Compras, Crianza, Todo me pasa a mí, Viajes

Cuando viajar no es un placer

Lo primero perdón por el parón, pero como ya os comenté el peque estaba enfermo y nos ha arrastrado a Papá Oso y a mí, que por supuesto estamos muuuucho peor de lo que llegó a estar él. Por suerte ha dejado de tener mocos y tos y ahora sólo tiene algo de diarrea para lo que la pediatra me ha dado muestras de crema de arroz, así que creo que estoy lista para volver.

Pese a la enfermedad común, este fin de semana hemos tenido que salir de viaje para asistir al 50 cumpleaños de mi suegra.  Cómo toda la familia es de Cartagena, nos ha tocado a los pocos de aquí desplazarnos, y de ahí viene el título de esta entrada, porque el peque ODIA la silla del coche. No entendemos por qué, pero en cuanto ve que lo intentamos sentar se pone tieso, se nos agarra del cuello y cuando conseguimos sentarlo empieza a llorar y a retorcerse desesperado. Al final siempre acaba por caer rendido a las vibraciones del coche y se duerme pero no sin antes agotarnos la paciencia, sobre todo porque no sabemos qué le pasa. No parece que vaya incómodo, yo voy sentada a su lado hasta que se duerme así que no se siente sólo,  y también dudo mucho que se maree porque si consigo que se calme con el biberón del agua se queda más o menos tranquilo.

Según Papá Oso, la silla del coche es el único sitio en el que cuando nos reclama no acudimos, y que es eso, unido a que normalmente si hacemos el viaje de noche cuando se despierta se encuentra sólo y a oscuras, lo que le provoca ese odio tan peculiar.

¿A alguien más le pasa? ¿Se os ocurre alguna solución? Porque nos encanta hacer viajes en coche, rutas y eso, y no quiero dejar de hacerlo.

PD: tenemos la silla Eletta marca Chicco, sólo para que conste.

Crianza, Todo me pasa a mí

Cosas de mi bicho

Al peque le encanta aporrear nuestros portátiles y morder mi ratón. Es vernos que abrimos el ordenador y viene a gatas muerto de la risa. Lo del ratón es peor, porque si lo llena de babas por donde el usb no funciona hasta que se seca, y si lo muerde por los botones con el dientecillo le arranca la pintura. Hoy  ha tenido uno de esos días infinitos en los que Papá Oso y yo creemos morir, no ha dormido siesta y ha estado especialmente activo, no sé porqué, a pesar de que esta mañana hemos tenido piscina. Incluso cuando lo hemos dejado en la cuna a ver el resultado de bajarle el colchón se ha dedicado a hacer pequeños agujeritos en la madera blanca con el diente. A este ritmo no le dura, lo desgastará antes de que le salga el siguiente.

Y ahora me voy, que para sentir que seguimos siendo personas hemos invitado a unos amigos a cenar tranquilos en casa. Lo de tranquilos está por ver, que el bicho se acaba de dormir, pero no creo que dure. ¡Buenas noches y feliz domingo!

Compras, Crianza, Todo me pasa a mí

Colecho con seguridad

Ya van dos días que me despierto de un salto para rescatar al peque de una caída inminente  Duerme mal, yo peor, así que por la mañana cuando Papá Oso se va a trabajar el bicho se queda despierto y yo más que dormida, y el tío se dedica a gatear por la cama buscando la forma de irse con papi. La primera vez me lo encontré trepando a la mesita de noche, la siguiente a un paso del borde de la cama y por tanto del suelo. Además la caída es grande, que mi cama está muy alta, cosa de los suecos.

Al final hemos decidido que la única solución, ya que yo no me veo con fuerzas de despertarme a las 7 todas las mañanas, que luego el bicho se duerme de nuevo pero yo no, por donde iba que la solución es que papi ponga una de esas barreras de niños en su lado de la cama cuando se levante. Más trastos que comprar. Y yo que estaba tan feliz porque todo el mundo me decía que el colecho era peligroso, que el peque podía meterse debajo del nórdico y asfixiarse o yo que sé que cosas, y ahora resulta que sí que va a ser peligroso. A mi favor, reconocer que nunca se ha metido debajo del nórdico, ni de más pequeño ni ahora que se menea más.

En cuanto al colecho en sí, que tantas opiniones suscita ¿qué os parece a vosotras?

Todo me pasa a mí

El desastre que llevo dentro

Soy un desastre de persona. Así, en general. Papá Oso me lo repite mucho, como para que no se me olvide, no sea que me relaje y sea más desastre todavía. Hay días mejores, en los que me levanto con planes perfectos para hacer millones de cosas, todas muy bien organizadas en mi cabeza, pero la verdad es que casi nunca terminan como yo pensaba. Y hay días que no doy pie con bola. Son los más comunes. Lo bueno, el bicho todavía no se ha dado cuenta de la que le ha tocado por madre. Lo malo, que lo notará más temprano que tarde.

Hoy tengo uno de los días más normales, de los que no atino, así que voy a aprovechar para contaros un poco más sobre mí. Lo primero es que me encanta hacer listas de cualquier cosa.

