Compras, Crianza, Lactancia

Collares de lactancia Mamichic y ¡Sorteo!

_20161216_091848Desde que nació Arturo estoy con las ganas de tener un collar de lactancia. Embarazada del peque lo puse en mi lista personal de cosas que quería comprarme pero, al final, quedó de nuevo en espera. Sin embargo como si me hubieran leído la mente desde Mamichic me propusieron probar los suyos y ahora tengo no uno sino dos y una preciosa pulsera que ¡me encantan! El peque aún no los ha probado porque está empezando a controlar lo de llevarse cosas a la boca pero estoy segura de que en cuanto pueda le van a venir muy bien ya que creo que está empezando con las molestias de los dientes.

 

 

Los colores, el tacto… y lo que es más importante, la tranquilidad de saber que están hechos con silicona orgánica 100% y certificados con todos los controles más exigentes para es uso y disfrute de los pequeñajos. Las piezas están diseñadas para masajear y ayudar a romper la membrana gingival que causa inflamación en la encía, estimulando así la salida de los dientes. Se lava con agua y jabón e incluso en lavavajillas.  Los collares y cordón repelen el agua y secan de inmediato, y además se pueden enfriar en la nevera para proporcionar un mayor alivio al bebé.

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Y ahora viene lo chulo ¿queréis un pack como el mío? Pues Mamichic me ha ofrecido uno para _20161216_091602sortear y es muuuuy fácil.

  1.  Deja un comentario y un me gusta en la foto del concurso en mi Instagram.
  2. No es requisito pero si sigues a Mamichic (en su cuenta de Facebook, Twitter o Instagram) sería un bonito detalle de agradecimiento 😉
  3. Tenéis hasta las 23:59 del martes día 20, y el miércoles 21 publicaré el nombre del ganador.
  4. ¡Mucha suerte!
Alimentación, Crianza, Lactancia, Postparto, Salud

Mis pasos para tener éxito con la lactancia materna

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Qué de tiempo sin pasar por aquí… Lo sé lo sé, soy muuuy desastre, pero tengo que admitir que desde la llegada del pequeñín todavía no he conseguido recuperar (o crear de nuevo) una rutina diaria. Aún hay días que tengo que recurrir a la comprar la comida hecha, no digo más. Pero admito también que después de un parón es complicado volver a arrancar. Espero que esta entrada no se quede en un intento y que me ayude a incorporarme al ritmo bloguero, aunque me temo que en agosto voy a estar más sola que la una por estos lares.

Alguna vez he dicho que no me gusta mucho dar consejos a menos que me los pidan, y aun así… Creo que cada cual ve las cosas a su manera y en sus circunstancias, y lo que es bueno para mí no tiene que serlo por fuerza para ti. Sin embargo esta entrada va de eso, de consejos. Concretamente de consejos sobre lactancia materna. Ayy madre quien me lo iba a decir a mí después de lo pasado. Quizá justo por eso, porque he vivido una parte durísima de la lactancia creo que lo que me ha servido para volver a intentarlo con éxito también puede servirle a alguien más.

Mi primer escollo a la hora de dar el pecho a mi mayor (que raro me suena eso de ‘mayor’) fueron las grietas. Es algo que les pasa a casi todas las mamis. Hay cientos de cremas específicas para solucionar este problema, doy fe de que muchas son eficaces, pero para mí y según mi propia experiencia no hay nada comparable a la vaselina pura. Sin más, sin marcas ni historias. Vaselina pura después de dar el pecho e incluso antes de la toma para reblandecer si hay algo de costra y que no haga herida. NO es tóxica para el bebé.

Cuando le comenté a mi gine que me escocía el pezón y me molestaba incluso el roce del sujetador, me dijo que probablemente fuese una infección y que había que acabar con ella antes de que se filtrase al interior de la mama causando una temida mastitis. Blastoestimulina y Fucidine. No digo que os lo compréis por las buenas, pero a mí me funcionó, quizá sea cosa de preguntar en la farmacia o a vuestra matrona.

