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Mis pasos para tener éxito con la lactancia materna

lactancia

Qué de tiempo sin pasar por aquí… Lo sé lo sé, soy muuuy desastre, pero tengo que admitir que desde la llegada del pequeñín todavía no he conseguido recuperar (o crear de nuevo) una rutina diaria. Aún hay días que tengo que recurrir a la comprar la comida hecha, no digo más. Pero admito también que después de un parón es complicado volver a arrancar. Espero que esta entrada no se quede en un intento y que me ayude a incorporarme al ritmo bloguero, aunque me temo que en agosto voy a estar más sola que la una por estos lares.

Alguna vez he dicho que no me gusta mucho dar consejos a menos que me los pidan, y aun así… Creo que cada cual ve las cosas a su manera y en sus circunstancias, y lo que es bueno para mí no tiene que serlo por fuerza para ti. Sin embargo esta entrada va de eso, de consejos. Concretamente de consejos sobre lactancia materna. Ayy madre quien me lo iba a decir a mí después de lo pasado. Quizá justo por eso, porque he vivido una parte durísima de la lactancia creo que lo que me ha servido para volver a intentarlo con éxito también puede servirle a alguien más.

Mi primer escollo a la hora de dar el pecho a mi mayor (que raro me suena eso de ‘mayor’) fueron las grietas. Es algo que les pasa a casi todas las mamis. Hay cientos de cremas específicas para solucionar este problema, doy fe de que muchas son eficaces, pero para mí y según mi propia experiencia no hay nada comparable a la vaselina pura. Sin más, sin marcas ni historias. Vaselina pura después de dar el pecho e incluso antes de la toma para reblandecer si hay algo de costra y que no haga herida. NO es tóxica para el bebé.

Cuando le comenté a mi gine que me escocía el pezón y me molestaba incluso el roce del sujetador, me dijo que probablemente fuese una infección y que había que acabar con ella antes de que se filtrase al interior de la mama causando una temida mastitis. Blastoestimulina y Fucidine. No digo que os lo compréis por las buenas, pero a mí me funcionó, quizá sea cosa de preguntar en la farmacia o a vuestra matrona.

Las pezoneras. No son la solución, lo ideal es que no haya grietas ni dolor, pero mientras eso llega son mano de santo. En mi caso el peque comía menos con ellas y las tomas se hacían eternas, así que procuraba usarlas sólo al principio y nunca de noche, porque acababa con los pezones tan doloridos por estar tanto rato mamando que era peor el remedio que la enfermedad.

Nada de discos de lactancia. Sólo para salir a la calle, que tampoco es cosa de ir con las camisetas empapadas por el mundo. A mí las famosas subidas dejaron de ocurrirme al mes, así que los usé muy poco. El motivo es que el pezón se queda continuamente humedecido y no cura bien, además de la posibilidad de favorecer infecciones.

En la revisión de los 15 días resultó que había cogido poco peso aunque la lactancia era a demanda, y una semana más tarde se confirmó, por lo que comenzamos a suplementar algunas tomas con un biberón de leche artificial. Sé que podría haber intentado sacarme yo y guardarla, pero no tenía fuerzas y no quería que la situación se volviese insostenible debido al cansancio. A veces tomaba varios biberones de 30ml o de 60ml. A veces sólo uno al día. Mi pediatra me dijo ‘al final ellos mismos los dejan‘ y yo pensé en lo que se suele decir ‘si cogen un biberón ya no quieren más teta‘. Pues la pediatra resultó tener razón y de un día para otro ya no necesitaba suplementos. ¿Conclusión? Nada de agobios. Si hay que ayudar se ayuda, sin mala conciencia. La lactancia tiene que ser un momento agradable no una imposición ni una condena.

No lo he mencionado pero doy por sentada la importancia de una buena posición del bebé y de un buen agarre, que no es moco de pavo. Hay montones de sitios donde lo explican como aquí y aquí, por ejemplo.

Y para mí lo más relevante de todo, lo que ha marcado la diferencia, ha sido dar con gente que de verdad entiende y sabe de lo que habla. Con mi primer intento de LM me topé con muchos prolactancia que no tenían ni idea y que me dijeron y aconsejaron barbaridades, que al final desembocaron en esta horrible experiencia. Pero hoy en día me consta que hay médicos, enfermeras, matronas y grupos de apoyo a la lactancia que pueden dar un vuelco a un mal comienzo (ojalá los hubiera conocido antes).

De momento, y cruzo los dedos, la cosa va viento en popa. El pequeño engorda a buen ritmo y no es algo que me digan los dichosos percentiles, es algo que se ve. Está sano, feliz y yo aún más. 

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Donde dije digo…

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… ahora digo lactancia materna exclusiva. 

