Lactancia, Salud

Por qué esta vez no voy a dar el pecho.

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Ni mucho ni poco, esta vez en cuanto nazca mi repeque pediré la famosa pastilla para detener la subida de la leche. Y no, no es una decisión egoísta. O sí, que ya ha escuchado una de todo.

Ya os conté hace tiempo que con mi pequeño sentí que había fracasado en el intento de ofrecerle una lactancia materna en exclusiva. Aquí os expliqué todos los problemas, que fueron muchos y variados. Algunos vinieron por culpa de mi desinformación, otros por mis miedos y la influencia de las miles de opiniones de tooodo el que me rodeaba. Al final el golpe de gracia lo dieron una serie de profesionales médicos sin ningún conocimiento acerca de la lactancia… ni acerca de la medicina en general, diría yo. Y por supuesto con muy pocas ganas de hacer bien su trabajo.

Toda madre o embarazada sabe lo que es una mastitis. Para las que no, brevemente os diré que se trata de una obstrucción de los conductos de la leche (leed aquí). En mi caso se dio porque, guiada por uno de esos consejos gratuitos y agotada por la falta de sueño, creí que no sería malo sustituir la toma de la noche por un biberón. Fue una enfermera de mi centro de salud quien me dijo que podía darle un biberón de refuerzo. Craso error. Me levanté con un bulto en el pecho. Hala, una mastitis, pensé. Usé los remedios habituales como agua caliente y masajes, y por supuesto ponerme más al bebé al pecho, pero el crío se enfadaba al mamar de esa teta y la rechazaba. Sacaleches al canto. Y nada, que aquello no bajaba.

Ya con fiebre acudí a urgencias, en dónde me recetaron un antibiótico que, además, me dijeron que no era compatible con la lactancia. En esta página tenéis los medicamentos que son incompatibles de verdad con la lactancia.

La cosa no cambia, y acudo por segunda vez a urgencias. En esta ocasión el señor que me tocó en suerte, no diré médico porque no se portó como tal, ni se dignó a mirarme el pecho afectado, sólo me cambio de antibiótico.

Y a la tercera como suelen decir va la vencida. En la siguiente visita a urgencias, llorando en la sala de espera del dolor y con la fiebre por las nubes, al fin un médico que quiso palpar el pecho. Sólo le dijo al enfermero ‘prepárame el quirófano’. Mi cara debió ser un poema. ¡¿Quirófano?! Pues sí. La mastitis mal curada se infecta y se convierte en un absceso mamario. En mi caso tenía el pecho completamente infectado.

Fueron diez días de ingreso en el hospital, diez días de curas a través de un tubo insertado en la abertura que me realizó el cirujano junto al pezón. Diez días de dolor. Y diez largos días sin poder ver a mi hijo de apenas tres meses más que un par de horas cada tarde, en la sala de espera del hospital.

Sé que no fue mi culpa, que fueron sus errores los que me llevaron a ese extremo, pero a día de hoy cuando ya he decidido que no voy a volver a dar el pecho nunca más, me siento culpable. Porque estaba tan empeñada en tener que mantener la lactancia materna, me repetía tanto a mí misma que si las demás podían yo también, que era lo mejor para el bebé… que no entendí que, de verdad, no pasa nada si al final sólo toman biberón. Aún nos queda mucho camino por recorrer para que la LM exclusiva sea una realidad al alcance de todas las madres, sin dolor ni sufrimiento ni tener que escuchar opiniones, consejos y críticas.

Si mi experiencia sirve de algo, que sea para que nunca tengáis que pasar por algo así. La LM es importante y maravillosa, pero no merece la pena si conlleva más sufrimiento que satisfacciones, tanto para la madre como para el bebé. Muchas gracias por leer este tostón, y aquí estoy si me necesitáis.

Besos y abrazos.

Embarazo, Salud

La ecografía de las 20 semanas

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Es la segunda ecografía para la mayoría de las embarazadas y dicen que la más importante, la llamada ‘morfológica’, porque es en la que van a evaluar todos y cada uno de los detalles de nuestro pequeño. Yo, que voy por la sanidad pública y por la privada, la he tenido por partida doble. Y los resultados en ambas han sido buenos, que es lo importante.