Las pezoneras. No son la solución, lo ideal es que no haya grietas ni dolor, pero mientras eso llega son mano de santo. En mi caso el peque comía menos con ellas y las tomas se hacían eternas, así que procuraba usarlas sólo al principio y nunca de noche, porque acababa con los pezones tan doloridos por estar tanto rato mamando que era peor el remedio que la enfermedad.

Nada de discos de lactancia. Sólo para salir a la calle, que tampoco es cosa de ir con las camisetas empapadas por el mundo. A mí las famosas subidas dejaron de ocurrirme al mes, así que los usé muy poco. El motivo es que el pezón se queda continuamente humedecido y no cura bien, además de la posibilidad de favorecer infecciones.

En la revisión de los 15 días resultó que había cogido poco peso aunque la lactancia era a demanda, y una semana más tarde se confirmó, por lo que comenzamos a suplementar algunas tomas con un biberón de leche artificial. Sé que podría haber intentado sacarme yo y guardarla, pero no tenía fuerzas y no quería que la situación se volviese insostenible debido al cansancio. A veces tomaba varios biberones de 30ml o de 60ml. A veces sólo uno al día. Mi pediatra me dijo ‘al final ellos mismos los dejan‘ y yo pensé en lo que se suele decir ‘si cogen un biberón ya no quieren más teta‘. Pues la pediatra resultó tener razón y de un día para otro ya no necesitaba suplementos. ¿Conclusión? Nada de agobios. Si hay que ayudar se ayuda, sin mala conciencia. La lactancia tiene que ser un momento agradable no una imposición ni una condena.

No lo he mencionado pero doy por sentada la importancia de una buena posición del bebé y de un buen agarre, que no es moco de pavo. Hay montones de sitios donde lo explican como aquí y aquí, por ejemplo.

Y para mí lo más relevante de todo, lo que ha marcado la diferencia, ha sido dar con gente que de verdad entiende y sabe de lo que habla. Con mi primer intento de LM me topé con muchos prolactancia que no tenían ni idea y que me dijeron y aconsejaron barbaridades, que al final desembocaron en esta horrible experiencia. Pero hoy en día me consta que hay médicos, enfermeras, matronas y grupos de apoyo a la lactancia que pueden dar un vuelco a un mal comienzo (ojalá los hubiera conocido antes).

De momento, y cruzo los dedos, la cosa va viento en popa. El pequeño engorda a buen ritmo y no es algo que me digan los dichosos percentiles, es algo que se ve. Está sano, feliz y yo aún más. 

Crianza, Lactancia, Postparto, Salud

Donde dije digo…

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… ahora digo lactancia materna exclusiva. 

Y es que me han liado. Eso y que debo estar chalada, porque después de lo pasado no sé cómo me he atrevido a intentarlo de nuevo. Eso sí, reconozco que la experiencia está resultando muy distinta. No diré que esté siendo fácil porque creo que para la mayoría los comienzos con la lactancia no suelen ser sencillos, pero en comparación con mi anterior intento ésta vez las cosas parecen ir más fluidas. Quizá sea la experiencia, que voy con mucha menos presión ya que no tengo miedo a que falle, es más, estoy decidida a no dudar y pasar al biberón si veo el mas mínimo peligro, y sobre todo que tengo más información, la que busqué yo y la que ahora me han dado unos profesionales que saben de lo que hablan. Porque es muy fácil decirle a una madre recién parida lo maravillosa que es la leche materna para el bebé y venderle la moto pero a la hora de la verdad, cuando esa madre tiene problemas, solucionarlos con un ‘pues es lo que hay’.

Por el momento, y hablo de escasos cinco días, la cosa está tal que así:

Grietas: alguna hay pero menos que con Joaquín y noto mucho menos dolor. Mi médico que dijo un remedio para las grietas que de momento me está funcionando infinitamente mejor que cualquiera del montón de cremas de marca que probé y que se suponen que son específicas para el pezón. La vaselina. Un bote sencillo de vaselina, sin más. Tras cada toma. A veces antes, o cuando me acuerdo. No tiene sabor, no le molesta al bebé y cicatriza sin secar, de manera que a la siguiente toma la succión no me arranca las costras, que era lo que me provocaba sangrar.

