Embarazo

Sí, también es niño

Mi fiera, 20 semanas. Me pasó con mi segundo embarazo, pero ahora está siendo no sé si gracioso o incluso molesto. Todo el mundo cuando ve a una embarazada, la conozca o no, le pregunta el sexo de la criatura. En mi caso, cuando he respondido que niño, me he topado con respuestas de todo tipo. La familia, que deseaban una niña, se lo tomó con resignación. Lo curioso es quienes me conocen a mi y a mis hijos de vista, gente del barrio, que parece compadecerse porque vaya a tener otro varón. “Bueno, pues a por la cuarto a ver si viene la nena.” es la frase que más oigo últimamente, seguida de cerca por “vaya (véase la cara de lástima al decirlo), bueno lo importante es que venga sano.” Y de mi cara de alucine ni hablo porque es que a veces lo dicen con tanta desilusión que no sé ni cómo responderles. Algunas señoras, las más perspicaces, se dan cuenta de que a lo mejor su reacción no ha sido la más adecuada y rectifican hablándome de las numerosas ventajas de que sean tres varones, lo amigos que serán de mayores, etc etc.

Pasando por alto que el deporte nacional es opinar sobre lo que no nos incumbe, bastante tenía ya con los comentarios sobre que vayamos a por el tercero “¡qué valientes!” “madre mía y cómo os la vais a apañar con la casa/coche?”, y los referentes a mi (al parecer) inmensa tripa para todo lo que me queda aún por delante.

No somos ningunos valientes porque lo que tengo en casa son niños, no leones salvajes. Y lástima de mí si tuviera que negarme algo tan maravilloso como un hijo por cosas tan fáciles de solucionar como poner una cama más en la habitación o una silla más en el asiento trasero de mi coche.

Sí, será otro niño, y mi hijo mayor está ya deseando que salga. Eso sí que no lo cambio por nada.

Besos y abrazos.

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Crianza, Educación

Ni mejor ni peor, sólo soy madre

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Imagen vía http://blogs.20minutos.es/una-de-cada-mil/2013/02/04/etiqueta-em/

Esto de los #hashtag se nos está yendo de las manos. Lo etiquetamos todo, y como además en este bendito país tenemos la virtud de opinar aunque no nos lo pidan, la combinación es de lo más peligroso. Sumemos a este panorama que la crianza se ha convertido en los últimos años casi en cuestión de estado. Así me encuentro en el telediario con una noticia sobre tipos de madres/padres: helicóptero, cometa, agenda, tigre, apisonadora….. No sé si reírme o llorar.

Lo primero que hago es buscar en san Google porque, la verdad, esos términos me pillan fuera de juego. Yo soy madre a secas, a veces mejor y a veces peor, pero desconocía que mi modo de criar podía etiquetarse de tantas formas. Al final descubro que se trata de una forma sutil de criticar a los que no piensan como nosotros.

Cuando empecé en esto de opinar y ser opinada como mucho existían las prolactancia, y ya se les llamaba ‘talibanas de la teta’ si defendían su postura contra el biberón. Y siguen existiendo los ginesaurios, palabra que me encanta por cierto. Al parecer me he quedado atrás, cuando las críticas eran por el chupete, la leche artificial y el colecho, una cuestión que por cierto he oído discutir en la puerta de la clase de infantil de mi mayor.

Pero ahora las diferencias irreconciliables van más allá y esas etiquetas tan raras se refieren a si somos sobreprotectores (malo) o demasiado permisivos (también malo). Venga, me voy a lanzar: yo soy madre cometa, de las que los dejan a su aire y las demás me miran como si estuviera loca por no luchar con ellos a brazo partido por que se coman todo lo que le he puesto en el plato, por dejarles que trepen en el parque si veo que la posible caída no sería grave. Aunque bueno, también se extrañan si en el bar les exijo que estén sentados o que jueguen sin molestar al resto de mesas, o si les riño en público. Sí, mis hijos no son perfectos ni pretendo aparentarlo, y para que estén educados tendré que enseñarles buena educación, vamos digo yo. Así que a lo mejor no soy cometa sino apisonadora, o tigre, o sabe Dios que más #hashtag debe haber por este mundo.

Supongo, en eso no he investigado, que también habrá etiquetas semejantes para los niños. Me imagino que irán en función de si son más o menos independientes, más o menos tímidos, si van mejor o peor en clase, si comen bien, si duermen solos, si lloran o pegan o quiensabequémás.

No me gustan las etiquetas, no me gusta generalizar ni encasillar a alguien en un determinado comportamiento, mucho menos cuando tan sólo conozco una parte, una escena que he visto en el parque o un comentario que he escuchado de pasada. Tengo mis opiniones como todo el mundo, y puedo estar de acuerdo o no con cómo haces las cosas, pensar que yo actuaría de otra forma e incluso, en una conversación y con la necesaria confianza, decirte lo que pienso al respecto. Pero al final se trata de nuestra vida, de nuestros hijos, y lo único en lo cual tengo derecho a opinar es en porqué hago yo las cosas como las hago.

Al final se trata de centrarnos en como educan los demás, que nosotras lo hacemos estupendamente. Así nos va. Ayyy como envidio cuando educar y criar era cosa de todos, y había unos valores básicos como el respeto que eran lo realmente importante.

Besos y abrazos.

PD: en la próxima entrada haré repaso de la eco de las 12 semanas que tengo esta tarde y del primer (horrible) trimestre de este embarazo. Ya os contaré.