Familia, Viajes

Vacaciones en familia II : Qué ver en Berlín

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El interior de la cúpula del Reichstag. Las vistas son increíbles.

Como ya os conté aquí este año nos hemos liado la manta a la cabeza y nos hemos ido de vacaciones internacionales toda la familia. No hubiera podido hacerlo a la manera tradicional así que para mí un imprescindible ha sido el apartamento a través de Airbnb, por el que por cierto me han preguntado mucho últimamente ya que aquí sigue sonando raro eso de que alguien te alquile su casa con todas sus cosas dentro y que nadie le robe. Pues sí, así fue. Aunque sé que no lo leerás gracias Anke por confiar en nosotros y por preocuparte por que disfrutásemos nuestras vacaciones.

Y ahora a lo que iba, que me lío. Berlín se puede visitar de mil maneras, es una ciudad joven y alternativa y a la vez familiar y tranquila. Pese a ser una ciudad muy grande el transporte publico te permite llegar cómodamente a todas partes, y no nos encontramos con un sólo sitio en el que llevar niños fuese un inconveniente, al revés, las familias con peques no hacen cola en monumentos y museos, todo es accesible con silla de paseo y hay un parque infantil y fantástico en cada esquina.

Ha sido un viaje largo y Berlín tiene mucho que ver así que para que no os asustéis con una entrada larguísima voy a separar entre lo que HAY que ver, lo que sale en las guías de viaje (por cierto nosotros siempre compramos la Lonely Planet que toca y la usamos mucho durante los preparativos), y lo que no sale en ella pero que creo que merece mucho la pena, nuestros imprescindibles de la casa. ¿Vamos?

¿Qué hay que ver?

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Saltando en las ‘camas elástica’ de AlexanderPlatz con un nuevo amigo.

Como teníamos por delante 10 días y a cuestas dos fieras pequeños organizamos los días de manera que visemos algo de la ciudad por la mañana y dedicábamos la tarde simplemente a pasear, a ir a algún parque (hay uno en cada esquina y todos son grandes, muy cuidados y originales, un gusto para los peques y para nosotros). Aunque nos costó un poco nos ayudó mucho adaptarnos al horario, desayunando mucho y bien temprano, comiendo sobre la una y cenando alrededor de las ocho.

Admito que nuestra forma de viajar es especial porque odiamos las masificaciones y los lugares mega-turísticos nos agobian bastante, así que esta vez la “excusa” de ir con los niños nos vino genial para esquivar las multitudes aunque esto suponga ver de pasada uno de los monumentos clave de Berlín como fue la puerta de Brandenburgo. Había muuuucha gente haciendo fotos y posando, muchos grupos de viaje organizado y decidimos que así no valía la pena. Leí después que de noche está más tranquila y más bonita, pero se nos fue pasando.

Sí que fuimos al Reichstag, que era uno de nuestros imprescindibles. Lo ideal es reservar la visita porque si no las colas son considerables, pero en nuestro desastre habitual lo fuimos dejando y al final tuvimos la grandísima suerte de que los alemanes cuiden tanto a las familias que nos hicieron pasar sin esperar cola “por los niños”. Lo mismo nos pasó en el museo de Pérgamo, dónde otro golpe de suerte hizo que mis hijos se durmieses gran parte de la visita. El mayor fue el resto del tiempo entretenido con la audio guía, un truco que me apunto para futuros viajes.

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Monumento al Holocausto

Un IMPRESCINDIBLE así en mayúsculas es el monumento al Holocausto. Una verdadera obra de arte que  con bloques de cemento consigue transmitirte angustia al pasear entre ellos, aunque lo hagas rodeada de gente que chilla y salta y a pleno sol.

La catedral es una de mis espinitas porque no pudimos entrar a verla. Sí, lo sé, ya nos vale en un viaje tan largo perdernos algo así pero el día que fuimos llovía, los niños estaban cansados y revueltos, no hay rampa ni forma de subir que no sea por las escaleras…. Vamos, que es una pena. Si vais, contadme que tal.

No he mencionado el muro, lo sé, pero es que la parte que más nos gustó no es la que sale en las guías y me la guardo para contaros nuestro recorrido por la historia en la siguiente entrada. Sí diré que a ninguno nos gustó el famosísimo East Side Gallery con sus graffitis. Somos raros, lo sabemos, pero no conseguimos encontrarle ningún encanto. Para gustos los colores cómo dicen.

Y hasta aquí llego por hoy. Sé (que os veo en Twitter) que hemos sido muchas las familias que hemos estado estas vacaciones en Berlín así que espero vuestras réplicas.

Besos y abrazos.