Voy por partes, primero la cartilla de la SS. En esta revisión de nuevo toca peso y tensión como ya va siendo habitual. Al final además os citarán para la famosa prueba de la glucosa o test O’Sullivan, aquí podéis ver de qué va. Y vamos con la eco. Mi ginecóloga, una mujer agradable aunque de pocas palabras, fue revisando al repeque parte por parte sin decir mucho, y de vez en cuanto le cantaba cifras y siglas a la enfermera, que las iba apuntando en la cartilla. Se comprueba la columna para descartar espina bífida, el cerebro, el corazón, todos los órganos internos… montones de cosas. Absolutamente todo.

En cuanto a los apuntes en la cartilla son:

– la posición en la que se encuentra el bebé, que en mi caso es transversa dorsoposterior. Vamos, de lado.

– DBP (diámetro biparietal)

– CC (circunferencia cefálica)

– CA (circunferencia abdominal)

– LF (longitud del fémur)

– PL (placenta)

– LA (líquido amniótico)

No os preocupéis demasiado por estas medidas, por si es más grande o más pequeño. Si todo está bien, y eso os lo dirá el medico, aún le queda un largo camino por delante en el que estas cifras van a cambiar, y mucho.

Más o menos lo mismo pone en el informe del privado, aunque éste especifica uno por uno el estudio de pulmones, corazón, hígado etc etc. Y añade que no se aprecian  anomalías, aunque no se pueden descartar las que no tienen expresión ecográfica. Que hay cosas (Dios no lo quiera) que no se ven en una ecografía, y de eso nadie tiene culpa. Prueba de esto es la hipospadia de mi peque, por ejemplo.

¡Besos y abrazos!

Alimentación, Crianza, Embarazo, Salud

Cambios de rutinas: el bebé se hace mayor

Hoy vengo con la señal de SOS encendida en busca de esa infinita sabiduría que sé que ronda por estos lares.

Ya comenté aquí que mi peque es un niño muy rutinario, cosas como la hora de comer o la siesta las hace siempre a la misma hora, y si por cualquier cosa ese horario se cambia se le trastoca toda su organización y tarda varios días en volver a actuar con su rutina habitual. Sin embargo desde hace ya un mes las rutinas más importantes en el día a día, la comida y el sueño, están cambiado radicalmente. Y está siendo todo cosa suya, yo le dejo hacer y trato de adaptarme, pero debe ser por mis hormonas embarazadas que me está costando mucho tanto cambio.

Como a la gran mayoría de los niños de entre uno y dos años, la comida ya no les parece tan divertida como antes. Hay cosas que le gustan y que se come de mil amores y hay cosas que ni a tiros. Le dejo comer solo en la medida de lo posible, tratando de pasar por alto las manchas, pero hay cosas que ni por esas. Los potitos por norma general se los sigue comiendo genial, pero hay días, no diré que siempre, en los que se niega a comer nada que no sean patatas fritas y a veces ni eso.

Siempre hay hambre para un bol de gusanitos
Siempre hay hambre para un bol de gusanitos

En el desayuno hemos pasado del biberón de leche con cereales infantiles a un vaso de colacao del de toda la vida tomado con pajita y un poco de pan con mantequilla. Lo mismito que su madre ¿por qué será? 🙂

La comida a mediodía… depende del día. A veces genial, a veces nada de nada, otras veces una cucharada… Cada día una aventura.

La merienda como el desayuno, sin problemas, zumo y galletas.

Y la cena ¡sorpresa! tiene más hambre que un lobo y no ve el momento de dejar de comer, tanto que al final aunque me da pena le tengo que quitar la comida de delante porque se empacha y luego duerme fatal.

Yo lo sé, que es normal, que si no come es porque no tendrá hambre, que le tengo que dejar a su ritmo… pero es que me resulta curioso que la falta de apetito sea siempre a mediodía y que luego llegue a la cena con tanta ansia, que además no es sano. No quiero que se ‘acostumbre’ a ese ritmo de comida y luego no ser capaz de enseñarle a comer a su hora, como hacemos el resto en casa.

Lo del sueño es más bien anecdótico, no me preocupa en absoluto pero igualmente me parece curioso. Antes dormía si o sí una sola siesta antes de comer, a eso de la una había caído. Ahora se duerme más tarde, a las dos o después de comer si es que come, y por suerte duerme un poco más que antes. Pero hay muchos días que la hora de comer le pilla con sueño así que no quiere comer, y como se duerme pues se salta la comida.

