Cosas que no son iguales desde que soy madre

Que un hijo te cambia por completo es algo indudable, pero normalmente es una frase que se dice para hablar de cambios sentimentales, más profundos. De lo que no se habla tanto es de cuánto te cambia a nivel diario, menos trascendental y más íntimo. Que sí, que te desvives por tu retoño, que no duermes por las noches y salir de viaje es una odisea, pero además de los clichés típicos de madre hay otras cosas que en mi caso han cambiado y mucho.

Mi piel.

Siempre he tenido una piel difícil. Más que difícil, imposible. Desde que tengo uso de razón el acné me ha perseguido, y de mala manera he logrado librarme de él con tratamientos médicos y una rutina de cuidados y cremas constante. Debe ser lo único en lo que he sido constante en mi vida.  Al principio, durante el embarazo, las hormonas me dieron una tregua, que bastante tenía ya con las náuseas de cada mañana. Yo lo atribuyo a las vitaminas que solemos tomar las embarazadas (las primerizas sobre todo), pero fuese por lo que fuese, me daba gusto hasta mirarme en el espejo. Pero ¡ay de mí! las cosas cambiaron cuando nació el peque. Desde entonces he probado de todo y de todas las marcas y nada, que no volvemos a la normalidad.

Mi pelo

No debo ser la única. He oído mucho eso de que a las embarazadas se les cae más el pelo y cosas así. No ha sido mi caso, para cuatro pelos que tengo sólo me faltaría eso, pero sí es cierto que no encuentro la forma de que mi pelo sea el que era. No hay champú, ni tinte ni nada de nada que me valga.

Mi cuerpo

Que sí, que eso es normal, que soy madre y eso se tiene que notar en algo más que en las manchas de chocolate que llevo en la camisa. Lo curioso es que del embarazo salí como nueva, sin una sola estría, y en dos meses ya pesaba menos que antes de estar embarazada. Y ahora, un año después ¡me están saliendo varices! Increíble….

Mi casa

No consigo recordar que había en el rincón junto al sofá antes de que estuviera lleno de bolas de colores, piezas encajables, una carretilla y un cubo de playa. ¿Lo bueno? Lo que me río cuando abro un cajón de la cocina y me encuentro un pulpo de goma de la bañera, o al sacar una camisa del armario suena una musiquilla desde el fondo del cajón y ¡sorpresa! ahí estaba el oso cantarín desaparecido.

Mi bolso

Hubo un tiempo en el que dejé de llevar bolso. Total, siempre iba con el carro y en su bolsa me cabía de todo ¿para qué colgarme otro al hombro? Ahora que no llevo bolsa en la silla de paseo he recuperado mis bolsos, pero guardo cosas impensables hace un año. Toallitas para la cara, uno de esos botes para los golpes, Dalsy, pañuelos de papel en cantidades industriales, un mordedor, galletas (unas cerradas y otras a medio chupar…). Ni Mary Poppins oiga.

¿Qué más ha cambiado en vuestro día a día desde que tenéis hijos?

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Julio es nuestro mes

Julio, que arranca hoy, es un mes muy importante es nuestra familia. Porque prácticamente todas las celebraciones nos coinciden en los próximos 31 días. Es casualidad que Papá Oso y yo celebremos a la vez el santo (ahora también el peque) y aún más casualidad que su cumpleaños y el mío sean también en julio con una semana justa de diferencia. Cosas de familia, mi cuñada, mi suegro y mi madre también comparten santo con nosotros. Ya puestos dijimos “Pues nos casamos en julio”. Y hala, otra celebración. Y el remate vino cuando me quedé embarazada, nada planeado, y al hacer cuentas la fecha de parto caía a finales de junio, aunque al final el peque decidió que tenía prisa y vino el 11, pero en julio, faltaría más. Así sin quererlo tenemos un mes de lo más completito en el que nos gastaremos sin problemas la paga extra en regalos, tartas y comidas familiares. Luego está el problema de encontrar regalos para todos, pero esa es otra historia.

Ya en serio, además del tema del montón de celebraciones, julio es un mes muy emotivo para mí. Hace ya dos años de mi boda, una boda que nos costó mucho poder celebrar, en la que pusimos muchas ilusiones y mucho esfuerzo y que, pese a todo, pese al terremoto que nos derribó la iglesia dos meses antes, fue absolutamente perfecta. Con sus fallos y todo. Y lo más importante, hace un año que vino al mundo mi bicho, la alegría de nuestras vidas. Recuerdo el parto como si fuese ayer, aunque haya cosas que no quiera recordar. Un año ya….