Posición del bebé: digan lo que digan el frenillo del bebé influye, y como Arturo no lo tiene parece que desde el principio se coloca muy bien. Yo suelo ayudarle un poco, sobre todo en un pecho que por lo que sea le cuesta más coger en condiciones, pero por lo general la cosa va bien en este sentido.

Cantidad: pese a ser inducido y a que me advirtieran que quizá tardase más en subir la leche, al fin ha llegado y lo ha hecho en abundancia. El peque feliz y yo comprando sujetadores de urgencia.

Tomas: esto es otro cantar. Sé que es aún muy pronto para que haya regularidad, pero dentro de la anarquía del hambre de esta criatura hay ciertos patrones que ha repetido desde que nació y que en la próxima reunión del grupo de lactancia de mi barrio ( a la que tengo previsto acudir) imagino que me dirán si son normales o no. Lo principal es que durante el día mantiene una cierta regularidad entre dos y tres horas, pero llega un momento sobre las 4 de la mañana en que la toma se alarga y se alarga, no hay forma de dormirlo y está así hasta las 7 que cae redondo. Y de ahí a la siguiente pueden pasar hasta 4 horas sin que se ele escuche. ¿Conclusión? Tengo todo el sueño del mundo. Y las noches se están convirtiendo en un festival con uno enganchado a la teta y colechando con el otro.

Como ya he dicho espero que el grupo de apoyo a la lactancia soluciones mis muchas dudas y sobre todo espero que todo vaya bien, sea con lactancia materna o tenga que ser con artificial, que ya no voy a aferrarme a ninguna de ellas.

Besos y abrazos.

 

Embarazo, Familia, Parto

Empieza la cuenta atrás

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La suerte está echada. Si Arturo no se decide a salir a lo largo de esta semana, el viernes le  facilitaremos el trabajo. Así que, como muy tarde, el día 9 seremos uno más en la familia y claro, esto hay que asumirlo. Lo primero porque cuando tienes una fecha, y más si es cercana, la cosa es mucho más real, más inminente. Porque no es como la FPP que rara vez se cumple, ésta es sí o sí. Ayyyyy madre….

No quiero entrar en debates acerca de los muchos inconvenientes del parto inducido, es algo que al igual que cuando hablé de que no iba a volver a dar el pecho ya está decidido en firme. Mis circunstancias y experiencias me han llevado a este punto y es lo que hay, estoy bien informada y entiendo que no todo el mundo comparte mi postura. Pero es la mía. Y me van a llover las críticas, lo sé.

No os negaré que estoy nerviosa, un parto es un parto y nada me asegura que llegue realmente al viernes dado que llevo más de una semana ‘sujetando’ con medicación a esta criaturilla que tiene ganas de sobra de venir al mundo, pero a la vez me tranquiliza el saber que si llego al hospital el día 9 podré disfrutar de un parto muy muy muy diferente del que sufrí (sí, sufrí) con Joaquín.

Tengo miedo, el miedo lógico y normal ante el cambio al que nos enfrentamos, pero sobre todo Papá Oso y yo tenemos ilusión y unas ganas inmensas de verle la carita y comprobar si se parece a su hermano.

Besos y abrazos

PD: también tengo una orden de reposo del médico y gracias a eso estoy consiguiendo programar alguna entrada para esta semana, que me da a mí que a partir de ahora esto de sentarme tranquila a escribir va a estar más que difícil…

Lactancia, Salud

Por qué esta vez no voy a dar el pecho.

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Ni mucho ni poco, esta vez en cuanto nazca mi repeque pediré la famosa pastilla para detener la subida de la leche. Y no, no es una decisión egoísta. O sí, que ya ha escuchado una de todo.

