Crianza, Pareja

Malas costumbres

¡Ayy la de veces que me he tenido que morder la lengua en estos dos años de maternidad! Porque hay gente, te conozca mucho poco o nada, que te ve con un bebé en brazos y debe pensar “pobre, seguro que no sabe que hacer, voy a enseñarle a criar y educar a sus hijos”. Y es cierto, cuando te ponen a esa cosita llorona y rosadita en brazos no tienes ni puñetera idea de cómo vais a sobrevivir todos en casa, pero poco a poco, día a día, la cosa marcha. Se agradecen los consejos sobre todo si se han pedido, pero hay veces, muchas veces, que una se queda con las ganas de soltar cuatro frescas y quedarse tan ancha.

colecho

No hay madre primeriza en el mundo a la que no le hayan dicho alguna vez eso de que los bebés se acostumbran a los brazos si los coges mucho. Vaya, sí que son listos. Tantas veces me lo dijeron, porque lo he llevado en brazos todo lo que he querido y más, que al final me cabreaba y les preguntaba si ellas dejaban a sus hijos en el suelo cuando lloraban. No ¿verdad? Pues eso. Hoy en día mi hijo es cariñoso pero hace meses, muchos meses, que dejamos guardada en el garaje la silla de paseo, porque le gusta caminar. No va en brazos, qué raro.

Recuerdo que la primera vez que le explique al papi que eso de dormir con el peque en nuestra cama estaba ‘de moda’ y que se llamaba colecho me miró como si le acabara de insultar en japonés. No fue premeditado sino fruto de las circunstancias, de una lactancia que no funcionaba y un niño con el síndrome de la ‘cuna con pinchos’. Y muchísimo sueño. Todos dormíamos juntos y, sobre todo, felices. La semana pasada cumplió dos años y hasta hace un par de meses no tenía ni cama propia. Total no la iba a usar, así tenía mas sitio para jugar en su habitación. Sin embargo son ya tres las noches que duerme del tirón en su nueva cama de mayor. Sin llantos, sin peleas, sólo le acompañamos para que se quede dormido tranquilo y nada más. Si se despierta y viene a mi cama como ha asado varias veces pues estupendo. A su ritmo se irá adaptando a la nueva rutina. Negra me ponía cada vez que alguien me preguntaba donde dormía y al responderle la verdad me ponían caras o me soltaban el consabido ‘ya verás para sacarlo de tu cama’.

A mi hijo mayor y ahora al pequeño los estamos mal acostumbrando a muchas cosas: a que estamos ahí cuando nos necesitan, a que nunca se sientan solos, a abrazarlos y darles millones de besos, a despertarnos todos juntos en la misma cama. Somos así de inconscientes. Pero oye, felices a rabiar, eso también.

 

Alimentación, Salud

Qué come MI niño de 20 meses

alimentacion

Así, con esas palabras, he hecho una búsqueda en san Google tratando de aclarar mis numerosas dudas. Y fijaros si he obtenido poca ayuda que vengo a escribir yo mi opinión, por si alguien busca lo mismo y le sirvo de algo.

Tengo más que asumido que cada niño, cada madre y cada situación en un mundo, pero me sorprende cuando veo menús elaborados para niños de la edad del mío que están tan alejados de lo que él come. ¿Dos platos? ¿Ensalada? Es como si me hablasen en otro idioma. En casa somos de plato único, eso es costumbre familiar. Y lo de las ensaladas…. no se me ocurre la forma de ponerle al peque una lechuga o un tomate en un plato y que él se la coma así, sin más. Incluso en la guardería he visto que las ponen de primer plato y siempre se me olvida preguntarles si de verdad los peques se la comen.

No sé si mi hijo come bien, poco o mal. Va por días, la verdad. Come de todo, y cuando digo de todo no quiero decir de todos los alimentos, sino de todos los grupos: cereales, legumbres, verduras, frutas, carne etc. Pero no negaré que tengo la sensación de que debo ampliar la variedad de comidas y que no tengo ni idea de como hacerlo.