1. Voy a hacer una lista de 10 cosas sobre mí.

2. En casa siempre voy descalza, sea verano o invierno.

3. Por orden, mis comidas preferidas son las lentejas, las patatas en todas sus versiones y el chocolate negro,

4. Devoro libros, pero tengo un vacío desde que acabó Harry Potter que aún no he encontrado con qué llenar.

5. Me encantan los gatos.

6. Mi sueño sin realizar es escribir una novela. estoy en ello.

7. Siempre he querido tener 5 hijos. no, no va a ocurrir.

8. Mi película favorita es Grease.

9. Me dan pánico las arañas.

y 10. No sé montar en bici.

Anda, contadme algo sobre vosotras, que no sea yo la única rara hoy por aquí 🙂

 

Cosas de casa, Crianza, Todo me pasa a mí

Súper-poderes de papas

Al bicho le está saliendo la segunda pala de abajo, apenas una semana después de la primera. La fiebre de hace unos días se fue tal y como vino, aunque ahora me ha dejado al peque llenito de mocos y rabioso por morderlo todo. Ya no puedo dejarle que me muerda el dedo porque cuando me pilla con el dientecillo fuera veo las estrellas.

A lo que iba, que después de este mes tan chulo que nos estamos pegando de malas noches y tardes laaaargas, que para colmo llueve y no podemos salir al parque a ver a los niños correr, he decidido sacar el kit de súper-héroe, la capa y el antifaz que te dan con el carnet de padre y la cartilla de vacunación. Y haciendo uso de mis súper-poderes hoy voy a poder mantenerme en pie a pesar de llevar semanas sin dormir en condiciones, ni siquiera mal. A veces sin dormir a secas.

No a todos los padres nos tocan los mismos súper-poderes. Sería un aburrimiento y poco práctico, porque cada bicho requiere una actuación  personalizada. En nuestro caso, Papá Oso y yo hemos desarrollado:

  1. Dormir con los ojos abiertos. Muy práctico para los papis que colechan, porque sin despertarte del todo puedes atrapar al bicho que gatea por encima del nórdico, encontrar el chupete entre las sábanas, recolocarlo todo en posición de sueño y hala, a seguir. No estás dormido del todo, pero creo que eso del sueño profundo es un invento de las marcas de colchones.
  2. Repertorio infinito de muecas, voces y ruiditos graciosos y/o enervantes. Creo que este es común a todos los que tienen hijos, a veces  se extiende a abuelos, tíos, primos, etc.
  3.  Brazos de hierro y espalda irrompible. Al peque le pesa el culo, alrededor de los 9 kilazos, y según el día y lo pachucho que esté, lo único que le consuela son los brazos y que quien lo sostenga esté de pie. Ese debe ser un súper-poder de bebé, reconocer cuando quien te lleva se sienta, aunque el peque esté en el quinto sueño. Algo así como un sensor de altura que activa el llanto automáticamente. Un por culo, dicho muy mal y pronto. Además ahora que sabe coger las cosas, lanzarlas al suelo, y hacer el ruido de “oye, que se me ha caído, ¿me lo das?” Papá Oso y yo doblamos el espinazo del orden de medio millón de veces por hora para recoger juguetes varios o lo que pille a mano.
  4. Multiplicación de manos. Está bien, porque cuando te sientas en una cafetería con el bicho en brazos, tratas por todos los medios de que no caigan al suelo las tazas, las cucharas, el servilletero… pero al final no sirve para nada. Todo cae, todos se manchan, tú pides perdón al camarero veinte veces roja como un tomate, el bicho disfruta de lo lindo y hala, para casa.

 

Al final aún con todo esto la mayoría de los papis nos arrastramos durante el día entre una neblina somnolienta para hacer recados, trabajar, hacer la compra, jugar con el bicho y, si hay suerte, ver media película antes de derrumbarnos en la cama. Maravillosa rutina.

Todo me pasa a mí

Un día cualquiera

El día que tienes el cesto de la ropa sucia hasta arriba y has decidido que, puedas o no, vas a poner la lavadora. Ese día que has pensado que sería buena idea meter los biberones y los platos del peque en el lavavajillas a ver si con el agua tan caliente se desinfectan mejor. Para una vez que piensas «no voy a salir, ya me lavaré el pelo esta noche». Y, como no, la tarde que el bicho decide que los cereales con fibra le hacen efecto y se mancha hasta la espalda.

Ese día, justo ese, cortan el agua 12 horitas de nada.

No hay emoticono ni imagen capaz de ilustrar esa sensación.

PD: Hay que joderse…..

Cosas de casa, Todo me pasa a mí

No se puede

No se puede estar escribiendo una entrada para el blog mientras fries patatas y vigilas al bicho por el rabillo del ojo, porque al final las patatas se convierten en una masa demasiado tostada por un lado y medio cruda por otro, el post tiene frases que acaban con un «no, eso no se coge» que no viene a cuento y el bicho mientras chupando el ratón del portátil de Papá Oso. Necesito al menos un par de brazos más.