Madres 2.0, agradezco cualquier consejo o comentario al respecto.

PD: el embarazo em está nublando un pelín la capacidad de razonar, no me lo tengáis muy en cuenta 😉

Crianza, Embarazo, Familia, Lactancia, Libros, Salud

Buenos profesionales para garantizar un buen futuro

Hace poco mi cuñada y madrina del peque, futura enfermera, me regaló éste libro.

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No os tengo que contar que soy ferviente seguidora y admiradora de Carlos González, ya os recomendé sus libros aquí, pero claro, eso ella no tenía porqué saberlo. A fin de cuentas es alguien a quien conocemos sobre todo las que somos o vamos a ser madres. Sin embargo a ella le pareció apropiado para mí porque se lo había recomendado una profesora en la universidad. La misma profesora que les ha enseñado a dar masajes a los bebés, en la misma universidad en la que les enseñan la importancia del método canguro, del piel con piel con el recién nacido.

Y lo primero que me vino a la cabeza es que al fin parece que soplan vientos de cambio, de reciclaje para unos profesionales a menudo anclados en costumbres y prácticas no sólo anticuadas sino en algunos casos peligrosas (véase la maniobra Kristeller, por ejemplo). Me sentí agradecida porque pensó en mí para el regalo y orgullosa porque con esos pensamientos en la cabeza, con esas ideas, será una de esas profesionales que tanto gusto da encontrar cuando las madres vamos al médico, alguien que va más allá de los conocimientos memorizados y que es capaz de comprender y de entender lo que necesita el bebé.

Además, casualmente, hoy he vuelto a comenzar a leer ‘Mi niño no me come’ y después de dos semanas me siento estúpida por haber pasado tanto tiempo nerviosa y enfadada a la hora de comer. Creo que me los voy a tener que poner en la mesilla de noche para cuando me agobie en exceso, que cierto es que ahora con mis hormonas revolucionadas me pasa más de lo que debería.

Y si alguien aún no conoce a este hombre ni su forma de ver la infancia y la maternidad, merece la pena echarle un vistazo a sus libros y, si os convencen, no lo dudéis, que no son caros para el jugo que al menos yo les estoy sacando.

Embarazo, Salud

El seguimiento del embarazo: la cartilla de embarazada

Desde que la matrona te hace entrega de este librito en la primera visita del embarazo se convierte en un documento que te acompaña a todas partes, como el móvil o las llaves de casa. O al menos así debe ser, aunque confieso que a mí se me olvida a menudo y que, cuando me puse de parto, tuve que buscarla porque no la tenía localizada del todo.

Se trata de una cartilla en la que aparecen todos los datos de la embarazada así cómo de todas las visitas de seguimiento que se le van haciendo, cómo las visitas a la matrona o las ecografía. Imagino que será diferente en cada CCAA, así que os muestro la mía para que podáis ir viendo de qué hablo.

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En esa primera visita la matrona os pedirá algunos datos como antecedentes familiares de enfermedades o si os han operado de algo, y apuntará también los datos de los análisis de sangre que ya os habrán hecho previamente en dónde pondrá si tenéis diabetes o anemia, y si habéis pasado la dichosa toxoplasmosis o la rubeola . Además en mi comunidad en este embarazo me dijeron que también están ‘obligados’ (tuve que firmar una autorización) a realizar las pruebas de VIH.

Apuntarán el día de vuestra última regla (en adelante FUR) y calcularán la fecha probable de parto (FPP). Os medirán, pesarán y tomarán la tensión. Esto es algo que hacen en todas las revisiones, tanto con la matrona como para ecografías. Si no estáis tomando nada os recetarán ácido fólico (y puede que yodo también) y ya os darán cita para la eco de las 12 semanas y para la siguiente visita, normalmente un mes después de la eco.

En la cartilla quedan reflejadas todas las mediciones importantes que se realizan en las ecografías, los resultados de los  análisis como el Triple Screening, y si sois de grupo sanguíneo negativo os apuntarán que debéis poneros una vacuna alrededor de las 28 semanas. Da igual si el papi también es negativo, a mí me la pusieron de todos modos ‘por si acaso’.

