Qué esperar de la ecografía de las 12 semanas

Tanto si vais a un gine privado, a la SS o  a los dos como yo, a las 12 semanas de embarazo os citarán para la primera ecografía ‘importante’. Digo lo de importante porque aunque os hayan hecho alguna antes, yo por ejemplo ya llevo dos, es en ésta en la primera que podréis ver al bichillo en condiciones y no como una simple manchita que, al menos yo, sólo se distingue porque nos lo señala el médico.

A estas alturas el bebé ya tiene la mayoría de los órganos formados y con una ecografía se pueden apreciar posibles anomalías, por eso es muy importante no faltar jamás a ésta cita. Si es la primera eco os servirá además para saber si hay uno o más embriones y si está bien implantado. Además os pesarán y os tomarán la tensión para ver cómo estáis.

En la SS vuestro médico apuntará varios datos en la cartilla de embarazo, y como en mi caso no me los explicaron y me tuve que poner a buscarlos por internet cuando llegué a casa, os los cuento para que sepáis lo que se cuece.

CRL (Longitud Céfalo-Caudal): lo que mide vuestro bichillo. Sirve para conocer la edad del feto y ver si se está desarrollando adecuadamente. Con mi peque esa medida, estando de 12+6, fue de 65.

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TN (Traslucencia Nucal): la medida del pliegue nucal es uno de los parámetros en los que se basan para diagnosticar posibles problemas cromosómicos como el Síndrome de Down. Si no recuerdo mal la cifra debe estar por debajo de los 3 mm.  A esta medición se unirán luego las cifras obtenidas del Triple Screening, un análisis de sangre en el que se miden de nuevo unos parámetros concretos que pueden estar relacionados con problemas en el feto, y junto con la edad, raza y peso de la embarazada, se extrae un porcentaje de posibilidades de que el bebé tenga algún problema cromosómico. En mujeres de más de 35 años puede detectar hasta un 75% de anomalías.

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De nuevo si no recuerdo mal el Triple Screening se hace en el segundo trimestre, a mí me dieron los datos (lo pone en mi cartilla) en la visita a la matrona en la semana 16.

Y para terminar y si tenéis suerte quizá podáis saber el sexo del bebé, si el pequeño se deja. En nuestro caso no quisimos saberlo la primera vez, de hecho nos enteramos a los ocho meses y porque durante una eco se le vio claramente, pero ahora sí que tengo más interés. Aun así dicen que siendo tan pronto suelen equivocarse, espero que como tengo también la eco de la SS el martes que viene entre las dos descubramos algo.

La siguiente eco en la SS no es hasta alrededor de las 20 semanas, así que tocará esperar para volver a ver al bichillo.

Espero que os haya servido de ayuda. ¡Abrazos!

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La operación de hipospadia

Quienes me seguís ya sabéis que al nacer a mi mayor le diagnosticaron una hipospadia, una malformación del pene que a pesar de no ser grave sí que requería operación. Después de muchas idas y venidas con varios médicos y de esperar una lista de espera de la SS que yo me imaginaba muuucho más larga, la semana pasada nos avisaron. Nos tocaba.

Desde que publiqué la primera entrada acerca de esta malformación aquí me han llegado al correo historias de madres que han pasado o están esperando a pasar por lo mismo y que se encontraban, igual que me pasaba a mí, muy perdidas. Es curioso porque no es una operación demasiado extraña y sin embargo no hay apenas información en internet. Y hoy en día las madres todo lo buscamos en internet, esa es la realidad. Así que para futuras madres angustiadas, aquí va nuestra experiencia.

En mi caso el cirujano ha sido el doctor Gerardo Zambudio. No puedo hablaros de él porque no hemos hablado en persona, pero sí puedo hablar de su trabajo. Bueno, mejor os habla él mismo aquí, en su página web. La experiencia es tal cual la explican ahí.

