Tres no son dos

Recuerdo perfectamente el día que, embarazada de mi pequeño, mi cuñada me envió un enlace a un post de Carmen Osorio No soy una drama mamá en el que hablaba de las diferencias entre tener dos hijos y tener tres. No sabía yo dónde me estaba metiendo. Dieciséis meses tiene mi tercero y puedo corroborar todas y cada una de sus frases: tener (y criar) a tres hijos no es igual que a dos. Aquí no vale lo de “donde comen dos comen tres”, y que conste que no es mi intención ni mucho menos el quitarle las ganas a nadie de ser familia numerosa, porque para mi una familia grande es algo precioso, pero no es sencillo.

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Es imposible que los tres miren a la cámara a la vez, nunca, jamás.

Ya lo he dicho en varias ocasiones, pero el mundo no está pensado para las familias numerosas. Tres sillas no caben en la inmensa mayoría de los coches. Pocos son los hoteles que te facilitan alojarte todos juntos en una habitación. En casa cabemos, pero meter a tres niños en una habitación es un ejercicio que me río yo del tetris. Por muy pocas cosas que tengas, por mucho que intentes abrazar el minimalismo, necesitas tres de todo. Y eso es mucho. Son tonterías, pequeños detalles, que te hacen ver que lo de tener la parejita es lo convencional, lo aceptado. Intentar encontrar ropa igual para los tres aunque sea para un evento especial como una comunión o una boda se convierte en un peregrinar sin éxito de tienda en tienda.

En el día a día el trabajo se multiplica de forma exponencial. La velocidad para tirar juguetes  de tres niños tendría que ser algo objeto de estudio, porque te giras un segundo y ya apenas puedes ver el suelo. Uno solo se dedica a jugar, dos quizá se peleen por un coche o un dinosaurio, cuando son tres se vienen arriba y no hay tregua.

Lo de salir al parque o a cualquier otro lugar merece mención aparte. Si viene papá no hay problema, todo va bien. Tengo que admitir que mis mayores saben ir a mi lado o sujetos a la silla del pequeño para cruzar o si hay mucha gente. Pero vigilar a los tres a la vez en el parque es poco menos que imposible. El pequeño se va corriendo, cuidado que no le den un golpe esos niños con el balón, el mediano quiere que le empujes en el columpio, el mayor a visto a un amigo del colegio y en lo que te despistas se ha ido a la otra punta del parque, que lo ves porque lleva una chaqueta naranja (lo de los colores chillones es genial en estos casos). Espera, ya voy, un momento…. Y así hasta que decides que un paquete de gusanitos no es tan malo si te puede proporcionar cinco minutos sentados todos en un banco.

De vuelta a casa, en la bañera caben los tres (de momento). Saco al pequeño, mientras enjabono el pelo al mayor el pequeño se ha largado en pelotas y mojado al salón. No es una escena inventada, es el pan de cada tarde. ¿Y mi pijama? ¿Y mis calcetines? ¡Ayúdame a secarme mamá! ¡A mí primero!

Pero luego se sientan a cenar y los oyes inventarse chistes o hacer ruidos para que el pequeño se parta de la risa, te acuerdas de cuando han estado jugando con el coche teledirigido que les regaló su padrino y han compartido el mando sin que tu les dijeras nada, los metes en la cama y quieren escuchar un cuento los tres acostados juntos, y el cansancio parece que se alivia un poco. 

Que el pequeño sea un niño de alta demanda no ha ayudado mucho este año y medio desde que somos familia numerosa. En muchos momentos me siento desbordada, agotada no sólo físicamente sino anímica y mentalmente. Me faltan horas de sueño, orden a mi alrededor, algún ratito por pequeño que sea para mí. Pero crecen, crecen muy deprisa, y sé que echaré de menos incluso lo malos momentos.

Si vas a por el tercero, ánimo. Es duro, no voy a decir lo contrario, pero verlos juntos merece mucho la pena.