Se supone que también se anotan los resultados de los monitores, aunque no lo sé porque mi peque se adelantó y no llegamos a verlos.

En la sanidad privada no hay cartilla de embarazo, pero en mi caso mi ginecólogo me da un informe tras cada visita que yo voy guardando en una carpeta para tenerlo todo junto el día del parto.

Crianza, Embarazo, Familia, Salud

Cada embarazo es un mundo

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Es lo típico que oyes de quienes tienen más de un hijo, que cada embarazo va de una forma diferente aunque las circunstancias de la madre sean las mismas. Y a día de hoy, embarazada de apenas 2 meses de mi segundo pequeñajo, lo corroboro al 100%.  Y no se trata sólo de los síntomas, de las náuseas o los mareos, que también, sino de lo que realmente significa para una mujer estar embarazada. Para mí el primer embarazo fue como una aventura en la que semana a semana iba descubriendo cosas nuevas. No sabia nada de embarazos ni quería saber mas de lo necesario, así que iba informándome según me tocaba. Quizá por eso, porque no sabía ni quería saber lo que venía a continuación, apenas tuve miedos. Era más curiosidad, intriga, emoción por qué sería lo siguiente. Me cuidaba en todos los aspectos: tomaba diariamente las vitaminas, miraba lo que comía para llevar una dieta equilibrada, salía a andar por las mañanas, no diré que no hacía esfuerzos porque es falso (no sé estar quieta y tranquila) pero sí que me sentaba en cuando veía que estaba más cansada de lo normal. Y a todas horas prestaba atención a lo que mi cuerpo me iba contando. No me quitaba de la cabeza la idea de que un ser pequeño se estaba formando dentro de mí.

Y ahora…. las cosas son diferentes. Me cuido, por supuesto, pero raro es el día que no doy un salto del sofá porque con el lío de la mañana me he olvidado de las vitaminas. ¿esfuerzos? Bueno, un bichejo de 12 kilos al que levanto de vez en cuando en brazos. Y aunque tengo en mente al peque que llevo dentro, a veces el que está fuera, saltando en la tierra o tirándose por el tobogán, requiere toda mi concentración. Sé que será diferente conforma vaya teniendo más y más barriga, pero no pasaré tanto tiempo simplemente sentada esperando alguna patadita como pasé con el primero. Simplemente porque raro es que pueda estar sentada más de 10 minutos seguidos sin tener que la fiera reclame mi atención.

Cómo voy a tener un segundo bebé por primera vez, no sé cómo será cuidar de un recién nacido con un niño de casi dos años corriendo por el salón.  Pero puedo imaginar que poco o nada tendrá que ver con cómo lo criamos a él.  Sé que, tal y como ya está pasando, habrá cosas que le dimos al mayor que no tendrá el pequeño, como por ejemplo a sus padres para él solito, pero también quiero creer con todas mis fuerzas que a cambio tendrá otras cosas mucho más importantes, como un hermano con el que jugar y compartir su infancia.

PD: en la imagen la primera foto de mi bichillo más pequeño. Es ese puntito redondo más oscuro del centro 😉

Blog, Embarazo, Salud

Empezando de cero

Cuando arranqué con este proyecto mi peque ya tenía casi tres meses de vida. Fue a raíz de su nacimiento, de encontrarme tantas veces buscando como loca por blogs experiencias que me dijesen qué tenía que hacer o si lo estaba haciendo bien, que decidí aportar yo también mi granito de arena para las que fuesen llegando detrás.

Sin embargo no tuve la oportunidad de contar nada de la etapa del embarazo, ni del parto, ni de los primeros meses en casa. Y me hacía mucha ilusión, para qué negarlo. Ahora, esperando al hermanito, quiero trasladar aquí absolutamente todo lo que crea que pueda ser útil para una futura mamá, sea primeriza o no. Algunas cosas serán parecidas a cómo fueron con mi peque, otras seguro que no. Sea como sea, lo sabréis. Si a alguien le sirve de algo, bienvenido sea.

A día de hoy, de apenas 5 semanas, poco tengo que contar. De momento los “trámites” médicos son como la primera vez. Como ya me había hecho la prueba de embarazo en casa, el médico se limitó a pedirme análisis de sangre y orina y a darme cita con la matrona, que será quien vea los resultados y me rellene la cartilla de embarazo, esa en la que luego te van haciendo el seguimiento durante el embarazo.