Nos llamaron un jueves y lo operaron el martes siguiente, con el tiempo justo para que el papi pidiese vacaciones en el trabajo, imaginándonos ya que los días siguientes no iban a ser fáciles si estaba yo sola en casa con las dos fieras.

Llegamos temprano y lloviendo al hospital. Pasamos a la sala de reanimación en dónde nos encontramos con dos peques más en nuestra misma situación. A él le dio igual pero para mí al menos fue un alivio tener con quien hablar en las horas de espera. Le pusimos el pijama del hospital, le pusieron una vía con suero y gracias a Dios teníamos justo delante una tele para ver el Clan. Y a esperar.

La operación duró unas dos horas que al estar fuera con el pequeñajo se nos pasaron más rápidas de lo que esperábamos. Al menos en este hospital un enfermero se lleva al niño en brazos y lo traen igual, mucho mejor a mi parecer que en la camilla, que debe darles más miedo. Tuvimos suerte y las horas siguientes, las de reanimación, las pasó dormido. Cuando se despertó enseguida le dieron un poco de zumo y, a pesar de que estaba asustado y confundido, apenas lloró. Es todo un valiente, pero qué iba a decir yo.

Esa misma tarde volvimos a casa con la orden de dar antibiótico y Dalsy cada ocho horas, no mojarle la zona y volver en una semana. Y ahí empezó lo bueno. El postoperatorio.

Los puntos internos como es lógico le duelen al hacer pipí. Y por más que intenta evitar el momento de ir al baño, al final no le queda de otra. Es jodido verle pasarlo tan mal y no poder más que sujetarlo con fuerza y decirle que enseguida se pasa. Es cierto, en cuanto pasa el momento del pipí se va a jugar tan contento. Es lo bueno de esta edad. Pero su padre y yo estamos cansados.

El jueves vamos a revisión y confío que lentamente las aguas vuelvan a su cauce y nuestras vidas vuelvan a mi añorada rutina. No sé si al peque le pasa pero a mí me da pena que se esté perdiendo las clases de la guardería.

Espero que si hay alguna madre que tenga que enfrentarse a esta operación mi experiencia le sirva aunque sea para afrontarla con más ánimo. Y como digo siempre, para cualquier cosa que necesitéis tenéis mi correo.

Besos y abrazos.

Mis pasos para tener éxito con la lactancia materna

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Qué de tiempo sin pasar por aquí… Lo sé lo sé, soy muuuy desastre, pero tengo que admitir que desde la llegada del pequeñín todavía no he conseguido recuperar (o crear de nuevo) una rutina diaria. Aún hay días que tengo que recurrir a la comprar la comida hecha, no digo más. Pero admito también que después de un parón es complicado volver a arrancar. Espero que esta entrada no se quede en un intento y que me ayude a incorporarme al ritmo bloguero, aunque me temo que en agosto voy a estar más sola que la una por estos lares.

Alguna vez he dicho que no me gusta mucho dar consejos a menos que me los pidan, y aun así… Creo que cada cual ve las cosas a su manera y en sus circunstancias, y lo que es bueno para mí no tiene que serlo por fuerza para ti. Sin embargo esta entrada va de eso, de consejos. Concretamente de consejos sobre lactancia materna. Ayy madre quien me lo iba a decir a mí después de lo pasado. Quizá justo por eso, porque he vivido una parte durísima de la lactancia creo que lo que me ha servido para volver a intentarlo con éxito también puede servirle a alguien más.

Mi primer escollo a la hora de dar el pecho a mi mayor (que raro me suena eso de ‘mayor’) fueron las grietas. Es algo que les pasa a casi todas las mamis. Hay cientos de cremas específicas para solucionar este problema, doy fe de que muchas son eficaces, pero para mí y según mi propia experiencia no hay nada comparable a la vaselina pura. Sin más, sin marcas ni historias. Vaselina pura después de dar el pecho e incluso antes de la toma para reblandecer si hay algo de costra y que no haga herida. NO es tóxica para el bebé.

