Familia, Viajes

Volvemos a la carga

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Quien diga que los que no trabajamos fuera de casa no necesitamos vacaciones se merece una colleja de las gordas.  Esta semana, en la que los que me seguís habéis podido comprobar que he estado totalmente out, ha sido un adelanto, un paréntesis casi obligado, porque no doy para más. Papá Oso no tiene vacaciones hasta septiembre, así que en este mes de infinito calor en el que las calles de Lorca parecen las de un pueblo fantasma los pobres sin casa junto al mar aprovechamos los fines de semana y las tardes para huir en busca de tierras menos asfixiantes. Lo malo es que la rutina en sí misma no cambia. Los  mismos madrugones por las mañanas, comer a la misma hora para que papá se vaya a trabajar por la tarde… Cualquier ama de casa me entiende cuando digo que necesito vacaciones del día a día, de los recados en el súper, de cocinar, de poner lavadoras, de esta reforma que no termina porque aún ni ha empezado….

Entre esta tarde y mañana terminaré el resumen fotográfico de los miniviajes de esta semana, un finde en Caravaca de la Cruz con toda la familia, un plan rural que por cierto recomiendo mucho para niños de la edad de mi fiera, y un día de playa, además de excursiones al parque (a la sombra y sin más niños con los que jugar).

Tengo además a medias un post con mi nueva afición (que para eso tengo tiempo libre, como dice mi cuñada) la costura. Sí, soy el colmo de los tópicos de ama de casa y madre, me gusta cocinar y ahora intento aprender a coser. Porque ya estoy casada que si no sería un partidazo 😀

Y más cosas, pero esas no os las cuento que si no luego ya no os sorprendo. Yo, al contrario que la inmensa mayoría de la población española, sigo al pie de cañón en agosto.  Y perdón por no dar señales de vida estos días pasados, pero a veces se hace imprescindible desconectar para recargar pilas.

PD: La fotografía en el inicio del puente de las 7 millas en la famosa carretera de los Cayos de Florida, de nuestro viaje de novios. Me da sensación de libertad, de cosas por venir.

Crianza, Familia, Viajes

Niños ‘todoterreno’

Visita a la Catedral de Toledo

Desde que nació mi bicho nunca ha tenido problemas para adaptarse a las más diversas situaciones. Con más o menos ayuda se duerme en dónde le pille, no le importa comer potitos comprados o comida casera (de hecho come de todo y mucho), le he cambiado el pañal en los lugares más insospechados y nunca ha pasado por esa fase de extrañar a los desconocidos. Es lo que yo llamo un niño todoterreno. No hay nada que le rodee que le impida estar a gusto.

Sé sin embargo que esto no es lo habitual. Sé que los niños normalmente no están a gusto con extraños y menos si no están cerca sus padres, sé que se ponen más nerviosos fuera de su ambiente habitual, que comen peor, duermen peor  si no es en su cama…

Y entonces me pregunto si los niños todoterreno ¿nace o se hacen?

El peque ha sido así desde que nació, pero es cierto que ha estado siempre rodeado de mucha gente, ve a sus abuelos y a sus padrinos a diario, hizo su primer viaje con sólo cinco meses (más de 400 kilómetros de coche ida y vuelta), y nosotros nunca hemos tenido miedo de llevarlo a todas partes y adaptarnos a lo que nos fuese pidiendo el día. El dormir fuera lo hace más fácil el colecho, para qué negarlo. Y las comidas… no sabría decir si es sólo porque él es así o porque nunca le hemos forzado a comer, a pesar de qué a veces, si no quería desayunar o merendar, no faltaba quien nos dijese que eso no podía ser, que tenía que comer sí o sí. Menos mal que no hemos hecho caso. Tampoco nos ha importado incorporarle a cualquier plan aunque a priori no pareciese cómodo para hacerlo con un bebé. Siempre hay quien te dice que con niños no se puede viajar, que no puedes ver nada, que es un lío porque tienes que llevar mil cosas… Claro, al final no sé si el niño lo llevará bien o no, pero si los padres van con ese ánimo no lo van a disfrutar, eso seguro.

¿Será entonces que todos los niños son así, y son los padres los que no son nada todoterreno?

¿Cómo son vuestros hijos, se adaptan fácilmente a lo que les viene o les cuesta salir de su rutina?

PD: en la imagen el bicho y aquí la que escribe visitando la Catedral de Toledo. Sí, logramos verla y escuchar enterita la audioguía, aunque reconozco que sufrimos un pequeño susto cuando al personaje se le ocurrió intentar huir hacia el altar a gatas. Hay que tomárselo con humor… y mucha paciencia.