Ya os conté hace tiempo que con mi pequeño sentí que había fracasado en el intento de ofrecerle una lactancia materna en exclusiva. Aquí os expliqué todos los problemas, que fueron muchos y variados. Algunos vinieron por culpa de mi desinformación, otros por mis miedos y la influencia de las miles de opiniones de tooodo el que me rodeaba. Al final el golpe de gracia lo dieron una serie de profesionales médicos sin ningún conocimiento acerca de la lactancia… ni acerca de la medicina en general, diría yo. Y por supuesto con muy pocas ganas de hacer bien su trabajo.

Toda madre o embarazada sabe lo que es una mastitis. Para las que no, brevemente os diré que se trata de una obstrucción de los conductos de la leche (leed aquí). En mi caso se dio porque, guiada por uno de esos consejos gratuitos y agotada por la falta de sueño, creí que no sería malo sustituir la toma de la noche por un biberón. Fue una enfermera de mi centro de salud quien me dijo que podía darle un biberón de refuerzo. Craso error. Me levanté con un bulto en el pecho. Hala, una mastitis, pensé. Usé los remedios habituales como agua caliente y masajes, y por supuesto ponerme más al bebé al pecho, pero el crío se enfadaba al mamar de esa teta y la rechazaba. Sacaleches al canto. Y nada, que aquello no bajaba.

Ya con fiebre acudí a urgencias, en dónde me recetaron un antibiótico que, además, me dijeron que no era compatible con la lactancia. En esta página tenéis los medicamentos que son incompatibles de verdad con la lactancia.

La cosa no cambia, y acudo por segunda vez a urgencias. En esta ocasión el señor que me tocó en suerte, no diré médico porque no se portó como tal, ni se dignó a mirarme el pecho afectado, sólo me cambio de antibiótico.

Y a la tercera como suelen decir va la vencida. En la siguiente visita a urgencias, llorando en la sala de espera del dolor y con la fiebre por las nubes, al fin un médico que quiso palpar el pecho. Sólo le dijo al enfermero ‘prepárame el quirófano’. Mi cara debió ser un poema. ¡¿Quirófano?! Pues sí. La mastitis mal curada se infecta y se convierte en un absceso mamario. En mi caso tenía el pecho completamente infectado.

Fueron diez días de ingreso en el hospital, diez días de curas a través de un tubo insertado en la abertura que me realizó el cirujano junto al pezón. Diez días de dolor. Y diez largos días sin poder ver a mi hijo de apenas tres meses más que un par de horas cada tarde, en la sala de espera del hospital.

Sé que no fue mi culpa, que fueron sus errores los que me llevaron a ese extremo, pero a día de hoy cuando ya he decidido que no voy a volver a dar el pecho nunca más, me siento culpable. Porque estaba tan empeñada en tener que mantener la lactancia materna, me repetía tanto a mí misma que si las demás podían yo también, que era lo mejor para el bebé… que no entendí que, de verdad, no pasa nada si al final sólo toman biberón. Aún nos queda mucho camino por recorrer para que la LM exclusiva sea una realidad al alcance de todas las madres, sin dolor ni sufrimiento ni tener que escuchar opiniones, consejos y críticas.

Si mi experiencia sirve de algo, que sea para que nunca tengáis que pasar por algo así. La LM es importante y maravillosa, pero no merece la pena si conlleva más sufrimiento que satisfacciones, tanto para la madre como para el bebé. Muchas gracias por leer este tostón, y aquí estoy si me necesitáis.

Besos y abrazos.

Crianza, Embarazo, Familia, Lactancia, Libros, Salud

Buenos profesionales para garantizar un buen futuro

Hace poco mi cuñada y madrina del peque, futura enfermera, me regaló éste libro.

