a la bañera, preparo cenas y si todo ha ido bien vemos un trocito de alguna peli de animación hasta como muy tarde las diez que los acompaño a la cama. Lo habitual a partir de aquí es que los deje dormidos a y media y yo esté para el arrastre. Me tomo mi leche fría con colacao, le doy la última tetada a Guille en la cama y caigo como un tronco deseando haber hecho algo para mí, lo que fuese. Hoy tengo la suerte de que guille se ha dormido y por eso podéis comprobar que el post es mucho más largo de lo habitual.

De noche el peque también come cada dos horas y sin saber porqué alrededor de las cinco deja de tener sueño y son muchos los días que me toca acostarme con él en el sofá para que aguante hasta las siete. Necesita brazos, contacto.

Tengo la gran suerte de no estar trabajando y no lo cambiaría por nada. Soy feliz así. Estoy estudiando y quiero trabajar de ello más adelante, es verdad, pero ahora mismo me siento bien con lo que hago cada día. Y admiro a quien además tiene que pasar ocho horas fuera de casa.

¿Me contáis vuestra rutina diaria?

Besos y abrazos.

 

Cosas de casa, Crianza

La hora de dormir

mickeyEl tema de irse a dormir es peliagudo en la mayoría de las casas con niños pequeños, eso es innegable. Los hay que son dormilones y caen rendidos enseguida y los hay que luchan contra su propio sueño, el de sus padres y la paciencia de todo el que intenta meterlos en una cama.

El mío es de los que prefieren jugar hasta que clava la cabeza encima de los dinosaurios, por eso su padre y yo hemos probado montones de trucos y parece que, al fin, hemos dado con la clave.

A Joaquín (como a todos creo) le encanta ver dibujos animados. Y desde hace tiempo por las noches, después de cenar, le ponemos un par de capítulos de alguna serie de dibujos tipo Caillou o Mickey Mouse antes de dormir con la condición de que cuando se terminen nos vamos a la cama. Se lo aviso cuando se los pongo y efectivamente cuando se acaban él ya sabe lo que va a pasar, no le sorprende y aunque a veces remolonea un poco, lo acepta. A esta edad son muy rutinarios y durante una época también funcionó el leerle un cuento antes de dormir. Era pipí, meterse en la cama, cuento, apagar la luz y a dormir. Si fallaba algo en la ecuación entonces no se dormía.

Hasta hoy no se me había ocurrido probarlo con la siesta. Es un momento más delicado porque después de comer se pone a jugar con su hermano al que no ha visto en toda la mañana y claro, cuando le corto el juego para llevármelo a la cama, lo que me he llevado más de una vez han sido un par de patadas y bastantes gritos y llantos. Hoy tras un ratito corto de juego le he anticipado lo que íbamos a hacer: nos acostamos en el sofá, vemos un capítulo de Mickey y después a dormir. Lo ha entendido tan bien que al subir al sofá me ha pedido que le quitase los zapatos y le tapase con una manta. Se lo veía venir y así ha sido. No sé cuando se habrá dormido pero mientras comíamos su padre y yo han terminado los dibujos y ha empezado la siesta. Sin llantos ni peleas, sin pedir más dibujos porque ya habíamos pactado lo que tenía que pasar.

Sé que hay mucha controversia sobre si los niños ven mucha televisión pero oye, que si 15 minutos me aseguran que se acuesta sin patalear, benditos sean.

¿Cómo llevan vuestros hijos el momento de irse a la cama?

Besos y abrazos.

PD: ahora leo que no recomiendan la siesta a mayores de 2 años…. pues no será el mío, que si no duerme a las 7 de la tarde está para el arrastre (y a ver quién lo aguanta).

Crianza, Familia

Septiembre, año nuevo

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Para mí el año no empieza en enero, digan lo que digan los calendarios. Para mí el año empieza en septiembre, con el comienzo del curso escolar, la operación retorno y el fin de las vacaciones, aunque en esta casa precisamente es en septiembre cuando cogemos vacaciones (chollo que se nos termina este año, dicho sea de paso).