¿Cómo se introduce un nuevo alimento en la rutina de un niño de casi dos años?

Para quien llegue aquí intentando descubrir si lo que come su hijo es lo ‘normal’, os diré que el peque desayuna un vaso de leche con cacao, a media mañana toma un zumo y algunas galletas, a mediodía… aquí viene lo bueno. Hoy comemos habichuelas, sin chorizo para él obviamente. Las legumbres en mi casa no fallan, siempre le gustan. Las lentejas especialmente (se parece a su madre) pero igual de bien se come los garbanzos. Como se suele decir, es un plato completo que lleva verduras, sobre todo las lentejas, y carne que suele comer un poco troceada. Otra baza segura es el arroz en cualquiera de sus variedades, con lo que sea. Alguna vez he mezclado la carne en salsa o algún pescado con arroz blanco para asegurarme de que no lo iba a rechazar nada más verlo y ha funcionado. Lo malo es que es difícil sacarnos de ahí.

En cuanto a cantidades… entre cuatro y seis cucharadas es lo habitual. Si viene con hambre y le gusta lo que hay, un poco más. Si no, ha llegado a comerse los garbanzos de uno en uno y he contado seis antes de pedirme un yogur.

En eso sí tengo suerte, los yogures y la fruta entran sin problemas, a veces unas frutas y a veces otras, pero alguna siempre se come sin problema. Los voy alternando como postre o como merienda.

¿Y la cena? No suelen fallar la sopa de fideos, los palitos de merluza o los nuggets de pollo (en freidora sin aceite para que sean más ligeros), empanadillas de atún al horno, unas hamburguesas de pollo con verduras que hacen en mi carnicería o (sorpresa) los medallones de espinacas congelados marca Findus. Le encantan, se relame. Y con el queso, si es curado mejor. De un tiempo a esta parte parece que se ha cansado de comer tortilla y salchichas porque ya no los quiere.

Si salimos a comer fuera sé que puedo pedir para él un plato de paella, croquetas, empanadillas… o incluso un trocito de pizza.

Espero que alguna madre que me lea esté pensando ahora mismo ‘menos mal, pensaba que mi hijo comía mal pero el suyo come igual… o peor’. Y os digo una cosa, yo no creo que coma mal. Me preocupa la variedad pero por aquello de que no se aburra ni él de comer ni yo de cocinar. Precisamente hace unas semanas en una de sus rachas de no comer demasiado salimos a cenar con unos amigos y sólo consintió comerse dos croquetas. Mientras se lo contaba a una amiga me digo que dos croquetas estaba muy bien para lo pequeño que es, y me quedé pensando en que sí, que era verdad. Y yo preocupada.

Y vuestros hijos ¿qué suelen comer?

¡Besos y abrazos!

 

 

Crianza, Familia

Sonríe

Hay veces en las que, sin darnos cuenta, la sociedad nos empuja a olvidar lo que de verdad es importante y a centrarnos en banalidades. El pasado fin de semana Papá Oso me ayudó a quitarme por un momento esa venda. Os cuento la escena. Salíamos de Ikea después de un laaaargo día de compras (estamos preparando la habitación para los hermanitos) y nuestra paciencia hacía rato que rozaba los mínimos aceptables. Mientras guardábamos las compras en el maletero se subieron al coche de al lado una pareja joven con pinta de ir enfadados. Según me dijo luego el papi, ya se los había cruzado en la tienda también de morros. Se subieron a un cochazo precioso y se fueron. Mientras nosotros luchábamos por encajarlo todo en nuestro coche de segunda mano. Cuando logramos salir camino a algún sitio de comida rápida el peque empezó a gritar ¡pataaaaaaatas, pataaaaaaatas! feliz ante la perspectiva de cenar patatas fritas. Y nos tuvimos que echar a reír. Y aquí viene la ‘enseñanza’ de Papá Oso. La pareja de antes, jóvenes, posiblemente con una casa nueva, con libertad, se subieron a su coche nuevo y carísimo… y seguían enfadados. Un mal día, en un coche más caro, sigue siendo un día de m… Pero cuando tu hijo te da un beso o hace alguna de las suyas te das cuenta de lo poco poquísimo que importa todo lo demás. Y sin querer sonríes.