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No os tengo que contar que soy ferviente seguidora y admiradora de Carlos González, ya os recomendé sus libros aquí, pero claro, eso ella no tenía porqué saberlo. A fin de cuentas es alguien a quien conocemos sobre todo las que somos o vamos a ser madres. Sin embargo a ella le pareció apropiado para mí porque se lo había recomendado una profesora en la universidad. La misma profesora que les ha enseñado a dar masajes a los bebés, en la misma universidad en la que les enseñan la importancia del método canguro, del piel con piel con el recién nacido.

Y lo primero que me vino a la cabeza es que al fin parece que soplan vientos de cambio, de reciclaje para unos profesionales a menudo anclados en costumbres y prácticas no sólo anticuadas sino en algunos casos peligrosas (véase la maniobra Kristeller, por ejemplo). Me sentí agradecida porque pensó en mí para el regalo y orgullosa porque con esos pensamientos en la cabeza, con esas ideas, será una de esas profesionales que tanto gusto da encontrar cuando las madres vamos al médico, alguien que va más allá de los conocimientos memorizados y que es capaz de comprender y de entender lo que necesita el bebé.

Además, casualmente, hoy he vuelto a comenzar a leer ‘Mi niño no me come’ y después de dos semanas me siento estúpida por haber pasado tanto tiempo nerviosa y enfadada a la hora de comer. Creo que me los voy a tener que poner en la mesilla de noche para cuando me agobie en exceso, que cierto es que ahora con mis hormonas revolucionadas me pasa más de lo que debería.

Y si alguien aún no conoce a este hombre ni su forma de ver la infancia y la maternidad, merece la pena echarle un vistazo a sus libros y, si os convencen, no lo dudéis, que no son caros para el jugo que al menos yo les estoy sacando.

Embarazo, Lactancia, Parto, Postparto

¿Parir en hospital público o privado?

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Hoy me he levantado con ganas de crear polémica.

Aunque aún no he escrito la crónica de mi parto (lo tengo pendiente), sí creo haber comentado alguna vez que fue en un hospital público. No por elección sino porque el embarazo no fue planeado y el seguro privado sabéis que tiene unos meses de carencia, un mínimo desde que te apuntas hasta que te cubre algo como una operación o en mi caso, el parto. Pues me faltaba un mes para estar cubierta, así que tuvo que ser en el público. Tampoco me pareció mal al principio por aquello de que la sanidad pública tiene el mejor equipamiento y, según dicen, los mejores médicos. Tampoco conocía a nadie que hubiera dado a luz en ese hospital, el Rafael Méndez de Lorca, así que no podía pedir opiniones. Sabía, eso sí, que me tocaría compartir habitación en planta y en dilatación, pero bueno, no es que me importara demasiado.

Desde el mismo día en que salí con mi hijo en brazos tengo una opinión muy diferente. Que conste que no hablo de todos los hospitales públicos en general porque obviamente sólo he parido en uno, perola experiencia podría haber sido muchísimo mejor en montones de aspectos. Siempre digo que entiendo que cada vez hay menos trabajadores en la sanidad pública de este país y que, como es lógico, los que quedan tienen cada vez más carga de trabajo, y que son personas con sus días buenos y malos, pero ¿es acaso eso culpa mía? Y si no lo es ¿porqué lo tengo que pagar yo? En mi caso, recuerdo a alguien en dilatación decir que es que estaban agotados porque ese día ya llevaban 8 partos. Joder, ni que yo hubiera elegido ponerme de parto justamente entonces para fastidiar. Claro, con tanta parturienta, el enfermero al que avisé en planta de que tenía contracciones cada dos minutos debió olvidarse de mí porque cuando se lo repetimos y al fin me subieron a dilatación ya estaba de más de 7 centímetros. ‘Total, como no querías la epidural lo mismo te da’ me soltó la matrona. La misma que sin avisar me rompió la bolsa, que me pinchó oxitocina sin decírmelo (lo tuve que leer yo en un cartelito que llevaba la bolsa) y que, cuando tras 20 horas se me ocurrió decirle que estaba cansada, me dijo que ‘como era mi hijo tenia que empujar sí o sí’.