Besos y abrazos

 

 

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Renovándonos II: el carro

Guille ha venido con montones de cambios y cosas nuevas, y una de ellas ha sido el carro. Embarazada de mi mayor mis padres me regalaron el típico trío, un Jané Muum comodísimo y que ha aguantado dos niños. Pero no dejaba de ser un carro pesado y grande, y pensando en tener que llevar un bebé en el capazo y dos peques más alrededor me parecía que no era el adecuado. Reconozco que desde el principio me había quedado con las ganas de tener un Bugaboo pero en su día nos resultaba demasiado caro, y ahora era la ocasión perfecta.

dsc00801Guillermo ha traído debajo del brazo un Bugaboo Bee que me encanta!!! Vaya por delante que esto no es un post patrocinado sino mi opinión libre, ha sido un verdadero descubrimiento. Es ligero, fácil de manejar, cómodo… y sobre todo muy práctico. Antes de lanzarme investigué un poco acerca de cómo llevar a un recién nacido en este tipo de silla y al final me lancé a la compra de un saco nido (que no capazo) que me pareció perfecto para el uso que le damos y que, llegado el momento, voy a cambiar por un saco normal de silla de paseo. Eso sí, en vista de los precios de estas cosas, lo compré de segunda mano a través de una conocida aplicación de móvil.

dsc00174Como digo para mí lo principal ha sido que no pesa nada, que se pliega muy fácil y que me permite llevar lo mismo al peque que al mayor. Me explico, con apenas un mes de vida volviendo de noche de la feria el peque empezó a llorar y Papá Oso lo llevó un buen tramo en brazos. En vista de que íbamos paseando la silla vacía, quité el saco, lo guardé debajo y voilá! el mayor, que se quejaba de que estaba cansado, ocupó el sitio libre en la silla nueva. Eso, con un trío normal con su capazo rígido e inmenso hubiera sido imposible.

Así que si teníais dudas por el tema del saco blandito ya os digo que se sujeta sin problema, que el peque se duerme muy a gusto (poco, porque los míos no son de dormir en general) y que sí, es caro, pero ojalá lo hubiera tenido desde el primero porque me hubiera ahorrado entre otras la silla plegable.

Y además aunque no es importante se puede elegir la capota y el saco del color que queramos y yo voy súper feliz con mi silla amarillo pollo, que se nos ve desde lejos XD

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Las madres desinformadas

Parece imposible en la era de la información, con cientos de canales en la teley todo lo que queramos saber al alcance de Google. pero resulta que sí, que las madres estamos total y absolutamente desinformadas.

Mi mayor con apenas una semana de vida.  Nos quedaba mucho por aprender, por conocernos. Y lo que aún nos queda.

Mi mayor con apenas una semana de vida. Nos quedaba mucho por aprender, por conocernos. Y lo que aún nos queda.

Cuando nos quedamos embarazadas por primera vez todo son dudas. Vamos al médico/matrona y esperamos obtener respuestas a todas nuestras dudas, pero no siempre es así. Y a veces no preguntamos por miedo o vergüenza, y otras veces las respuestas que nos dan no son ni mucho menos las adecuadas. Luego están todos aquellos que amablemente nos dan su opinión se la hayamos pedido o no. Conocimiento popular lo llaman. Al final, más dudas. Sensación de no saber qué hacer, miedo a equivocarte.

Criando como mejor puedo a mi tercer hijo creo que todas deberíamos salir del hospital sabiendo por ejemplo que no existe eso de que nuestra leche no alimente, que no se acostumbran a los brazos y  que el colecho no es el demonio. Nos falta información, apoyo y ayuda para entender y comprender que los bebés no duermen toda la noche, es lo que hay. Pero es una etapa, pasará. Mejor pasarla sabiendo que es lo natural y no luchando contra ella. Todos los niños no comen lo mismo porque no son el mismo. Tampoco yo como la misma cantidad que mi vecina, ni me gustan las mismas cosa. No son pequeños estrategas que traman como salirse con la suya, ni siquiera saben que son. No son ellos quienes deben adaptarse a nuestro ritmo, nosotros los hemos puesto aquí, lo menos que podemos hacer es ayudarles a formar parte del mundo. Nos necesitan, son dependientes, tienen sus propios gustos y forma de ser.

Me da mucha pena ver cómo nos alejamos de la forma más natural de criar a nuestros hijos y buscamos soluciones fáciles que nos permitan vivir cómo antes de tenerlos. Me da pena y no lo entiendo. Me da pena oír cuántas madres lamentan no haber tenido leche para alimentar a sus hijos. Cuántas pelean para que se coma ‘todo lo que le han dicho’. Cuántas sufren oyéndoles llorar cada noche hasta que ‘aprende’ a dormir.