¿Quién puede resistirse a una sonrisa así?
¿Quién puede resistirse a una sonrisa así?
Cosas de casa, Crianza

De los errores también se aprende… o eso dicen

Una de las mayores lecciones de la maternidad es que te vas a equivocar, y mucho. Y que tienes que asumirlo o te vas a volver loca. La maternidad implica tomar infinidad de decisiones sobre cosas que hasta que nació tu bebé eran totalmente desconocidas para ti ¿colecho? ¿lactancia a demanda? ¿y eso qué es? Así miles y miles de dudas te asaltan a cada paso, y nunca sabes si has elegido bien hasta que ves las consecuencias.

dudas

Confieso que se me da muy mal decidir, soy de esas personas que siempre creen que, elijan lo que elijan,  se están equivocando. Ninguna opción me parece nunca la adecuada y claro, así no hay quien viva, o al menos no quien lo haga siendo feliz y sin dolores de cabeza. Inseguridad creo que le llaman.

Cuando tuvimos que dejar la lactancia materna y pasarnos al biberón, me sentí culpable, a pesar de tener razones médicas que me obligaron a ello. Con el colecho aun hoy, 19 meses después, sufro recaídas al escuchar los típicos comentarios sobre el tema. Si no quiere comer no sé si hago bien en darle otra cosa o hago mejor en dejarle que no coma nada; si no quiere dormir, más de lo mismo.

Y hace un par de semanas se me ocurrió que era el momento de llevar al peque a la guardería para que no pasase toda la mañana en casa conmigo. Me pareció buena idea, porque he de decir que además de insegura soy impulsiva. El coctel perfecto. Yo tendría más tiempo para mí (que al final sería para hacer cosas en casa y que, a la postre, no está siendo para nada de nada) y él pasaría de perseguirme por el pasillo a jugar, pintar y cantar. Sonaba idílico. Pero en los papeles que firmé no ponía nada de periodo de adaptación. Más palabrejas desconocidas. Los primeros días, sería la novedad, fueron bastante bien. Ya me las pintaba yo muy felices cuando la cosa tornó en tardes que se acercan a lo que debe ser el apocalipsis. Llantos sin tón ni són, un niño-lapa que no me deja ni ir al baño, más llantos, ninguna gana de comer ni de dormir siesta, llantos de nuevo, enfados por todo y, en mi cabeza taladrada por la migraña, la sensación de que todo ese calvario no vale la pena. Si será cosa de dejar que pase el tiempo, no lo dudo. Pero que nadie olvide que a esta situación he de añadir mis hormonas de embarazo de seis meses.

Me toca esperar a ver qué pasa, más que nada porque el mes está pagado y no está el patio para ir tirando los euros, pero empiezo a pensar que esto de hacer ‘lo que hay que hacer’ porque en nuestra cabeza nos han metido que es lo mejor… no lo veo ya tan claro.

Crianza, Educación, Familia

El primer día de guardería

guarderia

Hoy es un gran día tanto para mi peque como para mí ¡es su primer día en la guardería! Aún no sé qué tal le estará yendo porque lo recojo a las dos, pero al menos se ha quedado esta mañana tan agusto, ha entrado en la clase sin mirar para atrás y yo he preferido no darle un beso ya que estaba jugando para no ponerle nervioso. Creo que es más cambio para mí que para él ¡cómo somos las madres!