Cuando le comenté a mi gine que me escocía el pezón y me molestaba incluso el roce del sujetador, me dijo que probablemente fuese una infección y que había que acabar con ella antes de que se filtrase al interior de la mama causando una temida mastitis. Blastoestimulina y Fucidine. No digo que os lo compréis por las buenas, pero a mí me funcionó, quizá sea cosa de preguntar en la farmacia o a vuestra matrona.

Las pezoneras. No son la solución, lo ideal es que no haya grietas ni dolor, pero mientras eso llega son mano de santo. En mi caso el peque comía menos con ellas y las tomas se hacían eternas, así que procuraba usarlas sólo al principio y nunca de noche, porque acababa con los pezones tan doloridos por estar tanto rato mamando que era peor el remedio que la enfermedad.

Nada de discos de lactancia. Sólo para salir a la calle, que tampoco es cosa de ir con las camisetas empapadas por el mundo. A mí las famosas subidas dejaron de ocurrirme al mes, así que los usé muy poco. El motivo es que el pezón se queda continuamente humedecido y no cura bien, además de la posibilidad de favorecer infecciones.

En la revisión de los 15 días resultó que había cogido poco peso aunque la lactancia era a demanda, y una semana más tarde se confirmó, por lo que comenzamos a suplementar algunas tomas con un biberón de leche artificial. Sé que podría haber intentado sacarme yo y guardarla, pero no tenía fuerzas y no quería que la situación se volviese insostenible debido al cansancio. A veces tomaba varios biberones de 30ml o de 60ml. A veces sólo uno al día. Mi pediatra me dijo ‘al final ellos mismos los dejan‘ y yo pensé en lo que se suele decir ‘si cogen un biberón ya no quieren más teta‘. Pues la pediatra resultó tener razón y de un día para otro ya no necesitaba suplementos. ¿Conclusión? Nada de agobios. Si hay que ayudar se ayuda, sin mala conciencia. La lactancia tiene que ser un momento agradable no una imposición ni una condena.

No lo he mencionado pero doy por sentada la importancia de una buena posición del bebé y de un buen agarre, que no es moco de pavo. Hay montones de sitios donde lo explican como aquí y aquí, por ejemplo.

Y para mí lo más relevante de todo, lo que ha marcado la diferencia, ha sido dar con gente que de verdad entiende y sabe de lo que habla. Con mi primer intento de LM me topé con muchos prolactancia que no tenían ni idea y que me dijeron y aconsejaron barbaridades, que al final desembocaron en esta horrible experiencia. Pero hoy en día me consta que hay médicos, enfermeras, matronas y grupos de apoyo a la lactancia que pueden dar un vuelco a un mal comienzo (ojalá los hubiera conocido antes).

De momento, y cruzo los dedos, la cosa va viento en popa. El pequeño engorda a buen ritmo y no es algo que me digan los dichosos percentiles, es algo que se ve. Está sano, feliz y yo aún más. 

Donde dije digo…

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… ahora digo lactancia materna exclusiva. 

Y es que me han liado. Eso y que debo estar chalada, porque después de lo pasado no sé cómo me he atrevido a intentarlo de nuevo. Eso sí, reconozco que la experiencia está resultando muy distinta. No diré que esté siendo fácil porque creo que para la mayoría los comienzos con la lactancia no suelen ser sencillos, pero en comparación con mi anterior intento ésta vez las cosas parecen ir más fluidas. Quizá sea la experiencia, que voy con mucha menos presión ya que no tengo miedo a que falle, es más, estoy decidida a no dudar y pasar al biberón si veo el mas mínimo peligro, y sobre todo que tengo más información, la que busqué yo y la que ahora me han dado unos profesionales que saben de lo que hablan. Porque es muy fácil decirle a una madre recién parida lo maravillosa que es la leche materna para el bebé y venderle la moto pero a la hora de la verdad, cuando esa madre tiene problemas, solucionarlos con un ‘pues es lo que hay’.