En cuanto a molestias sólo tengo mucho sueño, más cansancio del habitual y algo de miedo, la verdad. Con un par de semanas más tuve un pequeño desprendimiento de placenta en el anterior embarazo y ahora voy con pies de plomo, temiendo cualquier esfuerzo, cualquier pequeño dolorcillo o cualquier manchita al ir al baño. De momento todo va bien, pero la intranquilidad no me la quito.  Y más teniendo en cuenta que sigo teniendo que cargar con el peque en brazos, cambiarlo, dormirlo, etc etc.

¿Hay alguna embarazada más por aquí? ¿Cómo lo lleváis?

Crianza, Embarazo, Postparto, Salud, Todo me pasa a mí

Cosas que no son iguales desde que soy madre

Que un hijo te cambia por completo es algo indudable, pero normalmente es una frase que se dice para hablar de cambios sentimentales, más profundos. De lo que no se habla tanto es de cuánto te cambia a nivel diario, menos trascendental y más íntimo. Que sí, que te desvives por tu retoño, que no duermes por las noches y salir de viaje es una odisea, pero además de los clichés típicos de madre hay otras cosas que en mi caso han cambiado y mucho.

Mi piel.

Siempre he tenido una piel difícil. Más que difícil, imposible. Desde que tengo uso de razón el acné me ha perseguido, y de mala manera he logrado librarme de él con tratamientos médicos y una rutina de cuidados y cremas constante. Debe ser lo único en lo que he sido constante en mi vida.  Al principio, durante el embarazo, las hormonas me dieron una tregua, que bastante tenía ya con las náuseas de cada mañana. Yo lo atribuyo a las vitaminas que solemos tomar las embarazadas (las primerizas sobre todo), pero fuese por lo que fuese, me daba gusto hasta mirarme en el espejo. Pero ¡ay de mí! las cosas cambiaron cuando nació el peque. Desde entonces he probado de todo y de todas las marcas y nada, que no volvemos a la normalidad.

Mi pelo

No debo ser la única. He oído mucho eso de que a las embarazadas se les cae más el pelo y cosas así. No ha sido mi caso, para cuatro pelos que tengo sólo me faltaría eso, pero sí es cierto que no encuentro la forma de que mi pelo sea el que era. No hay champú, ni tinte ni nada de nada que me valga.

Mi cuerpo

Que sí, que eso es normal, que soy madre y eso se tiene que notar en algo más que en las manchas de chocolate que llevo en la camisa. Lo curioso es que del embarazo salí como nueva, sin una sola estría, y en dos meses ya pesaba menos que antes de estar embarazada. Y ahora, un año después ¡me están saliendo varices! Increíble….

Mi casa

No consigo recordar que había en el rincón junto al sofá antes de que estuviera lleno de bolas de colores, piezas encajables, una carretilla y un cubo de playa. ¿Lo bueno? Lo que me río cuando abro un cajón de la cocina y me encuentro un pulpo de goma de la bañera, o al sacar una camisa del armario suena una musiquilla desde el fondo del cajón y ¡sorpresa! ahí estaba el oso cantarín desaparecido.

Mi bolso

Hubo un tiempo en el que dejé de llevar bolso. Total, siempre iba con el carro y en su bolsa me cabía de todo ¿para qué colgarme otro al hombro? Ahora que no llevo bolsa en la silla de paseo he recuperado mis bolsos, pero guardo cosas impensables hace un año. Toallitas para la cara, uno de esos botes para los golpes, Dalsy, pañuelos de papel en cantidades industriales, un mordedor, galletas (unas cerradas y otras a medio chupar…). Ni Mary Poppins oiga.

¿Qué más ha cambiado en vuestro día a día desde que tenéis hijos?

