Sé la madre que sabes ser

Me encantan estos ratitos de tranquilidad, aunque sea viendo la tele

Parece sencillo, pero a menudo no lo es tanto. Cuando eres madre pasas por momentos de culpa (esa eterna compañera de la maternidad) en los que nadie lo hace peor que tu, y por momentos de grandeza, en los que las demás se equivocan en su comportamiento y eres tu quien tiene toda la razón. Ninguno de los dos son ciertos al cien por cien. No hay modelos de madre (ni de mujer) equivocados. No hay madres mejores o peores. Toda hacemos lo que podemos con nuestra mejor intención, todas queremos a nuestros hijos por encima de cualquier cosa. Quizá muchas veces estamos equivocadas y deberíamos saber aceptar un consejo siempre que sea con intención de ayudar y no de criticar. La maternidad no es una competición por ver quien duerme menos o quien come más.

El esfuerzo, la paciencia, la constancia… son cualidades que varían de unas personas a otras. Quizás a mí me resulte más sencillo estar noches sin dormir y tu seas capaz de no gritarles en todo el día, cosa que yo aún no he conseguido.

Yo tengo mi opinión sobre lo que considero mejor o peor a la hora de educar y criar a un niño, pero la aplico en mi casa y en mi vida, y me esfuerzo en no hacerlo en la de los demás. Opinar y caer en la crítica es fácil, pero cada vez nos alejamos más de esa tribu que permitía criar en sociedad, entre todos, porque si alguien reñía a un niño lo hacía con buena intención, no para darse la vuelta y hablar mal de como lo están educando en su casa.

Desde mi punto de vista sólo hay una cosa que todas debemos compartir, y es la responsabilidad. Porque nosotras hemos decidido traer a nuestros hijos a este mundo cada día más loco y es nuestro deber enseñarles el camino para que crezcan siendo las personas que queremos que sean. Elige cómo quieres hacer las cosas, puede que nos equivoquemos (mucho) pero aprendemos y seguimos adelante. En esto de criar somos maestras y alumnas, a veces los niños nos enseñan más que nosotras a ellos, pero eso para mí es la mejor parte porque significa que lo estoy haciendo bien, que me hacen estar orgullosa.

Sabemos hacerlo, sólo que a veces nos falta creer en nosotras.

 

 

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¿Hemos perdido los padres el control sobre nuestros hijos?

Vinilo vía Pinterest

Vinilo vía Pinterest

Porque son nuestra responsabilidad y por tanto tenemos que controlar lo que hacen ¿o no? ¿O es que nos hemos vuelto tan modernos, tan defensores de su libertad y el ‘dejarles ser niños’ que todo lo que suena a disciplina nos da alergia? Creo, y no es más que mi opinión de madre, que los niños necesitan normas. Así de sencillo. No es coartar su creatividad ni su forma de ser, no es condicionarles ni cortarles las alas, es ayudarles a vivir en sociedad. Porque ellos no saben, porque los niños y los mayores somos egoístas, envidiosos y cobardes, pero también son valientes y generosos cuando se les enseña a ponerse en el lugar del otro, a ser conscientes del efecto y las consecuencias de sus actos, en definitiva a ser personas responsables.

Me resulta curiosos y un tanto preocupante ver cómo padres que han cargado siempre con las responsabilidades de sus hijos, que se han ocupado de ser sus agendas, de hacerles los deberes murmurando sobre sus hombros la respuesta correcta, que les han defendido tuvieran razón o no, que les han permitido ser desordenados, maleducados y respondones porque oye, son niños, ahora vengan sorprendidos porque esos niños han crecido y ya no saben qué hacer con ellos. Claro, es que una salida de tono con cinco años quizá te pueda parecer graciosa (a mí no, la verdad) pero conforme pasan los años la cosa va volviéndose más fea y con quince años a ver cómo le pides que te respete si nunca en su vida le has explicado lo que es el respeto.

En mi casa hay normas, deberes y derechos, para todos. Las cosas no se piden ordenando y en la calle se dice por favor y gracias. A la gente se la trata con respeto, las cosas se comparten porque jugar solos es más aburrido, no se pega y si alguien lo hace se avisa a quien pueda evitarlo. Hay cosas, la mayoría, que pueden decidirse entre todos hablando y llegando a un acuerdo, pero hay otras que las deciden papá y mamá, y punto, es lo que hay. Su papel es discutir y el nuestro decir hasta dónde se puede llegar. Mi mayor tiene cuatro años y sí, todo eso funciona. Pero cansa más que simplemente dejarlos e ir detrás solucionando sus problemas y esperar que mágicamente, cuando crezcan, sepan comportarse.

Quizá os parezca que somos exagerados, exigentes, estrictos. Yo no lo creo.

Besos y abrazos.