Por el momento, y hablo de escasos cinco días, la cosa está tal que así:

Grietas: alguna hay pero menos que con Joaquín y noto mucho menos dolor. Mi médico que dijo un remedio para las grietas que de momento me está funcionando infinitamente mejor que cualquiera del montón de cremas de marca que probé y que se suponen que son específicas para el pezón. La vaselina. Un bote sencillo de vaselina, sin más. Tras cada toma. A veces antes, o cuando me acuerdo. No tiene sabor, no le molesta al bebé y cicatriza sin secar, de manera que a la siguiente toma la succión no me arranca las costras, que era lo que me provocaba sangrar.

Posición del bebé: digan lo que digan el frenillo del bebé influye, y como Arturo no lo tiene parece que desde el principio se coloca muy bien. Yo suelo ayudarle un poco, sobre todo en un pecho que por lo que sea le cuesta más coger en condiciones, pero por lo general la cosa va bien en este sentido.

Cantidad: pese a ser inducido y a que me advirtieran que quizá tardase más en subir la leche, al fin ha llegado y lo ha hecho en abundancia. El peque feliz y yo comprando sujetadores de urgencia.

Tomas: esto es otro cantar. Sé que es aún muy pronto para que haya regularidad, pero dentro de la anarquía del hambre de esta criatura hay ciertos patrones que ha repetido desde que nació y que en la próxima reunión del grupo de lactancia de mi barrio ( a la que tengo previsto acudir) imagino que me dirán si son normales o no. Lo principal es que durante el día mantiene una cierta regularidad entre dos y tres horas, pero llega un momento sobre las 4 de la mañana en que la toma se alarga y se alarga, no hay forma de dormirlo y está así hasta las 7 que cae redondo. Y de ahí a la siguiente pueden pasar hasta 4 horas sin que se ele escuche. ¿Conclusión? Tengo todo el sueño del mundo. Y las noches se están convirtiendo en un festival con uno enganchado a la teta y colechando con el otro.

Como ya he dicho espero que el grupo de apoyo a la lactancia soluciones mis muchas dudas y sobre todo espero que todo vaya bien, sea con lactancia materna o tenga que ser con artificial, que ya no voy a aferrarme a ninguna de ellas.

Besos y abrazos.

 

La temida varicela

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En esta casa somos muy de estar a la moda, y como ahora el tema de la varicela y de la vacuna Varivax que ya no se vende en ninguna parte es lo más de lo más nos hemos dicho ¡nosotros no podemos quedarnos fuera! Y hala, todos malos. Bueno todos no, que Papá Oso ya la pasó de pequeño. Pero el peque y yo estábamos esperando el momento clave en el que ser el centro de atención. Hace dos semanas la que escribe empezó a rascarse como una loca a sus casi 30 añazos y embarazada de 31 semanas. Y hoy el bicho ha amanecido lleno de pequeños puntitos rojos.

Hay últimamente muchos artículos por la red acerca de la retirada de la vacuna contra la varicela. Yo os recomiendo éste. Mi hijo, con 20 meses, no lleva ninguna dosis de Varivax, ni gratis ni pagando. Ná de ná. Y yo, que no sé si en su día se vacunaba de esto a los niños, no la pasé y ahora he pagado el pato. Por suerte no ha sido traumático y al estar ya en el tercer trimestre de embarazo no representaba peligro para el más bebé, pero tampoco ha sido agradable. Aún no sé cómo la va a llevar el peque.

Aparte de mi opinión al respecto de la ausencia de vacuna, que no creo que os importe lo más mínimo, esto es una entrada para las posibles mamis de niños llenos de ronchas y rascándose por doquier. Y quizá posibles enfermas como yo. Lo primero, no hay solución más allá de la paciencia, paracetalmol para la fiebre (nada de ibuprofeno) y talco líquido para calmar el picor. Ayudan los baños con agua no demasiado caliente y el gel de avena, yo incluso me lavaba el pelo con él porque tenía bastantes ronchas en el cuero cabelludo y total, tampoco iba a salir de casa así que si no se me quedaba el pelo liso y brillante lo mismo me daba.