Alimentación, Familia, Viajes

¡Vaya semanita!

No me puedo creer que al fin sea domingo. Llegamos de Toledo el viernes para la cena y el sábado después de comer ya estábamos saliendo camino de la iglesia para una boda, así que esta mañana el peque ha dado tregua y nos ha dejado dormir hasta las diez. No nos podemos quejar. Como contároslo todo sería insufrible, os resumo lo más importante.

Una semana de viaje con un bebé de 11 meses.

Cuando cambias la rutinas diarias y el lugar en el que «vives», el resto de rutinas también se alteran. Y los niños se alteran que da gusto. El peque algunos días desayunó y otros no, pasó a cenar mucho más tarde y se ha pasado gran parte del día caminando (tengo la espalda rota) y saltando en la cama.Yo aproveché para cambiar la cena de biberón por una cena ‘de verdad’, y ha triunfado, cenaba encantando, con postre incluido.

Por muchas cosas que lleves en la maleta, siempre te sobrarán mil y te faltarán otras mil. Por ejemplo, pañales. El peque se puso malito con diarrea los últimos dos días y nos quedamos sin pañales en el viaje de vuelta, suerte que coincidimos en el restaurante con otro peque de la misma edad y su madre me dio un par de pañales para sobrevivir lo que nos quedaba de camino.  Ya en casa compramos la crema reparadora de Avene para el culito, que lo lleva en carne viva, y probióticos para frenar la diarrea. Y estoy pensando que quizá el próximo paquete de pañales sean Dodot Básicos, ya que son los que nos prestaron y le van muy bien. Os contaré si los pruebo de nuevo.

Para elegir hotel cuando vas con un bebé hay que mirar detalles que antes no tenías en cuenta. La mayoría tienen minibar, práctico para guardar sus potitos, etc, pero no hay casi ninguno con microondas, y no sé porqué, ya que sería extremadamente cómodo. En EEUU todas las habitaciones tienen, sería algo que vendría bien empezar a traer. También es más cómodo un baño con bañera que con plato de ducha.  Las dos veces que he ido a un hotel con el peque hemos elegido régimen de alojamiento y desayuno porque nos parece más cómodo desayunar tranquilos, a veces el peque ha bajado incluso en pijama, y salir directamente a pasear sin tener que buscar un lugar dónde tomarnos un café. Si toma biberón te calientan allí la leche, si no, como nosotros en esta ocasión, he aprovechado para que desayunase zumo o galletas del buffet.

El destino es en realidad lo de menos, no creo que haya un sitio mejor que otro. Toledo tiene cientos de cuestas empedradas, lo peor cuando empujas una silla de bebé, y sin embargo no me ha resultado molesto o incómodo en general. Eso sí, no pretendáis recorrer trayectos demasiado largos, hacer jornadas maratonianas o visitas culturales tranquilas. Mejor seleccionar lo que más os interese y tener en cuenta que en cualquier momento podéis tener que cambiar de plan. Lo importante es pasarlo bien en familia.

Si vais a pasar por Toledo estas vacaciones y queréis información, encantada de ayudaros.

¡Abrazos!

Familia, Viajes

Sí se puede (pero cansa)

Cómo sobrevivir a un viaje con un bebe de once meses

Prólogo: el viaje

1. Tu hijo marca el ritmo.

Antes de salir de viaje con un bebe tienes que tener una cosa muy clara, él marca el ritmo. Y no sólo para el trayecto en coche, sino para todo el viaje. En teoría es una idea lógica, sencilla, pero no lo es tanto en la práctica, porque a él no va a importarle que estés deseando llegar al hotel o que hayáis parado tres veces en la ultima hora. Es más, acabarás cediendo quieras o no así que mejor si lo haces convencida de que es lo mejor y no rendida ante sus lloros.

2. Lleva sólo lo necesario.

A menos que vayas de vacaciones a un paraje inhóspito en todos los pueblos hay al menos una farmacia y un supermercado, así que no vayas cargada como una mula. Ni potitos ni fruta, como mucho la leche y los cereales, y eso sí, mucha agua.

3. Adáptate.

Hay situaciones imprevisibles en las que sólo puede ponerte un bebé, y más te vale que estés dispuesta a no tener vergüenza si tienes que cambiar un pañal en el sitio más insosoechado. Nadie te va a mirara mal, tranquila.