Llevaba ya varias semanas dándole vueltas a la idea de que fueses a la guarde por las mañanas porque, sinceramente, se aburría en casa conmigo. Cuando era un poco más pequeño podía ponerse a jugar solito mientras yo cocinaba o hacía la cama, salíamos con él sentado en la silla a hacer la compra y luego jugábamos juntos un rato antes de comer, pero ahora veía que le hacía falta más, que necesitaba estímulos que yo no podía darle. Se aburre jugando sólo, quiere que esté constantemente con él y para salir ni hay forma de que vaya sentado. Además se empezaba a poner pesado para que le pusiera dibujos en la tele o en el portátil, y aunque no me parece mal un ratito, nunca me ha gustado tenerle horas pegado a la pantalla para que esté entretenido. Con 18 meses le toca jugar, correr, pintar y relacionarse con niños de su edad. Así que es lo que tenía que hacer. ¿Y yo? Pues tengo más tiempo no para descansar sino para poder hacer las cosas de casa sin un pequeñajo enganchado a mi pierna y, a lo mejor sólo a lo mejor, consigo mantener una rutina para actualizar el blog.

¿Han ido o van vuestros peques a la guardería? ¿Os parece necesario para que se relacionen o creéis que van al colegio demasiado pronto?

¡Besos y abrazos!

PD: no tengo foto porque ya digo que no he querido distraerle, pero van monísimos con un chándal-uniforme, todos iguales 🙂 Actualizaré para enseñároslo.

PD: Y si hay alguna mami o papi de Lorca, la guardería es Cocorico (podéis encontrarla en facebook) y la recomiendo totalmente.

Alimentación, Crianza, Embarazo, Salud

Cambios de rutinas: el bebé se hace mayor

Hoy vengo con la señal de SOS encendida en busca de esa infinita sabiduría que sé que ronda por estos lares.

Ya comenté aquí que mi peque es un niño muy rutinario, cosas como la hora de comer o la siesta las hace siempre a la misma hora, y si por cualquier cosa ese horario se cambia se le trastoca toda su organización y tarda varios días en volver a actuar con su rutina habitual. Sin embargo desde hace ya un mes las rutinas más importantes en el día a día, la comida y el sueño, están cambiado radicalmente. Y está siendo todo cosa suya, yo le dejo hacer y trato de adaptarme, pero debe ser por mis hormonas embarazadas que me está costando mucho tanto cambio.

Como a la gran mayoría de los niños de entre uno y dos años, la comida ya no les parece tan divertida como antes. Hay cosas que le gustan y que se come de mil amores y hay cosas que ni a tiros. Le dejo comer solo en la medida de lo posible, tratando de pasar por alto las manchas, pero hay cosas que ni por esas. Los potitos por norma general se los sigue comiendo genial, pero hay días, no diré que siempre, en los que se niega a comer nada que no sean patatas fritas y a veces ni eso.

Siempre hay hambre para un bol de gusanitos
Siempre hay hambre para un bol de gusanitos

En el desayuno hemos pasado del biberón de leche con cereales infantiles a un vaso de colacao del de toda la vida tomado con pajita y un poco de pan con mantequilla. Lo mismito que su madre ¿por qué será? 🙂

La comida a mediodía… depende del día. A veces genial, a veces nada de nada, otras veces una cucharada… Cada día una aventura.

La merienda como el desayuno, sin problemas, zumo y galletas.

Y la cena ¡sorpresa! tiene más hambre que un lobo y no ve el momento de dejar de comer, tanto que al final aunque me da pena le tengo que quitar la comida de delante porque se empacha y luego duerme fatal.

Yo lo sé, que es normal, que si no come es porque no tendrá hambre, que le tengo que dejar a su ritmo… pero es que me resulta curioso que la falta de apetito sea siempre a mediodía y que luego llegue a la cena con tanta ansia, que además no es sano. No quiero que se ‘acostumbre’ a ese ritmo de comida y luego no ser capaz de enseñarle a comer a su hora, como hacemos el resto en casa.

Lo del sueño es más bien anecdótico, no me preocupa en absoluto pero igualmente me parece curioso. Antes dormía si o sí una sola siesta antes de comer, a eso de la una había caído. Ahora se duerme más tarde, a las dos o después de comer si es que come, y por suerte duerme un poco más que antes. Pero hay muchos días que la hora de comer le pilla con sueño así que no quiere comer, y como se duerme pues se salta la comida.