Cosas de casa, Crianza, Decoración, Preguntas sin respuesta, Salud

Bendita noche

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En su primer año de vida no recuerdo una sola noche que mi bicho haya dormido del tirón. Ni una sola. Al principio era lo normal mientras que hacíamos lo posible por mantener la lactancia materna. Luego, aunque nos pasamos obligatoriamente al biberón, las tomas seguían siendo muy seguidas y la cada noche tenía varios despertares. No tardamos mucho en ‘quitarle’ la toma de media noche, de manera que el último biberón era sobre las 12 de la noche y el siguiente a las siete de la mañana. Que conste que fue cosa suya, dejó de despertarse para comer. Pero no dejó de despertarse en general. Siempre ha dormido muy nervioso, sin parar de removerse, de girar, de cambiar de postura. Más de una noche me asusto porque no lo noto entre nosotros y me lo encuentro a los pies de la cama tan ancho. Aunque no fuese para comer se sigue despertando porque…. ni idea de por qué. Pero se despierta. Desde hace cosa de un mes todas las noches, todas todas todas, se despierta sobre las tres de la mañana y no para de refunfuñar hasta que le doy su biberón de agua. Se lo bebe y se queda frito. Y yo no entiendo nada. No entiendo a qué viene tanto meneo nocturno ni porqué tanto despertarse.

Las bloggeras entendidas, sé que estáis por ahí ¿me explicáis cómo va eso de las fases del sueño? ¿Es esto uno de esos cambios del sueño del bebé?

Y en estas además me veo con la duda de cuándo será el momento de abandonar el colecho, si él nos lo pedirá (¿cuándo pasa eso? ¿a qué edad?) o si deberíamos nosotros ir poco a poco enseñándole que dormir en su cama es una posibilidad a elegir, para lo cual deberíamos empezar por montarle una habitación en condiciones, sin cuna y con una camita. (Ufff que difícil tanto que decidir).

Las que habéis colechado ¿cómo y cuándo pasaron a dormir solos?

SOS

PD: En la imagen, Vía Pinterest, una habitación sencilla y con encanto, como a mí me gustan.

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Empezando a caminar: seguridad en casa

El peque ya camina oficialmente. Y no me refiero a que va de una persona a otra y vuelta, sino a que se levanta y se va andando por el pasillo sin rumbo fijo, a ver qué encuentra. En la calle no quiere ir de la mano, te suelta y se cabrea si lo intentas sujetar. Vamos, que ya es libre 🙂 Y en estas condiciones las precauciones que tomamos en casa cuando gateaba (ésta es la entrada que hice entonces) ya se nos van quedando cortas. Hay que renovar los cierres de los cajones, los protectores de las puertas, etc etc.

Lo primero y más importante de todo es apartar de su alcance todo aquello que pueda romperse si cae violentamente al suelo, porque será lo primero que coja y lance por los aires para reírse después de lo divertido de su hazaña. En nuestro caso los cajones han dejado de ser interesantes, supongo que ya sacó y metió todo cuando gateaba y ya quiere explorar otros mundos, como los armarios de la cocina, así que los cierres de seguridad son los mismos pero en otros lugares. Igual pasa con los enchufes, que ya estaban tapados y así seguirán.

Tapa para enchufes
Tapa para enchufes

 

Las puertas de momento no son un problema, no le interesan. Otro cantar son las mamparas de los baños y las tapas del water. Estas dos cosas parecen ser una especie de portales a una dimensión de felicidad y peligro a partes iguales, y hay que cerrarlas a cal y canto. No basta con cerrarlas y ya, que el fin de semana me encontré el teléfono inalámbrico buceando en el fondo del water y aún no sé cómo llegó allí.

Cierre multiusos de Olmitos
Cierre multiusos de Olmitos

 

Los armarios también tienen su peligro si el peque los abre y se dedica a sacar una a una todas las prendas de ropa que pueda alcanzar en los cajones. No le pasará nada pero tu cara cuando tengas que volver a guardarlo todo…

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Para la bañera nosotros instalamos uno de esos famosos asientos del baño, pero el peque dice que ahí nos sentemos nosotros, así que ahora tenemos una de esas horribles alfombras de goma en el fondo de la bañera para evitar los resbalones del bicho, que se empeña en estar de pie mientras intentamos mojarlo sólo a él y no el resto del cuarto de baño. Me han parecido horrorosas toda la vida pero qué remedio.

asiento de baño
Asiento de baño Babidú

Y el último descubrimiento han sido las pulseras identificativas con el nombre y el teléfono del bicho, que aún no corre mucho pero se va con cualquiera que le dé la mano y yo no me fío. De aquí a nada le planto una, por si acaso.

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