Y lo peor es que somos nuestras peores enemigas, porque en lugar de darnos consejos, de ayudarnos, nos criticamos. Necesitamos ser tribu, apoyarnos, compartir. Y que la sociedad nos respalde poniendo a nuestro alcance profesionales médicos informados e implicados, educadores motivados, un entorno menos hostil y un discurso más amable hacia los niños que piense en su desarrollo y su bienestar y no sólo en usarlos como individuos consumistas.

Yo hago lo que considero mejor y si creo que puedo ayudar explicando a alguien mi forma de actuar, lo hago. Pero no le digo lo que debe hacer ni si lo hace bien o mal.

Muchas mujeres vivimos la maternidad aprendiendo sobre la marcha, sin que nadie nos explique nada, sin que nos ayuden a expresar nuestras dudas  y a buscar nuestra forma de hacer las cosas. Confío en que la situación está cambiando, lo leo y lo escucho. Y, en lo que puedo, aporto mi pequeño granito de arena.

¿Hemos perdido los padres el control sobre nuestros hijos?

Vinilo vía Pinterest

Vinilo vía Pinterest

Porque son nuestra responsabilidad y por tanto tenemos que controlar lo que hacen ¿o no? ¿O es que nos hemos vuelto tan modernos, tan defensores de su libertad y el ‘dejarles ser niños’ que todo lo que suena a disciplina nos da alergia? Creo, y no es más que mi opinión de madre, que los niños necesitan normas. Así de sencillo. No es coartar su creatividad ni su forma de ser, no es condicionarles ni cortarles las alas, es ayudarles a vivir en sociedad. Porque ellos no saben, porque los niños y los mayores somos egoístas, envidiosos y cobardes, pero también son valientes y generosos cuando se les enseña a ponerse en el lugar del otro, a ser conscientes del efecto y las consecuencias de sus actos, en definitiva a ser personas responsables.

Me resulta curiosos y un tanto preocupante ver cómo padres que han cargado siempre con las responsabilidades de sus hijos, que se han ocupado de ser sus agendas, de hacerles los deberes murmurando sobre sus hombros la respuesta correcta, que les han defendido tuvieran razón o no, que les han permitido ser desordenados, maleducados y respondones porque oye, son niños, ahora vengan sorprendidos porque esos niños han crecido y ya no saben qué hacer con ellos. Claro, es que una salida de tono con cinco años quizá te pueda parecer graciosa (a mí no, la verdad) pero conforme pasan los años la cosa va volviéndose más fea y con quince años a ver cómo le pides que te respete si nunca en su vida le has explicado lo que es el respeto.

En mi casa hay normas, deberes y derechos, para todos. Las cosas no se piden ordenando y en la calle se dice por favor y gracias. A la gente se la trata con respeto, las cosas se comparten porque jugar solos es más aburrido, no se pega y si alguien lo hace se avisa a quien pueda evitarlo. Hay cosas, la mayoría, que pueden decidirse entre todos hablando y llegando a un acuerdo, pero hay otras que las deciden papá y mamá, y punto, es lo que hay. Su papel es discutir y el nuestro decir hasta dónde se puede llegar. Mi mayor tiene cuatro años y sí, todo eso funciona. Pero cansa más que simplemente dejarlos e ir detrás solucionando sus problemas y esperar que mágicamente, cuando crezcan, sepan comportarse.

Quizá os parezca que somos exagerados, exigentes, estrictos. Yo no lo creo.

Besos y abrazos.

 

Así es nuestra rutina del día a día

Buenos días!! 

Hay una cosa que siempre me pregunto cuando leo o veo vlogs de otras madres, y es cómo se organizan en su día a día. Será porque yo soy bastante desastre y me pica la curiosidad saber si soy la única. Así que aunque tengo cinco o seis post en borrador, algunos sólo a falta de unas fotos ilustrativas, he decidido que hoy os voy a contar cómo me las voy apañando yo con mis tres fieras, mi casa, mi carrera y el pobre de Papá Oso que al final es el último en la lista. Por cierto, antes de empezar os adelanto que estoy esforzándome en dar más vidilla a la cuenta de Twitter y de Instagram porque en mis planes a corto-medio plazo está el lanzarme al mundo youtuber y cuento por supuesto con vuestro apoyo.

En mi casa somos muy rutinarios, funcionamos con un horario para todo y si lo rompemos ya vamos perdidos todo el día, en especial mis hijos.