Los consejos de lactancia por parte de otra matrona fueron recomendarme una crema para las grietas. El ginecólogo sólo me vio los puntos de la episotomia una vez, el día del alta ni me tocó, miró el informe y hala, a casa. Ni un análisis de sangre por si tenía anemia (sé que en otros hospitales se hace) ni ná de ná.

Hubiera quedado ahí la cosa si no fuese porque un par de meses después sufrí un absceso mamario (también tengo esta entrada pendiente) que me llevó de nuevo a estar ingresada en ese hospital durante los 10 peores días de mi vida. De nuevo, el trato fue en algunos casos incluso denunciable, aunque al final somos tontos y todo lo dejamos pasar por no entrar en disputas.

No tengo como veis experiencia en hospitales privados, pero sí tengo familiares que han tenido allí a sus hijos. ¿Qué se hacen más cesáreas? Quizá, pero conozco quien tuvo un segundo parto natural tras una cesárea, ambas en el privado. Y qué decir del seguimiento del embarazo, que al menos en mi compañía en todos los meses mientras que en el público es una eco cada tres meses (yo del segundo trimestre no tengo foto porque era tarde y tenían que irse a comer, no había tiempo para andar explicándomelo todo en la pantalla) y monitores dos semanas antes, que mi peque como se adelantó ni los vio.

En el trato personal… pues hay de todo como en botica. Pero últimamente cuando he ido al ambulatorio he tenido la sensación de que me estaban casi haciendo un favor por atenderme, y con mala cara.

Lo sé, esto va a traer cola. Ahora contadme vosotras ¿qué preferís? ¿dónde han nacido vuestros pequeños? 

 

 

PD: en la imagen, el nido de una maternidad lleno de preciosos angelotes dormidos.

Alimentación, Compras, Crianza, Embarazo, Familia, Lactancia, Libros, Pareja, Parto, Postparto, Salud

Mis cinco imprescindibles para el primer año del bebé

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Todas las madres primerizas recibimos al bebé con un montón de cachibaches que creemos que nos van a salvar la vida a ambos. Que si minicuna, sacaleches, biberones y chupetes de marcas varias, sonajeros… y un larguísimo etcétera que pronto descubrimos que, en su mayoría, van a viajar al trastero casi sin sacar de la caja.

Este mes me siento retrospectiva, con ganas de hacer balance del año y de lo que ha supuesto para todos en casa, así que como por algún lado hay que empezar, lo hago por las cinco cosas que en este año me han parecido realmente imprescindibles, las que sigo usando o que guardo como oro en paño para cuando haya otro bebé con nosotros. Hace ya tiempo que os contaba mis imprescindibles en el embarazo, los libros que debí leer a tiempo y varias recomendaciones sobre productos para los primeros meses. Ahora veremos si, doce meses después, sigo pensado lo mismo.

  1. Los biberones Dr Brown. Han sido el mejor descubrimiento que he podido hacer, y no sólo porque me salvasen de varias semanas de cólicos, llantos y poco sueño, sino porque los he recomendado bastantes veces y en todos los casos han hecho el mismo gran favor a los padres sufridores. Nunca me cansaré de hablar bien de su extraño sistema anti-gases. Todavía los usamos para el agua porque el peque no se aclara del todo con los vasos esos con boquilla, y aunque no durarán para el siguiente porque están estropeados de tanto uso, podéis apostar a que los renovaré contentísima.
  2. Las toallitas y la crema para el culete de Mustela. Sólo diré que una vez me las olvidé y usé unas de marca blanca que tenía en reserva y el pobrecito estuvo escocido tres días, como si tuviera una especie de reacción.
  3. Las toallitas para cara y manos, de la marca que sean (en mi caso Deliplus). Son algo que quizá todas conoceis, pero yo no sabía que existían hasta que no se me presentó la necesidad. De bebé me bastaba con las típicas gasas, pero ahora no me vería yo quitando restos de galleta chupada de… todas partes si no fuera por esas toallitas.
  4. El cojín de lactancia. El mío es con forma de medio círculo, pero cualquiera haría el mismo efecto. Creo que para lo que menos lo usé fue para dar el pecho, me servía como apoyo para cuando el peque no se sostenía sentado sin ayuda, así no se caía hacia los lados, o para tumbarlo en medio y darle un masaje o hacerle cosquillas. Ahora lo pongo a mi lado en el sofá y el peque lo usa de almohada para las siestas.
  5. La hamaca. Mi bicho se cansó enseguida de estar tumbado boca arriba en su capazo así que la ha usado mucho. Desde ella, al principio casi tumbado, podía ver el mundo, vernos a Papá Oso y a mí, moverse con libertad, y cuando iba siendo mayor se quedaba viendo Pocoyó o me lo llevaba conmigo cuando iba por la casa limpiando, para ducharme tranquila o incluso mientras cocinaba. No duró demasiado porque igual que con el capazo, pronto tuvo ganas de cambiar de aires y empezar a gatear, pero fue un dinero muy bien invertido.