4. Viajar en familia no es como viajar sólos.

Que está muy claro pero una vez metidos en faena se nos olvida y queremos ver cuatro museos antes de comer y dos iglesias por la tarde. Pues va a ser que no. Hay que desayunar a su hora, dormir la siesta y buscar un parque en el que merendar. Todos lo agradeceréis, y siempre es mejor ver dos cosas a gusto que seis de mal humor.

5. Y disfruta porque con tus hijos cualquier viaje será una experiencia inolvidable.

PD: perdonad si fallan los títulos o las negritas pero aún me estoy haciendo a editar desde el tablet.

Viajes

Las primeras vacaciones en familia

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Recién casada recuerdo que todo el mundo nos decía que esperásemos para tener hijos, que éramos jóvenes, que luego ya no podríamos hacer muchas cosas. Una de ellas era viajar. Se supone que con hijos no se puede ir de vacaciones, y cuando supimos que estaba embarazada fue uno de nuestros primeros miedos. A Papá Oso y a mí nos encanta viajar, y aunque no hemos tenido muchas oportunidades de ir lejos, sí que solemos (solíamos) darnos nuestras escapaditas de vez en cuando.
 
Por supuesto, lo hemos seguido haciendo con el peque. La semana que viene estamos oficialmente de vacaciones, y desde que pusimos la fecha estoy dándole vueltas al tema del destino. Hay que joderse fastidiarse cuantos sitios hay en el mundo y cuántas vueltas damos las mamis para cualquier cosa.
 
 
La idea ha sido desde el principio unas vacaciones rurales, y las primeras opciones fueron la Selva Negra de Alemania o la Toscana italiana. Sitios cercanos vamos. Pero por ese entonces estábamos liados con el tema del coche y haciendo cuentas decidimos descubrir alguno de los maravillosos paisajes de nuestra tierra española. Que de viajes largos nada, que el avión está caro.
 
Resumiendo, que al final hemos decidido ir a Toledo, que estaba en nuestra lista de ciudades españolas que nos gustaría conocer, no nos pilla muy lejos y dicen que el Castilla no se come nada más (a la porra la operación bikini). Nos vamos para comer de camino y volveremos el viernes, pero me llevo mi nueva tablet 🙂 para no dejar de actualizar, ya buscaré un ratito a la hora de la siesta.
 
 
PD: Tengo alguna información guardada para organizar el viaje a la Selva Negra y a Toscana, por si alguna os los planteáis como destinos de vacaciones.
 
Compras, Moda, Viajes

Compras para el verano

No tengo remedio. Voy de compras para renovar un poco mi armario, que la ropa de antes de ser mami ya no me queda igual de bien, y vuelvo sin nada para mí y con dos bolsas de cosas para el peque. Eso sí, todo súper necesario y monísimo, eso por descontado. Menos mal que Papá Oso también encontró algo para él y así me libré de la reprimenda. ¿Queréis verlo todo?

Empiezo por los zapatos. Sé que le duran poquísimo, pero nos han regalado/prestado tantos que creo que sólo tenía un par suyos. Las zapatillas de deporte ¡me encantan! Y andaba loca buscando unas así para el peque. Los azules son grandes, ya para el otoño, pero estaban baratas jajaj

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Me encantan estos conjuntos de algodón que lo mismo valen de pijamas que para estar ancho por casa e incluso para bajar a la compra sin tener que arreglarlo mucho. Los dos primeros son de Alcampo, a 4 euros cada uno. El resto de Decathlon, un poco más caros pero la tela es más fuerte y aguantarán más el paso del tiempo. El chándal fue un capricho, lo reconozco, pero me venía de perlas para los paseos por el campo de las vacaciones (qué poquito nos queda!!!).

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Y para terminar una camiseta de Zara con Batman, que a su padre le encanta, y un polo para cuando haya que parecer de mejor familia, de Sfera.

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Por cierto, esta próxima semana nos vamos de vacaciones, así que antes de irnos os contaré un par de cosillas sobre el sitio elegido y el arduo proceso de hacer la maleta.

¡Abrazos!

Crianza, Viajes

Mirando al frente

Al bicho no le gusta la silla del coche. No le gusta nada de nada, cuando ve que voy a sentarlo se estira, se pone tieso y arranca a llorar hasta que encuentro algo con lo que entretenerlo, que suele ser el biberón de agua. Sin embargo ahora la cosa ha cambiado. Con la excusa de que tenía que poner la silla en el coche nuevo aprovechamos (fue idea mía, la verdad) para darle la vuelta y poner al peque mirando en el sentido de la marcha. Y además, ya que estaba, lo puse en el asiento central, porque tengo el recuerdo de haber leído en alguna parte que éste asiento es mejor en caso de choque, ya que no se queda aplastado contra los asientos delanteros.