En mi casa somos muy rutinarios, funcionamos con un horario para todo y si lo rompemos ya vamos perdidos todo el día

A lo que iba. Mis días, laborables o no porque al final los fines de semana me acabo levantando igual, empiezan con el agradable sonido de la alarma de móvil a las 7 a.m. En realidad empiezan antes, pero eso os lo cuento más adelante. Digamos que a las siete es cuando comienzo oficialmente tomándome un café con leche laaargo y lo que sea que pille en la despensa. Guillermo no tiene horarios establecidos porque aunque come cada dos horas nunca es cien por cien fiable así que todo va en función de sus deseos, al menos de momento. Alrededor de las siete y veinte se va Papá Oso y yo o bien dejo al peque en el carro o me lo llevo en la hamaca al baño y me ducho y me arreglo. A veces toca lavarse el pelo con el peque llorando, es lo que hay. A las ocho levanto a los otros dos (ya les he preparado sus vasos de leche) y los pobres se arrastran al salón a ver la tele. Los visto, reconozco que casi nunca tengo la ropa preparada la noche antes y eso me cuesta correr, abrir cajones, dar vueltas innecesarias etc. Se lavan los dientes, los peino, preparo las mochilas con su almuerzo. Si Guille está dormido me lo llevo en pijama, si no le cambio el pañal y lo visto. Para no ir con la lengua fuera tenemos que salir de casa antes de menos cuarto. El cole y la guarde están al final de una graaaaan cuesta arriba. El orden para dejarlos depende de como vayamos de tiempo ya que en la guarde no hay horario y en el cole obviamente sí.

A partir de aquí las mañanas dependen del día. Hay días que toca limpieza, doblar ropa, pasar por el súper… o como ayer que tocó ir de compras, ropa de temporada para mí y para ellos. En el tema comida a mí me gusta cocinar así que siempre me complico de más. A mis hijos les gustan sobre todo los guisos y yo no soy muy de fritos. De momento el peque está en modo koala y me deja pocos ratos para hacer nada, así que todo lo intento en los intervalos entre teta y teta, porque dormir duerme poco.

Dos menos cuarto, vuelta a la cuesta a recoger a los peques. Ellos comen antes y para cuando terminan a llegado el papi, se van a ver un ratito de dibus y comemos nosotros. Recogemos la cocina, café, algunas veces alguno se duerme la siesta pero el mayor siempre resiste.

Ya os he dicho que soy muy desastre así que las tardes tampoco tienen ninguna estructura, dependen de las necesidades del momento. Los peques se van a jugar y los demás… a lo que toque. ¿Cuándo estudio? Cuando puedo y me dejan. Tengo entregas los lunes que al final siempre hago los domingos con muchas prisas y más agobios. Los viernes el mayor va al fútbol y después nos quedamos en el parque.

Alrededor de las ocho y con la ayuda casi siempre de los abuelos o los padrinos que a esas horas vienen de visita nos vamos a la bañera, preparo cenas y si todo ha ido bien vemos un trocito de alguna peli de animación hasta como muy tarde las diez que los acompaño a la cama. Lo habitual a partir de aquí es que los deje dormidos a y media y yo esté para el arrastre. Me tomo mi leche fría con colacao, le doy la última tetada a Guille en la cama y caigo como un tronco deseando haber hecho algo para mí, lo que fuese. Hoy tengo la suerte de que guille se ha dormido y por eso podéis comprobar que el post es mucho más largo de lo habitual.

De noche el peque también come cada dos horas y sin saber porqué alrededor de las cinco deja de tener sueño y son muchos los días que me toca acostarme con él en el sofá para que aguante hasta las siete. Necesita brazos, contacto.

Tengo la gran suerte de no estar trabajando y no lo cambiaría por nada. Soy feliz así. Estoy estudiando y quiero trabajar de ello más adelante, es verdad, pero ahora mismo me siento bien con lo que hago cada día. Y admiro a quien además tiene que pasar ocho horas fuera de casa.

¿Me contáis vuestra rutina diaria?

Besos y abrazos.