Pero además es que este septiembre es especial. Mi fiera mayor empieza nuevo curso en la guardería, el curso de los mayores, en el que irán de excursión y tendrán fiestas de disfraces y, en junio, una graduación. Y lo empieza a lo grande, como el niño mayor en el que se está convirtiendo sin que sus padres nos demos apenas cuenta. Lo empieza sin pañales. Sí, señoras y señores, este día 1 de septiembre doy por finalizada de forma oficial la ‘operación pañal‘. En la práctica lleva terminada ya más de una semana, pero como la comenzamos el primer día de agosto qué menos que darnos un mes de margen para afianzarla, para asegurarnos de que en ningún momento volveremos para atrás cual cangrejo.

Tengo que confesar que el primer día pensé que no, que nos habíamos precipitado, que mejor volverle a poner el pañal y esperar al verano que viene. El segundo día también. Y alguno de esa semana. Pero aguantamos estoicamente y, al final, he de reconocer que ha resultado tan fácil que me cuesta creérmelo.

NO tengo trucos y consejos que dar al respecto. No sé si lo hemos hecho ‘bien’ o no pero ha funcionado que es lo importante. Y no, no es muy pequeño aunque tenga dos años.

La decisión no fue por comodidad, ni porque es verano y parece que toca quitar los pañales. Fue porque él así nos lo hizo ver, porque incluso llevando pañal nos decía cuando tenía caca y como un juego lo llevábamos al baño. A veces daba tiempo y hacía caca sentado en su reductor, uno que por cierto me costó 15 euracos y que, si lo llego a saber, le compro el de Ikea de cuatro euros y tan felices. Después me llegaron muchos comentarios sobre el tema y todos me decían que avisar cuando tienen caca es más complicado que en el caso del pipí. Y a día de hoy aun no entiendo porqué ni si realmente eso es así, pero en vista de que parecía que teníamos ya cierto terreno ganado, un sábado que no teníamos nada que hacer ni planes para salir pensé ‘hala, pues lo dejo en pelotas por casa, a ver qué ocurre’. Y ocurrió lo lógico, que fui fregona en mano tras él secando charquitos durante todo el día. A cada pipí, que él avisaba mientras lo veía caer, lo llevaba al baño, lo sentaba y le explicaba que el pipí se hacía allí, sin reprimendas ni gritos.

Segundo día, domingo. Más de lo mismo. De echo salió de paseo por la mañana y lo hizo con pañal porque no iba conmigo y no quería que la liase en el coche de su padrino. Pero por la tarde se lo quité y en el parque todo fue de maravilla. Nada de pipí. A la mañana siguiente el pañal de la noche amaneció seco. Y así toda la semana, una semana que además se complicó con una diarrea que, si bien no supuso problema porque seguía avisando la caca, sí que nos supuso un par de sustos cuando al pobre, aun avisando, no le daba tiempo de llegar al water. Al tercer o cuarto pañal seco al amanecer, quité el pañal de la noche. Así, sin miedo. Total, si se moja hay un protector en el colchón, el daño será levantase a cambiar la ropa y las sabanas. Es asumible ese riesgo. Y fue bien.

Hoy, un mes después, hemos sufrido solo un pipí nocturno que no fue escape sino más bien un cabreo monumental qque decidió rematar con un chorrazo, un cumpleaños en el que le cambié cuatro veces de ropa (demasiada diversión para detenerse a pensar en avisar) y sobre todo mucho orgullo por él, por lo bien que lo está haciendo y qué leches, por nosotros, que hemos esperado y entendido cuando era su momento.

Así esta mañana mi peque ya no tan peque se ha ido con sus nuevos calzoncillos de Rayo Mcqueen tan feliz a su nueva clase en la guardería, y aquí su mamá se ha quedado ultimando los detalles para su también nuevo curso escolar, que espero que me vaya tan bien como sé que le irá a él.