PD: en la foto mi bicho con sólo unas semanas acurrucado en el cojín de lactancia.

*Pronto haré la lista con las cinco cosas que no he llegado a usar o que no han dado buen resultado.

Alimentación, Compras, Crianza, Salud

Dilemas con la alimentación: yogures para bebés ¿sí o no?

Me sorprendo a menudo con la falta de unidad de criterio de los pediatras y enfermeros de pediatría, sobre todo el lo referente a la alimentación de los bebés. Si ya es raro que dos médicos se pongan de acuerdo en un tratamiento, que se supone que es algo que debe ser más o menos concreto, mucho más raro es que lo hagan cuando se trata de lo que pueden o deben comer los pequeños, que es algo que al parecer va cambiando según modas. Y luego bien que te insisten con lo importante que es la alimentación para la salud…

Cuando nace si toma pecho no hay problema en la mayoría de los casos hasta que va llegando el sexto mes, eso sí, siempre que los percentiles sean los ‘correctos’ y el bebé coja peso. Si no, en función de lo cerril que sea el pediatra o enfermero, los consejos pueden ir desde “un biberón de refuerzo por la noche” que no hace daño y así engordará un poquito más hasta… bueno, hasta el ” un biberón con cereales para la cena, que viene el invierno y es mejor que esté más gordito de cara a los resfriados” que me ha dicho a mí una ‘profesional’ sanitaria. De toda la vida más peso es igual a más defensas. Y a la porra con la lactancia materna ¡claro que sí!

Bueno, dejo de lado mi indignación que me pierdo. Cuando llega el momento de introducir nuevos alimentos ademas de la leche empieza el baile de opiniones. En la tabla que me dio mi enfermero figuran los cereales a partir de los 4 meses y la fruta desde los 6. Sin embargo tengo familiares a quienes les recomiendan primero la fruta. Con la carne y el pescado suele haber más acuerdo, la verdura es un tema del que apenas hay información  a veces he tenido que consultar en Internet si podía darle pimiento o tomate, y al parecer el tema del huevo se ha adelantado de fecha ara que se conozca una posible alergia antes de la vacuna del año.

Y llegamos a los lácteos. En mi tabla se especifica que la leche de vaca entera se debe dar entre los 2 y 3 años, pero que los derivados se pueden introducir a lo largo del primer año. Primera cosa que no entiendo ¿no es lo mismo leche que derivados de la leche en cuanto a posibles alergias o a la propia asimilación por el organismo? Más aún cuando la leche de fórmula ya contiene las mismas proteínas que la leche de vaca, osea que puedo pensar que de ser alérgico lo sería ya ¿no?

