Habitación para tres hermanos

O como meter a tres fieras en un mismo dormitorio y no morir en el intento.

Desde que supimos que el pequeño era otro niño tuvimos muy claro que iban a dormir los tres en la misma habitación. Mi casa no es grande y, aunque tengo otra habitación, la uso de despacho/habitación de la plancha/sala de manualidades. Vamos, que la necesito.

¿Caben tres niños y todas sus cosas en una habitación de tamaño normal? La respuesta es SÍ, pero para llegar hasta esta afirmación he movido los muebles decenas de veces en un tetris que parecía no tener fin. De momento parece que he encontrado la disposición adecuada.

Lo primero y más obvio, las camas normales no valen. Una litera por lo menos. Valoré la litera triple pero no veía yo a mi mayor ahí tan alto dentro de unos años, y no valen como para cambiarlas cada dos por tres. Aquí hago un inciso para explicaros que todo el mobiliario de mis monetes es de Ikea. Hay cosas más chulas en otras tiendas, y con mejor relación calidad-precio, pero mis hijos son de los que pintan, dan golpes… digamos que son poco cuidadosos. La idea de comprarles muebles más caros y ver cómo aparecen con pequeñas marcas porque los han golpeado con las patas del tiranosaurio rex me apetecía poco. A lo que iba, los mayores duermen en una litera y el pequeño tiene preparada su mini cama para cuando quiera dejarme descansar dejar la cuna.

Los armarios para mí fueron un gran acierto. Cuando reformamos la casa quité los armarios empotrados porque de nunca me han gustado, así que como tenía opción de elegir les montamos a los peques tres armarios exactamente iguales. Caben justos, la verdad, porque medio tapan el interruptor de la luz, pero es lo que hay. La organización de la ropa así me resulta muy práctica porque los tres los tengo con el mismo sistema. Unos cestos dentro para calcetines, zapatos y accesorios varios, primer cajón de ropa interior y pijamas, segundo de camisetas, tercero de sudaderas/jerseys y cuarto de pantalones. Y aquí hago otro paréntesis. En un post próximo os cuento lo maravilloso que es guardar la ropa con el método Konmari (buscad en internet mientras) o siguiendo las indicaciones de Alicia de Orden y limpieza en casa. No sólo porque caben más cosas en un mismo cajón, sino porque te vas dando cuenta de que necesitan muchísimas menos cosas de las que tienes. Ahora mismo aprovechando el verano estoy revisando para dejar todos los armarios con las reglas del armario cápsula o proyecto 333. Pero bueno, que os estoy adelantando muchas cosas y luego cuando las publique ¡ya las conoceréis todas! Lo que quería deciros es que el espacio es limitado y por tanto es importante tener lo necesario, nada de acumular.

Esa regla vale también para los juguetes y los libros. Ya he cambiado tres veces de estantería porque no nos caben más cuentos. Incluso los que son más ‘de mayores’ o más delicados (los pop-up por ejemplo) me los he llevado al salón. Aprovecho el espacio bajo la cama con un DIY genial para guardar juguetes: son dos cajones de un armario que no uso. Les pegué fieltro en la base para que no arañen el suelo a espera de acordarme de comprarles ruedas y de momento van muy bien. La estantería sobre la cama del mayor es la antigua para libros pero colgada en horizontal. Sin más.

¿Mi truco para ordenar los juguetes? Cada cosa tiene su sitio y, lo más importante, de nuevo no acumular demasiado. Es imposible no tener muchísimos juguetes con tres niños, lo sé. Pero cuando se acerca Navidad o algún cumpleaños me siento una tarde con ellos en su habitación y revisamos todo para ver qué cosas ya no usan y las damos a una ONG. Parece difícil pero cuando se lo explicas ellos mismo van metiendo cosas en la caja y no os podéis creer la de juguetes que sobran.

No creo que me deje nada en el tintero porque ¡madre mía que largo me ha quedado esto!

Espero que a las que os planteáis poner a los hermanos a dormir juntos os sirva de algo y a las mamis de familia numerosa ¡contadme como lo hacéis vosotras!

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El famoso ‘síndrome del nido’

Imagen de chupetesybiberones.es

Imagen de chupetesybiberones.es

Casi todas las madres que conozco admiten haberlo sufrido. Da igual que seas una persona habitualmente ordenada o el mayor desastre del reino (véase mi caso), porque los últimos meses de embarazo te convertiras en una auténtica maniática de la limpieza y el orden.

He leído en vario sitios que se trata de una respuesta de nuestro cuerpo ante la ansiedad de la llegada de un nuevo miembro a la familia, y que se denomina así por su semejanza al trabajo de los pájaros al crear su nido para poner y empollar los futuros huevos. Además supone un aumento de energía y actividad física que nos prepara para el gran esfuerzo que está por venir, el del parto.

No sé si habrá evidencias científicas o no, lo que es cierto es que ocurre y que hay que intentar tomárselo con sentido común. Que no es cuestión de subirse a la escalera para ordenar los altillos con una barriga de ocho meses. En esos casos es preferible pedir ayuda al abnegado padre de la criatura o, si podemos, buscar a alguien que nos eche una mano con las tareas de casa hasta que nazca el retoño.