 

Cambio el chip

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Es curioso cómo funcionan las hormonas en el embarazo. He pasado unos meses digamos regulares a nivel anímico. Me he metido en demasiadas cosas y de pronto me he encontrado con muchos frentes abiertos que me pedían una fuerza de la que no disponía. El embarazo en sí, aunque no diría que esté siendo malo, sí que de momento es el que peor llevo. Las náuseas constantes al principio, más peso y las contracciones en cuanto me esfuerzo un poco no hacen que el día a día sea fácil. Al final, por unas cosas y por otras, he pasado cinco meses con demasiada ansiedad y una actitud negativa hacia prácticamente todo.

Pero como digo las hormonas de las embarazadas son una cosa muy peculiar. Desde ayer, no sé porqué, veo las cosas de otro color. ¿Que tengo una tripa de un tamaño más que considerable? Pues sí, es lo que hay, y si se nota pues es porque llevo dentro un bebé bien hermoso. ¿Que la casa está hecha una leonera? Diré en mi defensa que estamos de medio reforma pero, sobre todo, mi bicho y yo necesitamos descansar. ¿Las vacaciones? La playa la tengo a media hora escasa, este verano toca baños de ida y vuelta (a ver si al menos cojo algo de color).  Y lo más importante de todo, mis hijos han vuelto a ser lo primero es mi vida. No es que hubieran dejado de serlo, pero ha llegado un punto en el que tenía tanto planes a largo plazo, tantos proyectos y todo el tiempo tan planeado que no me había dejado un momento para simplemente dejar las cosas pasar. Terminaré mi carrera y haré las oposiciones (todavía soy joven y antes o después espero trabajar) pero, de momento, mi familia es el pilar de mi vida. Se trata de tomármelo con más calma que, cómo se dice, de todo se sale.

A lo mejor mañana tengo un día gris de nuevo, no lo sé, pero siempre podré volver a leer esto para tener presentes las cosas que de verdad tienen que ser importantes.

Besos y abrazos

Dormir está sobrevalorado

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Hace unos días una amiga me dijo que vaya la que me esperaba cuando naciese el bebé, ahora que ya dormía bien con los dos mayores. Y sólo me salió por respuesta reírme, porque ni mucho menos es esa la realidad de mis noches. El mayor hasta que no cumplió los tres años se levantaba sí o sí cada noche a por agua, pipí o cualquier excusa para venir a nuestra habitación a buscarnos. Como ya os he contado alguna vez tanto con él como con el pequeño el colecho a sido una cuestión de salud, de mi salud mental y física. Ambos son muy difíciles de dormir, duermen poco y se mueven y despiertan a menudo. Desde bien pequeños, con bibe o con teta (he comprobado las dos, una con cada uno) y si en alguno de esos múltiples despertares no me ven empiezan los llantos y las llamadas. Obviamente no me apetecía, a nadie creo, levantarme siete, ocho o yo que sé las veces cada noche y pasearme de la cuna a mi cama, así que la opción fue clara.

El mayor empezó a dormir en su cama alrededor de los dos años. Al principio unas horas y poco a poco cada vez más hasta que ahora, por fin, pasa la gran mayoría de las noches sin despertarse ni una sola vez.

El pequeño ahora comienza a dormirse en la cama con su hermano, porque en la suya no consiente de ninguna de las maneras, y alrededor de las 2 o las 3 de la mañana viene corriendo a mi cama y me llama para que lo suba entre su padre y yo. Sé que debería llevármelo de vuelta, pero con el mayor comprobé que ese método significa levantarme quince veces para nada. Y con ninguno ha sido jamás posible lo de dejarlo dormirse y luego llevármelo a su cama, tienen un sueño tan ligero que siempre que lo he intentado se han despertado. Sé que poco a poco irá durmiendo más horas seguidas, y espero que en algún momento lo haga en su cama, porque su hermano el pobre le hace sitio pero al final apenas caben entre peluches varios.

Cuando nazca el bebé tengo en mente un nuevo experimento, la cuna de colecho. A ver si así me evito el levantarme y seguimos cabiendo todos en la cama, que por mucho que sea grande yo me veo un día durmiendo en el suelo.

Así que el cambio de lo que duermo ahora a lo que dormiré con el bebé claro que será grande, los primeros meses con mis hijos han sido muy duros, de muchas noches sin dormir apenas dos o tres horas, pero a todo se acostumbra una y aunque vaya como una zombie por el mundo, no pierdo la esperanza en que, antes o después, pueda volver a dormir mis ocho horitas seguidas como la gente normal.

¿Qué tal duermen vuestros hijos?

Besos y abrazos