Llena de dudas me voy al súper y me encuentro con que hay bastante productos derivados de la leche con la etiqueta ‘a partir de 6 meses’ en la zona de alimentación infantil, que van desde yogures a postres con queso fresco y fruta o natillas. Sé que se adelanta la fecha del etiquetado por cuestión de ventas al igual que sé que no venderían nada a bebés que no pasase antes unos cuantos controles de sanidad, pero no lo entiendo. ¿Puedo o no puedo? Si me fijo en los familiares con bebés, la mayoría no han tenido especial cuidado con los productos lácteos  y si el peque en cuestión ha tomado un helado o chocolate en Reyes, no ha pasado nada. Así que como ya me voy cansando de tanto dilema y ya no sé que darle al bicho para merendar que no sea lo mismo de siempre, me lanzo y compro yogures (refrigerados y otros que son sin refrigerar  y un postre de queso fresco con frutas. Ayer probó el de queso fresco y está aquí tan a gusto.

Antes de comprarlos leí los ingredientes y fue por eso por lo que al final me decidí. Los yogures con leche ‘adaptada’ llevan como ingrediente principal leche desnatada, sin más. Puedo entonces entender que no se les dé leche entera por el tema de un exceso de proteína que su cuerpo no pueda procesar bien, pero si son con leche desnatada ¿porqué valen casi 3 euros, si los desnatados normales valen poco más de un euro? Joder con la etiqueta de ‘para bebés’, vaya chollo. Y si a partir del año lo que aconsejan es precisamente la leche entera y nunca semi ni desnatada….

Mi conclusión, y lo que haré desde ahora, es darle derivados lácteos normales, no ‘para bebés’ o bien  postres pensados para ellos de los que no haya versión normal, que alguno hay. ¿Y la leche entera? Si este verano quiere una cucharadita de helado, no se la voy a negar, y si como mi vecino de 18 meses, un día agarra el vaso de Colacao y se lo bebe entero, pues yo que me alegraré de que le guste la leche, que peor sería si no.

Por si queréis algo de información más objetiva para decidir qué hacer:

http://www.ocu.org/alimentacion/alimentos/noticias/yogures-para-bebes-mejor-no537884

http://www.bebesymas.com/alimentacion-para-bebes-y-ninos/alimentacion-complementaria-la-leche-y-sus-derivados

PD: Hemos tenido el mismo dilema con las dichosas gotas de no recuerdo qué vitamina para que se cierren correctamente las fontanelas. Al principio se las daba religiosamente, es verdad, pero luego se me olvidaba algunos días, quizá por saber de forma inconsciente que no eran imprescindibles, y al final dejé de dárselas, aunque nunca lo he reconocido delante del pediatra. En la última revisión me las volvió a recetar, y por su lado el pediatra de la compañía me dijo que si se las daba que las dejase ya. No sabe una qué hacer…

Crianza, Familia, Lactancia, Parto, Postparto

Bebé a bordo programa 3

Le estoy cogiendo el gusto a este programa, y más después de ver este capítulo. Me gusta que no sea una familia primeriza, y sobre todo me encanta cada vez más que fomenten y apoyen la lactancia a demanda todo el tiempo que se quiera, el colecho y el porteo. Me gusta porque hace mucha falta, porque tengo la sensación de que el tener hijos se ha ‘desnaturalizado’ , se adapta la crianza a nuestro ritmo, a lo que la sociedad pide, en lugar de hacer lo que siempre se ha hecho, lo que pida y necesite el bebé, lo que es natural para el ser humano. Y me joroba, por no decir algo peor, que se critique y se señale con el dedo a quien decide criar de manera diferente a la multitud, sobre todo porque para todo las criticas se hacen a la espalda y sin embargo cuando se trata de decirte lo que haces mal con tus hijos da igual si te conocen o no que te lo explican bien clarito.

Me ha llamado mucho la atención que el peque haya nacido en su casa, porque es algo de lo que no se habla mucho en España, no está ni tan generalizado ni tan bien visto como en otros países, no hay información sobre sus beneficios ni inconvenientes reales más allá de los miedos comunes, y creo que es una opción a tener en cuenta, sobre todo si se sale de un parto en el que el trato médico no es como una desearía.

Como siempre, aquí podéis ver el programa.

Vaaaa, comentadme qué os ha parecido.