¡Feliz lunes!

PD: soy de esas personas raras a las que nos gusta más este mes que el de agosto así que ¡feliz septiembre!

Crianza, Pareja

Malas costumbres

¡Ayy la de veces que me he tenido que morder la lengua en estos dos años de maternidad! Porque hay gente, te conozca mucho poco o nada, que te ve con un bebé en brazos y debe pensar “pobre, seguro que no sabe que hacer, voy a enseñarle a criar y educar a sus hijos”. Y es cierto, cuando te ponen a esa cosita llorona y rosadita en brazos no tienes ni puñetera idea de cómo vais a sobrevivir todos en casa, pero poco a poco, día a día, la cosa marcha. Se agradecen los consejos sobre todo si se han pedido, pero hay veces, muchas veces, que una se queda con las ganas de soltar cuatro frescas y quedarse tan ancha.

colecho

No hay madre primeriza en el mundo a la que no le hayan dicho alguna vez eso de que los bebés se acostumbran a los brazos si los coges mucho. Vaya, sí que son listos. Tantas veces me lo dijeron, porque lo he llevado en brazos todo lo que he querido y más, que al final me cabreaba y les preguntaba si ellas dejaban a sus hijos en el suelo cuando lloraban. No ¿verdad? Pues eso. Hoy en día mi hijo es cariñoso pero hace meses, muchos meses, que dejamos guardada en el garaje la silla de paseo, porque le gusta caminar. No va en brazos, qué raro.

Recuerdo que la primera vez que le explique al papi que eso de dormir con el peque en nuestra cama estaba ‘de moda’ y que se llamaba colecho me miró como si le acabara de insultar en japonés. No fue premeditado sino fruto de las circunstancias, de una lactancia que no funcionaba y un niño con el síndrome de la ‘cuna con pinchos’. Y muchísimo sueño. Todos dormíamos juntos y, sobre todo, felices. La semana pasada cumplió dos años y hasta hace un par de meses no tenía ni cama propia. Total no la iba a usar, así tenía mas sitio para jugar en su habitación. Sin embargo son ya tres las noches que duerme del tirón en su nueva cama de mayor. Sin llantos, sin peleas, sólo le acompañamos para que se quede dormido tranquilo y nada más. Si se despierta y viene a mi cama como ha asado varias veces pues estupendo. A su ritmo se irá adaptando a la nueva rutina. Negra me ponía cada vez que alguien me preguntaba donde dormía y al responderle la verdad me ponían caras o me soltaban el consabido ‘ya verás para sacarlo de tu cama’.

A mi hijo mayor y ahora al pequeño los estamos mal acostumbrando a muchas cosas: a que estamos ahí cuando nos necesitan, a que nunca se sientan solos, a abrazarlos y darles millones de besos, a despertarnos todos juntos en la misma cama. Somos así de inconscientes. Pero oye, felices a rabiar, eso también.

 

Cosas de casa, Crianza

De los errores también se aprende… o eso dicen

Una de las mayores lecciones de la maternidad es que te vas a equivocar, y mucho. Y que tienes que asumirlo o te vas a volver loca. La maternidad implica tomar infinidad de decisiones sobre cosas que hasta que nació tu bebé eran totalmente desconocidas para ti ¿colecho? ¿lactancia a demanda? ¿y eso qué es? Así miles y miles de dudas te asaltan a cada paso, y nunca sabes si has elegido bien hasta que ves las consecuencias.

dudas

Confieso que se me da muy mal decidir, soy de esas personas que siempre creen que, elijan lo que elijan,  se están equivocando. Ninguna opción me parece nunca la adecuada y claro, así no hay quien viva, o al menos no quien lo haga siendo feliz y sin dolores de cabeza. Inseguridad creo que le llaman.

