Embarazo, Familia

Cambio el chip

happy

Es curioso cómo funcionan las hormonas en el embarazo. He pasado unos meses digamos regulares a nivel anímico. Me he metido en demasiadas cosas y de pronto me he encontrado con muchos frentes abiertos que me pedían una fuerza de la que no disponía. El embarazo en sí, aunque no diría que esté siendo malo, sí que de momento es el que peor llevo. Las náuseas constantes al principio, más peso y las contracciones en cuanto me esfuerzo un poco no hacen que el día a día sea fácil. Al final, por unas cosas y por otras, he pasado cinco meses con demasiada ansiedad y una actitud negativa hacia prácticamente todo.

Pero como digo las hormonas de las embarazadas son una cosa muy peculiar. Desde ayer, no sé porqué, veo las cosas de otro color. ¿Que tengo una tripa de un tamaño más que considerable? Pues sí, es lo que hay, y si se nota pues es porque llevo dentro un bebé bien hermoso. ¿Que la casa está hecha una leonera? Diré en mi defensa que estamos de medio reforma pero, sobre todo, mi bicho y yo necesitamos descansar. ¿Las vacaciones? La playa la tengo a media hora escasa, este verano toca baños de ida y vuelta (a ver si al menos cojo algo de color).  Y lo más importante de todo, mis hijos han vuelto a ser lo primero es mi vida. No es que hubieran dejado de serlo, pero ha llegado un punto en el que tenía tanto planes a largo plazo, tantos proyectos y todo el tiempo tan planeado que no me había dejado un momento para simplemente dejar las cosas pasar. Terminaré mi carrera y haré las oposiciones (todavía soy joven y antes o después espero trabajar) pero, de momento, mi familia es el pilar de mi vida. Se trata de tomármelo con más calma que, cómo se dice, de todo se sale.

A lo mejor mañana tengo un día gris de nuevo, no lo sé, pero siempre podré volver a leer esto para tener presentes las cosas que de verdad tienen que ser importantes.

Besos y abrazos

Crianza, Familia

Sonríe

Hay veces en las que, sin darnos cuenta, la sociedad nos empuja a olvidar lo que de verdad es importante y a centrarnos en banalidades. El pasado fin de semana Papá Oso me ayudó a quitarme por un momento esa venda. Os cuento la escena. Salíamos de Ikea después de un laaaargo día de compras (estamos preparando la habitación para los hermanitos) y nuestra paciencia hacía rato que rozaba los mínimos aceptables. Mientras guardábamos las compras en el maletero se subieron al coche de al lado una pareja joven con pinta de ir enfadados. Según me dijo luego el papi, ya se los había cruzado en la tienda también de morros. Se subieron a un cochazo precioso y se fueron. Mientras nosotros luchábamos por encajarlo todo en nuestro coche de segunda mano. Cuando logramos salir camino a algún sitio de comida rápida el peque empezó a gritar ¡pataaaaaaatas, pataaaaaaatas! feliz ante la perspectiva de cenar patatas fritas. Y nos tuvimos que echar a reír. Y aquí viene la ‘enseñanza’ de Papá Oso. La pareja de antes, jóvenes, posiblemente con una casa nueva, con libertad, se subieron a su coche nuevo y carísimo… y seguían enfadados. Un mal día, en un coche más caro, sigue siendo un día de m… Pero cuando tu hijo te da un beso o hace alguna de las suyas te das cuenta de lo poco poquísimo que importa todo lo demás. Y sin querer sonríes.

¿Quién puede resistirse a una sonrisa así?
¿Quién puede resistirse a una sonrisa así?