Pero no todo es familiar. Hace años, antes de conocer a Papá Oso, este mes no celebraba sólo mi cumpleaños. El día 16 cumple años una persona muy especial para mí, una amiga de esas que aunque no veas en años, aunque no hables con ella, sabes que estará ahí si la necesitas. Una persona que nunca me ha fallado, incluso cuando no hemos estado de acuerdo, incluso cuando teníamos un mal día. Una persona que más que una amiga fue mi segunda familia y a la que echo de menos cada día. Sabes quien eres, sé que me lees. Todo lo bueno que te pase en la vida no será suficiente.

Feliz julio a todos.

Lo que pasa cuando no pasa nada

Los profesionales lo llaman el bloqueo del escritor, yo lo llamo ‘hacer bola’, como cuando tu hijo le da vueltas y vueltas a la comida en la boca. Al final no es más que enredar una cosa con otra y darles tantas vueltas que al final tienes una masa que no sabes cómo deshacer. No basta con tener tiempo libre, un hueco en el que sentarse tranquilamente delante del ordenador para que las ideas fluyan. A menudo es incluso peor, porque ves que tienes el tiempo, cosa que no pasa a menudo, y que lo vas a desperdiciar porque no sabes cómo aprovecharlo. Y esa sensación pasa a engordar la bola. Es curioso que además cuanto más tiempo pasas sin conseguir desliarte más difícil resulta volver a arrancar, cómo si al perder el ritmo de la carrera se te olvidase caminar. Si para rematar eres tan poco metódica, con tan poca rutina como yo, lo tienes claro. Tengo ideas pero no sé qué hacer con ellas, no veo el momento de subir lo que sea a facebook o a twitter (no hay quien siga ese frenesí de tweets diarios), no pongo al día la casa, la plancha, la cocina… y si no voy al parque me da pena y si voy me da cargo de conciencia.

Por suerte el bicho hace lo mismo de siempre, nada que resaltar dentro de lo asombroso de su día a día, así que no me lamento por no contaros aquí grandes hazañas cada semana. Sé que, cómo pasa siempre, sin que pase nada especial un día  encuentro el hilo del que tirar y el ovillo se vuelve una línea por la que caminar hacia adelante. Sólo tengo que esperar, y espero que no os desesperéis mientras tanto.

Curiosidades del colecho

O cómo cerrar los ojos con un niño que gatea mientras duerme.

 

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Estoy totalmente a favor del colecho (osea, de dormir en la misma cama con los hijos) y en casa se practica casi desde el primer momento. Tiene momentos maravillosos, como cuando abres los ojos por la mañana y tu hijo te sonríe, o cuando lo notas removerse y le abrazas para que se quede tranquilo. Pero a veces tiene momentos… digamos que curiosos.

Mi peque, no sé si será algo especial o les pasa a algunos, se mueve mucho por la noche. Y no me refiero a que se gira o da patadas no, hablo de lo que nosotros denominamos ‘movimientos migratorios nocturnos’. Vamos, que el tío escala la almohada hasta que da con la cabeza en la los barrotes de la cama, o se gira y se va reptando hacia los pies… o nos trepa a Papá Oso y a mí hasta que le ponemos de nuevo en su sitio y hala, a seguir durmiendo. Lo gracioso es que todo esto lo hace con los ojos cerrados y refunfuñando, como el que se mueve hasta que encuentra la postura. A mí me recuerda a los perros cuando dan vueltas en su cojín antes de acostarse. Pues igual. No sé si será porque el peque es puro nervio o porque deberíamos cansarlo más durante el día, pero las escenas durante la noche son épicas. Más de una vez he abierto los ojos acojo… digo asustada porque no le notaba a mi lado y el muy bicho andaba tan pancho durmiendo a la altura de mis rodillas. No hace mucho, durante un viaje, me deserté de madrugada y me lo encontré sentado entre nosotros mirando alrededor, supongo que extrañado porque estábamos en un hotel y no en nuestra cama, tan tranquilo en la oscuridad. Cuando se aburrió se subió encima de mí y a dormir. 