Cuando tuvimos que dejar la lactancia materna y pasarnos al biberón, me sentí culpable, a pesar de tener razones médicas que me obligaron a ello. Con el colecho aun hoy, 19 meses después, sufro recaídas al escuchar los típicos comentarios sobre el tema. Si no quiere comer no sé si hago bien en darle otra cosa o hago mejor en dejarle que no coma nada; si no quiere dormir, más de lo mismo.

Y hace un par de semanas se me ocurrió que era el momento de llevar al peque a la guardería para que no pasase toda la mañana en casa conmigo. Me pareció buena idea, porque he de decir que además de insegura soy impulsiva. El coctel perfecto. Yo tendría más tiempo para mí (que al final sería para hacer cosas en casa y que, a la postre, no está siendo para nada de nada) y él pasaría de perseguirme por el pasillo a jugar, pintar y cantar. Sonaba idílico. Pero en los papeles que firmé no ponía nada de periodo de adaptación. Más palabrejas desconocidas. Los primeros días, sería la novedad, fueron bastante bien. Ya me las pintaba yo muy felices cuando la cosa tornó en tardes que se acercan a lo que debe ser el apocalipsis. Llantos sin tón ni són, un niño-lapa que no me deja ni ir al baño, más llantos, ninguna gana de comer ni de dormir siesta, llantos de nuevo, enfados por todo y, en mi cabeza taladrada por la migraña, la sensación de que todo ese calvario no vale la pena. Si será cosa de dejar que pase el tiempo, no lo dudo. Pero que nadie olvide que a esta situación he de añadir mis hormonas de embarazo de seis meses.

Me toca esperar a ver qué pasa, más que nada porque el mes está pagado y no está el patio para ir tirando los euros, pero empiezo a pensar que esto de hacer ‘lo que hay que hacer’ porque en nuestra cabeza nos han metido que es lo mejor… no lo veo ya tan claro.

Alimentación, Crianza, Embarazo, Salud

Cambios de rutinas: el bebé se hace mayor

Hoy vengo con la señal de SOS encendida en busca de esa infinita sabiduría que sé que ronda por estos lares.

Ya comenté aquí que mi peque es un niño muy rutinario, cosas como la hora de comer o la siesta las hace siempre a la misma hora, y si por cualquier cosa ese horario se cambia se le trastoca toda su organización y tarda varios días en volver a actuar con su rutina habitual. Sin embargo desde hace ya un mes las rutinas más importantes en el día a día, la comida y el sueño, están cambiado radicalmente. Y está siendo todo cosa suya, yo le dejo hacer y trato de adaptarme, pero debe ser por mis hormonas embarazadas que me está costando mucho tanto cambio.

Como a la gran mayoría de los niños de entre uno y dos años, la comida ya no les parece tan divertida como antes. Hay cosas que le gustan y que se come de mil amores y hay cosas que ni a tiros. Le dejo comer solo en la medida de lo posible, tratando de pasar por alto las manchas, pero hay cosas que ni por esas. Los potitos por norma general se los sigue comiendo genial, pero hay días, no diré que siempre, en los que se niega a comer nada que no sean patatas fritas y a veces ni eso.

Siempre hay hambre para un bol de gusanitos
Siempre hay hambre para un bol de gusanitos

En el desayuno hemos pasado del biberón de leche con cereales infantiles a un vaso de colacao del de toda la vida tomado con pajita y un poco de pan con mantequilla. Lo mismito que su madre ¿por qué será? 🙂

La comida a mediodía… depende del día. A veces genial, a veces nada de nada, otras veces una cucharada… Cada día una aventura.

La merienda como el desayuno, sin problemas, zumo y galletas.

Y la cena ¡sorpresa! tiene más hambre que un lobo y no ve el momento de dejar de comer, tanto que al final aunque me da pena le tengo que quitar la comida de delante porque se empacha y luego duerme fatal.

Yo lo sé, que es normal, que si no come es porque no tendrá hambre, que le tengo que dejar a su ritmo… pero es que me resulta curioso que la falta de apetito sea siempre a mediodía y que luego llegue a la cena con tanta ansia, que además no es sano. No quiero que se ‘acostumbre’ a ese ritmo de comida y luego no ser capaz de enseñarle a comer a su hora, como hacemos el resto en casa.