¿Que cómo sabes si lo estás sufriendo? Es fácil. Si te pasas el día pensando en lavar la ropita nueva del bebé, el preparar su habitación, si de repente te das cuenta de que necesitas limpiar los cristales y necesitas que la casa esté impoluta… sí, bienvenida al club.

Por experiencia propia os digo que la cosa no mejora a pesar de que con el paso de los días cada vez estemos más incómodas y pesadas. Yo, la misma mañana que me puse de parto, entre las primeras contracciones, decidí que el baño estaba muy sucio y me puse a fregar la bañera y los azulejos. ¡Papá Oso todavía se echa las manos a la cabeza cuando lo recuerda! Y ahora, con la casa evidentemente mucho menos ordenada por obra y gracia de mi bicho de 20 meses, parece que el dichoso síndrome me está atacando mucho antes y yo tengo mucha menos energía… o quizá más tareas para la misma energía. Sea como sea, en mi semana 32 ya estoy lavando y guardando pijamitas en la bolsa para el hospital. Quizá lo veáis normal, pero en mi primer embarazo preparé la bolsa en la semana 37 y el peque nació en la 38, vamos que casi casi no llego.

Si sois de naturaleza desordenada como yo, aprovechad para darle un empujoncito a las tareas pendientes pero ojo ¡nada de ansiedad! ¿ok?

¡Besos y abrazos!

¡Cuántas cosas necesita un bebé! Cap.2 : La bañera y el cambiador

Es junto con el cochecito una de las compras más caras de los nuevos padres, y también una de las cosas que más ocupan y a las que se le dan más vueltas. Porque las hay de montones de formas, colores, funciones y precios. Lo primero que tenéis que tener claro es dónde la vais a poner, de cuanto espacio disponéis  Hay dos posibilidades, ponerla en el baño, que es lo habitual, o en la habitación del bebé con una cómoda/cajonera debajo, más habitual es países americanos, del norte y del sur. Tienen sus pros y sus contras, pero para mí si os cabe en el baño es lo más cómodo para llenarla, para vaciarla y porque, si vuestro hijo se dedica a chapotear a lo burro como el mío, es mejor tener que secar sólo el suelo del baño que los muebles de toda la habitación. Igual pasa con el cambiador, yo lo veo más práctico ya que aprovechas que el baño está calentito en invierno (lo normal es que enciendas alguna estufa) para ponerle allí mismo el pijama. Y para el cambio de pañal, si la lía y se mancha hasta los tobillos, que alguna vez pasa, mejor en el baño, creo yo.

Lo que más nos trajo de cabeza a Papá Oso y a mí fue si la queríamos de las normales, con patas y ruedas, o de las que se ponen sobre la bañera. Abajo podéis verlas, porque explicarlo es complicado. Al final optamos por la primera, en color naranja de Micuna, principalmente porque creímos que era más cómoda la posición nuestra a la hora del baño y de vestirlo, teniéndole a la altura de la cintura y de lado, que en la otra opción, que pensamos que nos dolerían los riñones al estar doblados. Será costumbre, pero yo no sé vestir al bicho poniéndolo de frente a mí, tengo que tenerlo de lado, aunque la mayoría de mamis lo hacen al revés según veo cuando los cambiamos en la piscina.

La marca y el precio…. según gustos. La mía la tiene igual una prima que la compró para su mayor, que tiene ya 4 años, y está igual que al principio. Eso sí, hay que cuidarla  nada de dejarla con el agua dentro de un día para otro (pasa alguna vez, que se nos olvida) porque las maderas se estropean y se oxidan los tornillos. Además en mi opinión la bañera es cómoda y segura ya que el bicho se sostiene sentado sin escurrirse desde antes de que pudiera hacerlo en el suelo. Se vacía muy fácil  enganchando una goma que trae al váter y abriendo un tapón para que salga en agua, y el espacio al lado para dejar los botes del gel y la esponja es muy muy útil.

¿Una pega? Compramos una funda de toalla para el cambiador que casi nunca ponemos y, por tanto, del uso los colores del cambiador están muy gastados por el lado más cercano a nosotros y se ve algo feo, no sé si habrá fundas del mismo material como de plástico para sustituirla, tendré que preguntar.

Sólo os faltan varias toallas con capucha, esponjas naturales, juguetes que floten y ¡al agua patos!

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Mamá y ama de casa

Nunca he sido demasiado ordenada. Para ser sinceras y como diría mi madre, toda la vida he sido una dejada. Me gusta tener la casa recogida y limpia, pero soy de esas personas que en cuanto entro por la puerta dejo el bolso en el pomo de la puerta, los zapatos en una esquina, el abrigo sobre una silla… y así con todo, de manera que aunque la casa esté impoluta por la mañana, a media tarde parece una leonera y el trabajo es infinito. Lo peor, que mi marido es igual. Así no nos cunde, la verdad, y con el peque todavía es más complicado porque los trastos que inundan el salón se han multiplicado y el tiempo para recoger es mucho menor. Sigue leyendo