Madres 2.0, agradezco cualquier consejo o comentario al respecto.

PD: el embarazo em está nublando un pelín la capacidad de razonar, no me lo tengáis muy en cuenta 😉

Crianza

Horarios

No soy una persona organizada. En casa ninguno lo somos, así que era complicado que le inculcásemos al pequeñajo el más mínimo sentido del orden y lo que significa una rutina. Desde que nació y hasta el día de hoy, se duerme la siesta (y por la noche) cuando le da la gana. Para comer sí que solemos hacerlo a la misma hora, pero no es algo inamovible y, por supuesto, su madre es un desastre en lo que a seguir una dieta equilibrada se refiere. Nunca recuerdo si ha comido pollo dos veces esta semana, o cuántos platos de lentejas de la abuela se ha zampado.

Sin embargo y pese al desastre de familia en el que le está tocando criarse, el peque ha creado él solito unos horarios que cumple casi a rajatabla. Por las mañanas se despierta alrededor de las 9 salvo casos excepcionales como que esté malito. Absolutamente todas las mañanas se baja de la cama, me coge de la mano y me lleva a la cocina, y en cuanto ve su biberón preparado se va al salón y se sienta en su sitio del sofá a desayunar. A media mañana toca siesta, siempre sobre las 12:30. A las dos ya está pidiendo la comida.

Por la tarde los abuelos vienen a llevarlo al parque casi todos los días a la misma hora (cuándo termina El secreto de Puente Viejo jajaja) y en cuánto regresan ya sabe que toca baño. Mientras lo seco ya está pidiendo la cena. Y entre las 10:30 y las 11, previo biberón de leche calentita, se queda frito.

Incluso es rutinario para hacer caca. Los cambios de pañal ineludibles son después de desayunar y después de comer. Y eso si estamos en casa, que si está fuera se le cambian los horarios y ya ni tiene hambre ni hace caca ni duerme ni nada.

Es un bicho de rutinas, está claro. Pero a mí a veces me asaltan las dudas y pienso si no sería más normal que tuviera su hora de siesta después de comer, cómo la mayoría de niños a los que sus padres dejan en la cama y se duermen. No concibo cómo haría eso con el peque, la verdad. Quizá lo estemos haciendo mal pero tiendo a pensar que uno, sea pequeño  o grande, duerme si tiene sueño y se despierta cuando ya no lo tiene (salvo que tengas que irte a trabajar), por eso no alcanzo a entender qué beneficio tendría entonces acostarle a dormir cuándo nosotros consideremos adecuado o despertarle de la siesta porque ya ha dormido mucho. Estoy abierta a vuestras opiniones/aclaraciones/explicaciones.

¿Vuestros hijos también tienen sus propios horarios? Anda, contadme.

Compras, Cosas de casa, Crianza

¡Cuántas cosas necesita un bebé! Cap.4: Un sitio para comer a gusto

El pequeño Miguel de Bebé friki ha inspirado esta entrada con sus dudas acerca de qué trona elegir. Es algo en lo que los padres no pensamos hasta que el pequeño no empieza con la alimentación complementaria y que nos pilla por sorpresa. Porque, para qué negarlo, mientras estamos embarazadas las mamis leemos y releemos miles de revistas y artículos sobre cosas que necesitará el retoño, comparamos marcas, prestaciones y precios del cochecito, de la cuna, de la bañera… (si pincháis podéis ver cuales fueron mis elecciones en cada caso) pero la trona queda relegada para después, para cuando haga falta. Y cuando hace falta no sabes por donde empezar a buscar.