Lo del sueño es más bien anecdótico, no me preocupa en absoluto pero igualmente me parece curioso. Antes dormía si o sí una sola siesta antes de comer, a eso de la una había caído. Ahora se duerme más tarde, a las dos o después de comer si es que come, y por suerte duerme un poco más que antes. Pero hay muchos días que la hora de comer le pilla con sueño así que no quiere comer, y como se duerme pues se salta la comida.

Madres 2.0, agradezco cualquier consejo o comentario al respecto.

PD: el embarazo em está nublando un pelín la capacidad de razonar, no me lo tengáis muy en cuenta 😉

Crianza

Horarios

No soy una persona organizada. En casa ninguno lo somos, así que era complicado que le inculcásemos al pequeñajo el más mínimo sentido del orden y lo que significa una rutina. Desde que nació y hasta el día de hoy, se duerme la siesta (y por la noche) cuando le da la gana. Para comer sí que solemos hacerlo a la misma hora, pero no es algo inamovible y, por supuesto, su madre es un desastre en lo que a seguir una dieta equilibrada se refiere. Nunca recuerdo si ha comido pollo dos veces esta semana, o cuántos platos de lentejas de la abuela se ha zampado.

Sin embargo y pese al desastre de familia en el que le está tocando criarse, el peque ha creado él solito unos horarios que cumple casi a rajatabla. Por las mañanas se despierta alrededor de las 9 salvo casos excepcionales como que esté malito. Absolutamente todas las mañanas se baja de la cama, me coge de la mano y me lleva a la cocina, y en cuanto ve su biberón preparado se va al salón y se sienta en su sitio del sofá a desayunar. A media mañana toca siesta, siempre sobre las 12:30. A las dos ya está pidiendo la comida.

Por la tarde los abuelos vienen a llevarlo al parque casi todos los días a la misma hora (cuándo termina El secreto de Puente Viejo jajaja) y en cuánto regresan ya sabe que toca baño. Mientras lo seco ya está pidiendo la cena. Y entre las 10:30 y las 11, previo biberón de leche calentita, se queda frito.

Incluso es rutinario para hacer caca. Los cambios de pañal ineludibles son después de desayunar y después de comer. Y eso si estamos en casa, que si está fuera se le cambian los horarios y ya ni tiene hambre ni hace caca ni duerme ni nada.

Es un bicho de rutinas, está claro. Pero a mí a veces me asaltan las dudas y pienso si no sería más normal que tuviera su hora de siesta después de comer, cómo la mayoría de niños a los que sus padres dejan en la cama y se duermen. No concibo cómo haría eso con el peque, la verdad. Quizá lo estemos haciendo mal pero tiendo a pensar que uno, sea pequeño  o grande, duerme si tiene sueño y se despierta cuando ya no lo tiene (salvo que tengas que irte a trabajar), por eso no alcanzo a entender qué beneficio tendría entonces acostarle a dormir cuándo nosotros consideremos adecuado o despertarle de la siesta porque ya ha dormido mucho. Estoy abierta a vuestras opiniones/aclaraciones/explicaciones.

¿Vuestros hijos también tienen sus propios horarios? Anda, contadme.

Familia, Viajes

Volvemos a la carga

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Quien diga que los que no trabajamos fuera de casa no necesitamos vacaciones se merece una colleja de las gordas.  Esta semana, en la que los que me seguís habéis podido comprobar que he estado totalmente out, ha sido un adelanto, un paréntesis casi obligado, porque no doy para más. Papá Oso no tiene vacaciones hasta septiembre, así que en este mes de infinito calor en el que las calles de Lorca parecen las de un pueblo fantasma los pobres sin casa junto al mar aprovechamos los fines de semana y las tardes para huir en busca de tierras menos asfixiantes. Lo malo es que la rutina en sí misma no cambia. Los  mismos madrugones por las mañanas, comer a la misma hora para que papá se vaya a trabajar por la tarde… Cualquier ama de casa me entiende cuando digo que necesito vacaciones del día a día, de los recados en el súper, de cocinar, de poner lavadoras, de esta reforma que no termina porque aún ni ha empezado….