La ‘subida’ de la varicela, el momento en el que empiezan a aparecer las ronchas por todas partes, puede durar entre tres días y una semana. Y la ‘bajada’, cuando se van secando, aparecen las costras y no debéis quitároslas por nada del mundo, más o menos lo mismo. En mi caso fueron dos días de sufrir sin rascarme y otros cuatro de costras marrones imposibles de maquillar, porque tenía las suficientes en la cara como para no poder salir en público. Previamente a que veáis lo que os pasa puede que paséis varios días con algo de fiebre y sensación de agotamiento, de que os duele todo. Y durante el transcurso de la enfermedad puede que sigáis con fiebre, ahora ya más alta.

Paciencia, paciencia y más paciencia.

Y una cosa que yo no sabía y que me ha explicado el pediatra es que el virus puede tener un periodo de incubación de hasta 20 días y que es contagioso hasta que se seca la última vesícula, osea que mientras que haya una ronchita con algo de líquido dentro sois foco de contagio. Y puede parecer que os habéis librado, como pensaba yo con el peque, y que os llevéis la sorpresa.

El famoso ‘síndrome del nido’

Imagen de chupetesybiberones.es

Imagen de chupetesybiberones.es

Casi todas las madres que conozco admiten haberlo sufrido. Da igual que seas una persona habitualmente ordenada o el mayor desastre del reino (véase mi caso), porque los últimos meses de embarazo te convertiras en una auténtica maniática de la limpieza y el orden.

He leído en vario sitios que se trata de una respuesta de nuestro cuerpo ante la ansiedad de la llegada de un nuevo miembro a la familia, y que se denomina así por su semejanza al trabajo de los pájaros al crear su nido para poner y empollar los futuros huevos. Además supone un aumento de energía y actividad física que nos prepara para el gran esfuerzo que está por venir, el del parto.

No sé si habrá evidencias científicas o no, lo que es cierto es que ocurre y que hay que intentar tomárselo con sentido común. Que no es cuestión de subirse a la escalera para ordenar los altillos con una barriga de ocho meses. En esos casos es preferible pedir ayuda al abnegado padre de la criatura o, si podemos, buscar a alguien que nos eche una mano con las tareas de casa hasta que nazca el retoño.

¿Que cómo sabes si lo estás sufriendo? Es fácil. Si te pasas el día pensando en lavar la ropita nueva del bebé, el preparar su habitación, si de repente te das cuenta de que necesitas limpiar los cristales y necesitas que la casa esté impoluta… sí, bienvenida al club.

Por experiencia propia os digo que la cosa no mejora a pesar de que con el paso de los días cada vez estemos más incómodas y pesadas. Yo, la misma mañana que me puse de parto, entre las primeras contracciones, decidí que el baño estaba muy sucio y me puse a fregar la bañera y los azulejos. ¡Papá Oso todavía se echa las manos a la cabeza cuando lo recuerda! Y ahora, con la casa evidentemente mucho menos ordenada por obra y gracia de mi bicho de 20 meses, parece que el dichoso síndrome me está atacando mucho antes y yo tengo mucha menos energía… o quizá más tareas para la misma energía. Sea como sea, en mi semana 32 ya estoy lavando y guardando pijamitas en la bolsa para el hospital. Quizá lo veáis normal, pero en mi primer embarazo preparé la bolsa en la semana 37 y el peque nació en la 38, vamos que casi casi no llego.

Si sois de naturaleza desordenada como yo, aprovechad para darle un empujoncito a las tareas pendientes pero ojo ¡nada de ansiedad! ¿ok?

¡Besos y abrazos!