Es cierto que necesaria, lo que se dice necesaria, no es. Si te pilla la hora de comer fuera de casa el peque come sentado en su cochecito o en su silla plegable, así que es una opción. Pero no es la más cómoda, la verdad. Así que pensemos que queremos una trona para que el bichejo coma bien sentadito y a gusto en casa. Para empezar hay que elegir entre una trona que se adapte a una silla de casa o una trona alta, con sus patas plegables. Esto es a gusto del personal. Para mí es más cómoda la trona alta, con patas, porque por poneros un ejemplo, aunque comemos en la cocina cenamos en la sala y ahí me resulta más práctico sentarlo en su trona y darle su cena sentada yo en el sofá. Con una trona de las adaptables no sería posible. Pero repito, depende de cada caso en particular.

Una vez decidido esto, pasamos a otro factor importante: reclinable o no. Cuando es muy pequeño reconozco que es más cómoda si se echa hacia detrás, incluso aunque sea más grande para evitar que se remueva demasiado y acabe con medio puré en el pelo. Pero la mía no lo es y nunca lo he echado realmente en falta, la verdad. La bandeja queda ajustada lo suficiente para que el peque nunca quedase muy suelto, y al llevar tirantes de sujeción si el bicho es pequeño y aún no se queda sentado recto, podemos evitar que se vaya hacia adelante. En mi caso la fiera se sentaba estupendamente desde los cinco meses o antes, así que no tuve problemas ni necesité apenas usar los tirantes que digo.

Y pasamos a las decisiones más personales, la marca y el precio. Hay de todo como en botica. Todas las marcas famosas y menos conocidas tienen su trona en el mercado, y de los precios mejor ni hablo. Es un cacharro que se usa a diario, durante mucho tiempo y que se intenta que pase a futuros hermanos, así que no duele gastarse un poco más. Un consejo, que sea sencilla en cuanto a recovecos y esquinas, que los purés se cuelan por todas partes y luego no hay quien la limpie. Y lo mismo en cuanto a los materiales, a más fáciles de limpiar mejor.

Dicho todo esto os enseño la mía, bueno, la nuestra, que va a medias entre la menda y el bicho que la usa 🙂

Con bandeja
Con bandeja
Frontal
Frontal
Lateral
Lateral
Cerrada
Cerrada

Es el modelo Pixi  de Mamas&Papas, regalo de bautizo de nuestra prima María. Se limpia con un paño húmedo de maravilla, incluso en asiento, que no es acolchado pero tampoco incómodo por la forma que tiene. Plegada ocupa muy poco, tampoco pesa mucho y, esto ya es muy personal, a mí estéticamente me encanta. No digo el precio que fue un regalo, pero podéis encontrarla en cualquier tienda de puericultura, por ejemplo aquí y aquí.

Para rematar, aquí os muestro al bicho para que veáis que a él parece gustarle.

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PD: esta entrada no está patrocinada, sólo doy mi humilde opinión.

PD2: la foto de mi bicho es de estas navidades pasadas ¡lo veo taaaan pequeño! Pero es para que veáis que vale desde el primer momento (ahí lleva puestos los tirantes).

Familia, Viajes

Volvemos a la carga

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Quien diga que los que no trabajamos fuera de casa no necesitamos vacaciones se merece una colleja de las gordas.  Esta semana, en la que los que me seguís habéis podido comprobar que he estado totalmente out, ha sido un adelanto, un paréntesis casi obligado, porque no doy para más. Papá Oso no tiene vacaciones hasta septiembre, así que en este mes de infinito calor en el que las calles de Lorca parecen las de un pueblo fantasma los pobres sin casa junto al mar aprovechamos los fines de semana y las tardes para huir en busca de tierras menos asfixiantes. Lo malo es que la rutina en sí misma no cambia. Los  mismos madrugones por las mañanas, comer a la misma hora para que papá se vaya a trabajar por la tarde… Cualquier ama de casa me entiende cuando digo que necesito vacaciones del día a día, de los recados en el súper, de cocinar, de poner lavadoras, de esta reforma que no termina porque aún ni ha empezado….

Entre esta tarde y mañana terminaré el resumen fotográfico de los miniviajes de esta semana, un finde en Caravaca de la Cruz con toda la familia, un plan rural que por cierto recomiendo mucho para niños de la edad de mi fiera, y un día de playa, además de excursiones al parque (a la sombra y sin más niños con los que jugar).