PD: además de la guía en papel me fueron de muchísima ayuda estas entradas sobre visitar Berlín en familia, aquí la de Familias en ruta, aquí la de Mamás Viajeras y me dejo algunas, repasaré para una futura edición.

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Vacaciones en familia: Berlín

Berlín es sin duda alguna una ciudad family friendly. A su fama de fiestera y alternativa yo le añadiría la de ser uno de los lugares que más piensan en la comodidad de los niños (y de sus padres). Aunque cada uno organiza sus vacaciones como quiere y puede, os cuento cómo lo hicimos nosotros para intentar disfrutar al máximo de lo que nos ofrecía esta maravillosa capital europea.

El alojamiento.

Reloj mundial en AlexanderPlatz
Reloj mundial en AlexanderPlatz

Con dos niños tan pequeños nuestras necesidades son especiales y por más que busqué y busqué no conseguí encontrar un hotel que las cubriese todas a un precio que pudiera pagar. Podríamos habernos apañado con una habitación pero lo más cómodo era contar con una cocina para desayunar sin prisas y cenar tranquilos en casa, que mis peques no aguantan todo un día de turismo. Una vez vimos claro que lo mejor era un apartamento cambiamos el chip y comencé la búsqueda en las dos grandes páginas e alquileres de casas para vacaciones Wimdu y Airbnb. Al menos por lo visto en mi búsqueda la segunda página cuenta con muchas más viviendas y mejores precios.

Para quien no sepa de lo que hablo se trata de webs en las que particulares anuncian sus viviendas para alquiler por días, semanas etc. Pueden ser segundas viviendas destinadas a este fin o sus propias casas de las que ellos se marchan normalmente en vacaciones y que aprovechan para sacarles un dinerillo. Ese fue nuestro caso. Pese al miedo inicial la empresa responsable cuenta con varios filtros de seguridad tanto para el dueño de la casa como para el que alquila y la experiencia final no ha podido ser mejor. La sensación de estar en un hogar y no en una fría habitación de hotel y el contar con todo lo que podíamos necesitar ha sido perfecto. Encontré un piso de una familia con niños pequeños, lo que además me permitido disfrutar en vacaciones de juguetes nuevos para mis bichos, un baño preparado con cambiador, una trona para el peque… Impensable en un hotel al uso.

La primera mañana buscamos un supermercado para comprar lo más básico (leche, colacao, pan, huevos, yogures…) y con eso nos despreocupamos de las cenas para los niños durante todo el viaje, aunque al final la mayoría de los días cenaban algo de fuera igual que nosotros.

Para moverse por la ciudad.

En casa el mayor suele ir andando a todas partes y para trayectos largos llevo un patín adosado a la silla

Alucinando con las Puertas de Istar en el Museo de Pérgamo. Bendita silla.
Alucinando con las Puertas de Istar en el Museo de Pérgamo. Bendita silla.

de paseo. Pero claro, aquí hablábamos de pasar el día entero fuera de casa, incluyendo las siestas. ¿Y si buscamos una silla gemelar? Tras un par de días buscando en páginas de segunda mano dí con ésta oferta en Mainada y ha sido otro de los grandes aciertos del viaje. Hemos caminado muuuucho, se han dormido todos los días después de comer y nosotros hemos podido aprovechar esos ratos para seguir con el viaje, con cosas que a ellos les aburrirían.

En cuanto al transporte público en Berlín hay metro, tranvía y bus, puntuales y accesibles con niños. Aquí podéis ver todos los bonos y precios y elegir el que más convenga. en nuestro caso, que fuimos 10 días y sabíamos que no íbamos a entrar a todas las visitas turísticas, descartamos la Welcome Card y optamos por un abono normal de siete días. Los menores de seis años no pagan ni en transportes ni en ningún sitio a que nosotros entramos (museos, monumentos, zoo etc).

Un consejo

Rio Spree. Catedral de Berlín.
Mirando el río. Al fondo la Catedral de Berlín.

No quiero aburriros así que me guardo para una segunda parte el recorrido por los sitios que más nos han gustado, pero me voy a permitir un consejillo para quien esté pensando un viaje a Berlín en familia: organización. Hay montones de cosas para ver, tanto las imprescindibles que salen en las guías como otras que hemos ido descubriendo. Y no hemos podido verlas todas. Y un segundo consejo más importante si cabe: paciencia. Con los niños las cosas van a otro ritmo, al suyo. Y los viajes también. A nosotros no nos gusta ir corriendo por la ciudad como turistas sino tratar de vivirla como el resto de sus habitantes. En el próximo capítulo os cuento más.

Besos y abrazos.