Qué come MI niño de 20 meses

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Así, con esas palabras, he hecho una búsqueda en san Google tratando de aclarar mis numerosas dudas. Y fijaros si he obtenido poca ayuda que vengo a escribir yo mi opinión, por si alguien busca lo mismo y le sirvo de algo.

Tengo más que asumido que cada niño, cada madre y cada situación en un mundo, pero me sorprende cuando veo menús elaborados para niños de la edad del mío que están tan alejados de lo que él come. ¿Dos platos? ¿Ensalada? Es como si me hablasen en otro idioma. En casa somos de plato único, eso es costumbre familiar. Y lo de las ensaladas…. no se me ocurre la forma de ponerle al peque una lechuga o un tomate en un plato y que él se la coma así, sin más. Incluso en la guardería he visto que las ponen de primer plato y siempre se me olvida preguntarles si de verdad los peques se la comen.

No sé si mi hijo come bien, poco o mal. Va por días, la verdad. Come de todo, y cuando digo de todo no quiero decir de todos los alimentos, sino de todos los grupos: cereales, legumbres, verduras, frutas, carne etc. Pero no negaré que tengo la sensación de que debo ampliar la variedad de comidas y que no tengo ni idea de como hacerlo.

¿Cómo se introduce un nuevo alimento en la rutina de un niño de casi dos años?

Para quien llegue aquí intentando descubrir si lo que come su hijo es lo ‘normal’, os diré que el peque desayuna un vaso de leche con cacao, a media mañana toma un zumo y algunas galletas, a mediodía… aquí viene lo bueno. Hoy comemos habichuelas, sin chorizo para él obviamente. Las legumbres en mi casa no fallan, siempre le gustan. Las lentejas especialmente (se parece a su madre) pero igual de bien se come los garbanzos. Como se suele decir, es un plato completo que lleva verduras, sobre todo las lentejas, y carne que suele comer un poco troceada. Otra baza segura es el arroz en cualquiera de sus variedades, con lo que sea. Alguna vez he mezclado la carne en salsa o algún pescado con arroz blanco para asegurarme de que no lo iba a rechazar nada más verlo y ha funcionado. Lo malo es que es difícil sacarnos de ahí.

En cuanto a cantidades… entre cuatro y seis cucharadas es lo habitual. Si viene con hambre y le gusta lo que hay, un poco más. Si no, ha llegado a comerse los garbanzos de uno en uno y he contado seis antes de pedirme un yogur.

En eso sí tengo suerte, los yogures y la fruta entran sin problemas, a veces unas frutas y a veces otras, pero alguna siempre se come sin problema. Los voy alternando como postre o como merienda.

¿Y la cena? No suelen fallar la sopa de fideos, los palitos de merluza o los nuggets de pollo (en freidora sin aceite para que sean más ligeros), empanadillas de atún al horno, unas hamburguesas de pollo con verduras que hacen en mi carnicería o (sorpresa) los medallones de espinacas congelados marca Findus. Le encantan, se relame. Y con el queso, si es curado mejor. De un tiempo a esta parte parece que se ha cansado de comer tortilla y salchichas porque ya no los quiere.

Si salimos a comer fuera sé que puedo pedir para él un plato de paella, croquetas, empanadillas… o incluso un trocito de pizza.

Espero que alguna madre que me lea esté pensando ahora mismo ‘menos mal, pensaba que mi hijo comía mal pero el suyo come igual… o peor’. Y os digo una cosa, yo no creo que coma mal. Me preocupa la variedad pero por aquello de que no se aburra ni él de comer ni yo de cocinar. Precisamente hace unas semanas en una de sus rachas de no comer demasiado salimos a cenar con unos amigos y sólo consintió comerse dos croquetas. Mientras se lo contaba a una amiga me digo que dos croquetas estaba muy bien para lo pequeño que es, y me quedé pensando en que sí, que era verdad. Y yo preocupada.

Y vuestros hijos ¿qué suelen comer?

¡Besos y abrazos!