Tengo además a medias un post con mi nueva afición (que para eso tengo tiempo libre, como dice mi cuñada) la costura. Sí, soy el colmo de los tópicos de ama de casa y madre, me gusta cocinar y ahora intento aprender a coser. Porque ya estoy casada que si no sería un partidazo 😀

Y más cosas, pero esas no os las cuento que si no luego ya no os sorprendo. Yo, al contrario que la inmensa mayoría de la población española, sigo al pie de cañón en agosto.  Y perdón por no dar señales de vida estos días pasados, pero a veces se hace imprescindible desconectar para recargar pilas.

PD: La fotografía en el inicio del puente de las 7 millas en la famosa carretera de los Cayos de Florida, de nuestro viaje de novios. Me da sensación de libertad, de cosas por venir.

Crianza, Embarazo, Postparto, Salud, Todo me pasa a mí

Cosas que no son iguales desde que soy madre

Que un hijo te cambia por completo es algo indudable, pero normalmente es una frase que se dice para hablar de cambios sentimentales, más profundos. De lo que no se habla tanto es de cuánto te cambia a nivel diario, menos trascendental y más íntimo. Que sí, que te desvives por tu retoño, que no duermes por las noches y salir de viaje es una odisea, pero además de los clichés típicos de madre hay otras cosas que en mi caso han cambiado y mucho.

Mi piel.

Siempre he tenido una piel difícil. Más que difícil, imposible. Desde que tengo uso de razón el acné me ha perseguido, y de mala manera he logrado librarme de él con tratamientos médicos y una rutina de cuidados y cremas constante. Debe ser lo único en lo que he sido constante en mi vida.  Al principio, durante el embarazo, las hormonas me dieron una tregua, que bastante tenía ya con las náuseas de cada mañana. Yo lo atribuyo a las vitaminas que solemos tomar las embarazadas (las primerizas sobre todo), pero fuese por lo que fuese, me daba gusto hasta mirarme en el espejo. Pero ¡ay de mí! las cosas cambiaron cuando nació el peque. Desde entonces he probado de todo y de todas las marcas y nada, que no volvemos a la normalidad.

Mi pelo

No debo ser la única. He oído mucho eso de que a las embarazadas se les cae más el pelo y cosas así. No ha sido mi caso, para cuatro pelos que tengo sólo me faltaría eso, pero sí es cierto que no encuentro la forma de que mi pelo sea el que era. No hay champú, ni tinte ni nada de nada que me valga.

Mi cuerpo

Que sí, que eso es normal, que soy madre y eso se tiene que notar en algo más que en las manchas de chocolate que llevo en la camisa. Lo curioso es que del embarazo salí como nueva, sin una sola estría, y en dos meses ya pesaba menos que antes de estar embarazada. Y ahora, un año después ¡me están saliendo varices! Increíble….

Mi casa

No consigo recordar que había en el rincón junto al sofá antes de que estuviera lleno de bolas de colores, piezas encajables, una carretilla y un cubo de playa. ¿Lo bueno? Lo que me río cuando abro un cajón de la cocina y me encuentro un pulpo de goma de la bañera, o al sacar una camisa del armario suena una musiquilla desde el fondo del cajón y ¡sorpresa! ahí estaba el oso cantarín desaparecido.

Mi bolso

Hubo un tiempo en el que dejé de llevar bolso. Total, siempre iba con el carro y en su bolsa me cabía de todo ¿para qué colgarme otro al hombro? Ahora que no llevo bolsa en la silla de paseo he recuperado mis bolsos, pero guardo cosas impensables hace un año. Toallitas para la cara, uno de esos botes para los golpes, Dalsy, pañuelos de papel en cantidades industriales, un mordedor, galletas (unas cerradas y otras a medio chupar…). Ni Mary Poppins oiga.

¿Qué más ha cambiado en vuestro día a día desde que tenéis hijos?