Bueno, pues todos estos cambios han sido providenciales. No es que le encante, pero se queda sentado igual que en la silla de paseo. Desde su nueva posición no se siente solo porque nos ve a Papá Oso y a mí, además imagino que viajar hacia atrás debe marear un poco, y tiene que ser muy aburrido no ver más que el asiento del coche y un pequeño trozo de ventanilla durante todo el viaje.

De cara a las vacaciones que se acercan y que ya os contaré, estamos más que felices mirando todos al frente. 🙂

PD: Vía Pinterest, una de esas carreteras por las que yo no me cansaría de conducir.

Compras, Familia, Pareja, Viajes

Uno más en la familia: ¿coche nuevo?

Con la llegada de un nuevo miembro a la familia una de las cuestiones que surgen en casi todas las ocasiones es la falta de espacio en el coche. Los peques ocupan mucho aunque no lo parezca, y cuando sales con ellos necesitas millones de cosas que no siempre caben en el maletero. Si tienes suerte y tu coche es más o menos grande no tendrás problemas, al menos con el primer niño. Con el siguiente, y si tu coche es un tres puertas pequeñito y cómodo para cuando ibais los dos solos a la compra, empiezan las dudas. ¿Necesitamos cambiar de coche? Y si es así ¿cuál deberíamos comprarnos?

Nosotros tenemos dos coches, un Ibiza de hace 12 años de Papá Oso, y un Dacia mío. Ninguno lo compramos nosotros, así que nos valían. El Dacia va sobrado de maletero y es cómodo por altura para meter y sacar al bicho de su silla (que ocupa medio asiento de atrás), pero el Ibiza iba un poco más escaso. El maletero es mínimo, cabe la estructura del Muum y hasta ahí, es más bajo y si ponemos la silla del coche mi asiento va tan hacia adelante que apenas quepo, y eso que soy bajita. Así que teníamos un coche que sí y uno que no.

Desde que nació el peque estábamos (Papá Oso sobre todo) viendo coches, más por las ganas de estrenar uno nuevecito y a nuestro gusto que por necesidad real, si bien es cierto que nos animaba aún más la creencia de que ahora que el peque viaja con nosotros teníamos que llevar un coche con suficiente seguridad en caso de accidente y lo más agradable posible si queríamos salir algún día de vacaciones. ¿El problema? Fácil, el precio. Os cuento lo que vimos, los pros y los contras… y la solución final.

Hay tantos tipos de coches como familias, y si empiezas te vuelves loco. Si buscas espacio, olvídate de los tres puertas, y de los compactos tipo Opel Corsa, a menos que llevan el prefijo SW. Con uno de estos tienes un precio más ajustado y un buen maletero, aunque con un espacio interior normal. Más grandes, las berlinas, los coches largos como dice mi madre. Si son 4 puertas, el maletero es más profundo pero menos modulable ya que no puedes llenar el coche hasta el techo como en un 5 puertas. Los monovolúmenes compactos, un Toyota Verso por ejemplo, están de moda y lo tienen todo, pero te tienen que gustar. y consumen algo más. Un crossover, como el qasqai, es más alto y cómodo, pero el maletero engaña y no da para tanto como parece, y ya si le pones las 7 plazas lo pierdes del todo. Para eso, un monovolumen de toda la vida, pero como digo te tienen que gustar estéticamente. Si tienes o quieres tener familia numerosa hay que ver que quepan tres sillas atrás, que no pasa en todos incluso sin el isofix, y que tengan tres plazas atrás diferenciadas y no dos y media, pues hay creo que dos o tres.

Lo dicho, un mundo. Al final, cuando nos habíamos rendido porque el sueldo no daba por más vueltas y cuentas que hicieramos, y tampoco veíamos un modelo claro que nos cuadrase del todo, llegó la solución de manos de mi suegro, que encontró un Opel Astra 4 puertas de segunda mano, sin apenas kilómetros y muy bien cuidado (está como nuevo, dicho por nuestro mecánico de confianza) por el mismo dinero que íbamos a pagar sólo de entrada de un coche nuevo. Maletero de sobra, espacio de sobra, fiable, cómodo, con potencia, con chorraditas de las que le gustan a Papá Oso y barato.

No he medido si caben tres sillas en el asiento de atrás, pero es pronto para esas cábalas. De momento, la primera semana de junio nos vamos de vacaciones rurales con el coche nuevo, ya os contaré cómo hemos previsto esta primera salida larga con el bicho.

¿ Cambiasteis de coche con la llegada del bebé?