Ya digo que probablemente sean rarezas de este bicho mío, si es que de los padres que tiene no podía salir nada más ‘normal’. ¿Los vuestros duermen tranquilos?

PD: En la foto, mi fiera durmiendo la siesta en el viaje a Toledo.

Todo el mundo tiene derecho a opinar…

… pero a veces el sentido común debería decirles que se quedasen calladitos. 

No hay mejor tema del que opinar que de cómo crian otros a sus hijos, eso es indiscutible. Pero si ya es delicado cuando lo hacen detrás de los afectados, lo sangrante es cuando tu opinión se la exponen directamente a ellos, se la hayan pedido o no. Y por supuesto no es una opinión, es que las cosas son tal y como te dicen. No discutas. 

Este fin de semana he tenido varias conversaciones sobre la maternidad con personas y en entornos muy diferentes. La primera fue mientras me arreglaba las uñas, con dos madres más, ambas en la treintena pero una con una niña pequeña y otra con una pre-adolescente. La charla, que empezó sobre cómo han cambiado las cosas desde que nosotras éramos pequeñas y nos dejaban ir solas a todas partes, terminó con la conclusión de que las que aún creemos en la importancia de darles independencia a nuestros hijos, que sean autónomos y no sobreprotegerlos, luchamos contracorriente y bajo la mirada acusadora de las demás. Una de las madres dijo que cuando quiere criar de forma diferente a como te mandan al final la presión de grupo te obliga a volver al redil. Triste pero cierto.

Yo, convencida de que por suerte no tengo a mi alrededor un grupo que me obligue a criar e ninguna manera y que por tanto lo hago como me place, me encontré en la cena con que la presión puede venir de cualquier parte.

En mi mesa para cenar durante la boda del sábado volvió a salir el tema de los hijos, quizá porque estaba allí mi peque presente y dormido. No nos gusta mentir acerca de cómo hacemos las cosas porque creemos de verdad en lo que hacemos, así que cuando una invitada a la que no había visto jamás nos pregunta qué tal duerme el pequeño nosotros l decimos que genial porque duerme con nosotros. Le cambió la cara y, eso sí con una sonrisa de “yo no digo nada pero…” nos advirtió de que lo que hacíamos era muy peligroso. Así, con esas palabras. Peligroso. Según ella porque el hijo de un familiar había dormido desde el principio con sus padres y llegados los tres años no quería irse de la cama y no dejaba a sus padres dormir tranquilos, lo cual era muy molesto porque “llega un momento que no puedes ni abrazar a tu marido por la noche”. Ella, para evitar eso, pasó a su hija a otra habitación antes del año. Ahí dejé el tema y pasamos a hablar del cigarro electrónico que llevaba en la mano. 

Nunca llegaré a entender porqué a la gente le da tanto miedo el colecho, porqué es tan importante dormir sola con tu marido ni de dónde han sacado la idea de que un bebé indefenso tiene que aprender a dormir sólo cuando ni siquiera sabe dónde tiene la nariz. 

A mí, llamadme rara, me gusta despertarme y ver a mi hijo sonriéndome desde la almohada, me gusta cuando se remueve por la noche y viene buscándome para acurrucarse, y tengo mucho tiempo el resto del día para abrazar a Papá Oso, no necesito que sea por las noches. ¿Alguien cree de verdad que mi hijo seguirá durmiendo con nosotros para cuando haga la comunión? Yo, de corazón, sé que no. Pero cualquier se los explica a los demás. 

 

Mamá deportista

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Una , que es rara hasta para hacer deporte, cuando decidió que ya estaba bien de sentarse en el sofá mientras el peque dormía la siesta, fue a elegir uno con el que destacar. La mami es arquera. Sí, con su arco y sus flechas, como los indios. Empecé por un amigo que a su vez empezó por otro amigo… etc etc. Y me gesta y no se me da mal del todo. No es como hacer aeróbic, con esto no se pierden los kilos esos que aparecen justo cuando se acerca el verano, pero el que no se consuela es porque no quiere y dicen que el tiro con arco mejora la postura. algo es algo.

Lo malo viene cuando las aficiones piden su espacio en el apretado planning diario, y yo ya no sé de dónde sacar una horita escasa para entrenar un poco. ¿De dónde sacáis vosotras el tiempo? Por cierto que este domingo tengo competición regional, así que ¡deseadme suerte!

PD: en la imagen la menda en la última competición a la que asistí.