Entre esta tarde y mañana terminaré el resumen fotográfico de los miniviajes de esta semana, un finde en Caravaca de la Cruz con toda la familia, un plan rural que por cierto recomiendo mucho para niños de la edad de mi fiera, y un día de playa, además de excursiones al parque (a la sombra y sin más niños con los que jugar).

Tengo además a medias un post con mi nueva afición (que para eso tengo tiempo libre, como dice mi cuñada) la costura. Sí, soy el colmo de los tópicos de ama de casa y madre, me gusta cocinar y ahora intento aprender a coser. Porque ya estoy casada que si no sería un partidazo 😀

Y más cosas, pero esas no os las cuento que si no luego ya no os sorprendo. Yo, al contrario que la inmensa mayoría de la población española, sigo al pie de cañón en agosto.  Y perdón por no dar señales de vida estos días pasados, pero a veces se hace imprescindible desconectar para recargar pilas.

PD: La fotografía en el inicio del puente de las 7 millas en la famosa carretera de los Cayos de Florida, de nuestro viaje de novios. Me da sensación de libertad, de cosas por venir.

Crianza, Familia, Viajes

Niños ‘todoterreno’

Visita a la Catedral de Toledo

Desde que nació mi bicho nunca ha tenido problemas para adaptarse a las más diversas situaciones. Con más o menos ayuda se duerme en dónde le pille, no le importa comer potitos comprados o comida casera (de hecho come de todo y mucho), le he cambiado el pañal en los lugares más insospechados y nunca ha pasado por esa fase de extrañar a los desconocidos. Es lo que yo llamo un niño todoterreno. No hay nada que le rodee que le impida estar a gusto.

Sé sin embargo que esto no es lo habitual. Sé que los niños normalmente no están a gusto con extraños y menos si no están cerca sus padres, sé que se ponen más nerviosos fuera de su ambiente habitual, que comen peor, duermen peor  si no es en su cama…

Y entonces me pregunto si los niños todoterreno ¿nace o se hacen?

El peque ha sido así desde que nació, pero es cierto que ha estado siempre rodeado de mucha gente, ve a sus abuelos y a sus padrinos a diario, hizo su primer viaje con sólo cinco meses (más de 400 kilómetros de coche ida y vuelta), y nosotros nunca hemos tenido miedo de llevarlo a todas partes y adaptarnos a lo que nos fuese pidiendo el día. El dormir fuera lo hace más fácil el colecho, para qué negarlo. Y las comidas… no sabría decir si es sólo porque él es así o porque nunca le hemos forzado a comer, a pesar de qué a veces, si no quería desayunar o merendar, no faltaba quien nos dijese que eso no podía ser, que tenía que comer sí o sí. Menos mal que no hemos hecho caso. Tampoco nos ha importado incorporarle a cualquier plan aunque a priori no pareciese cómodo para hacerlo con un bebé. Siempre hay quien te dice que con niños no se puede viajar, que no puedes ver nada, que es un lío porque tienes que llevar mil cosas… Claro, al final no sé si el niño lo llevará bien o no, pero si los padres van con ese ánimo no lo van a disfrutar, eso seguro.

¿Será entonces que todos los niños son así, y son los padres los que no son nada todoterreno?

¿Cómo son vuestros hijos, se adaptan fácilmente a lo que les viene o les cuesta salir de su rutina?

PD: en la imagen el bicho y aquí la que escribe visitando la Catedral de Toledo. Sí, logramos verla y escuchar enterita la audioguía, aunque reconozco que sufrimos un pequeño susto cuando al personaje se le ocurrió intentar huir hacia el altar a gatas. Hay que tomárselo con humor… y mucha paciencia.