Y es que me han liado. Eso y que debo estar chalada, porque después de lo pasado no sé cómo me he atrevido a intentarlo de nuevo. Eso sí, reconozco que la experiencia está resultando muy distinta. No diré que esté siendo fácil porque creo que para la mayoría los comienzos con la lactancia no suelen ser sencillos, pero en comparación con mi anterior intento ésta vez las cosas parecen ir más fluidas. Quizá sea la experiencia, que voy con mucha menos presión ya que no tengo miedo a que falle, es más, estoy decidida a no dudar y pasar al biberón si veo el mas mínimo peligro, y sobre todo que tengo más información, la que busqué yo y la que ahora me han dado unos profesionales que saben de lo que hablan. Porque es muy fácil decirle a una madre recién parida lo maravillosa que es la leche materna para el bebé y venderle la moto pero a la hora de la verdad, cuando esa madre tiene problemas, solucionarlos con un ‘pues es lo que hay’.

Por el momento, y hablo de escasos cinco días, la cosa está tal que así:

Grietas: alguna hay pero menos que con Joaquín y noto mucho menos dolor. Mi médico que dijo un remedio para las grietas que de momento me está funcionando infinitamente mejor que cualquiera del montón de cremas de marca que probé y que se suponen que son específicas para el pezón. La vaselina. Un bote sencillo de vaselina, sin más. Tras cada toma. A veces antes, o cuando me acuerdo. No tiene sabor, no le molesta al bebé y cicatriza sin secar, de manera que a la siguiente toma la succión no me arranca las costras, que era lo que me provocaba sangrar.

Posición del bebé: digan lo que digan el frenillo del bebé influye, y como Arturo no lo tiene parece que desde el principio se coloca muy bien. Yo suelo ayudarle un poco, sobre todo en un pecho que por lo que sea le cuesta más coger en condiciones, pero por lo general la cosa va bien en este sentido.

Cantidad: pese a ser inducido y a que me advirtieran que quizá tardase más en subir la leche, al fin ha llegado y lo ha hecho en abundancia. El peque feliz y yo comprando sujetadores de urgencia.

Tomas: esto es otro cantar. Sé que es aún muy pronto para que haya regularidad, pero dentro de la anarquía del hambre de esta criatura hay ciertos patrones que ha repetido desde que nació y que en la próxima reunión del grupo de lactancia de mi barrio ( a la que tengo previsto acudir) imagino que me dirán si son normales o no. Lo principal es que durante el día mantiene una cierta regularidad entre dos y tres horas, pero llega un momento sobre las 4 de la mañana en que la toma se alarga y se alarga, no hay forma de dormirlo y está así hasta las 7 que cae redondo. Y de ahí a la siguiente pueden pasar hasta 4 horas sin que se ele escuche. ¿Conclusión? Tengo todo el sueño del mundo. Y las noches se están convirtiendo en un festival con uno enganchado a la teta y colechando con el otro.

Como ya he dicho espero que el grupo de apoyo a la lactancia soluciones mis muchas dudas y sobre todo espero que todo vaya bien, sea con lactancia materna o tenga que ser con artificial, que ya no voy a aferrarme a ninguna de ellas.

Besos y abrazos.

 

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¡Cuántas cosas necesita un bebé! Cap.5: la canastilla del recién nacido 2/2

¡Qué cabeza la mía! Se me había olvidado cerrar esta entrada (si es que soy un desastre), menos mal que me he dado cuenta justo a tiempo, porque me pilláis liada lavando y preparando mini cosas, así que es el mejor momento para escribir esto. En la primera parte os comenté lo que yo considero necesario en la canastilla para el bebé, en mi caso para un parto en hospital privado. Pero nosotras también necesitaremos cosas. Vamos al lío.

La documentación, que parece una cosa obvia pero con las prisas y las contracciones es más que probable que se nos olvide algo. Lo imprescindible es el DNI, pero lo mejor sería llevar en una carpetita todo el historial de revisiones con nuestro ginecólogo, las pruebas, los análisis… por si acaso. En mi caso, como también llevo control por la SS, llevaré la cartilla de embarazada metida en la carpeta. Si el peque nace en la misma ciudad dónde vais a inscribirlo bastará con los papeles que os den en el mismo hospital, pero si lo vais a inscribir en un registro diferente tenéis que especificarlo a la hora de pedir los papeles.

No son necesarios, pero los cachivaches electrónicos como móviles, cargadores etc vienen muy bien para hacer las primeras fotos del retoño, enviar los primeros whatsapps  y para que las mamis no nos aburramos por las mañanas mientras se llevan al peque a bañar y nos dejan a nosotras solas en la habitación esperando al médico. Si además es cesárea y vais a estar varios días no es mala idea un ebook o tablet. Ya digo que falta no hacen, pero ayudan. Igualmente sé que a muchas parturientas les ha venido de perlas enchufarse su música en el mp3 durante las contracciones para hacerlas más llevaderas.

A los hospitales privados tenemos que llevar camisones, bata y zapatillas. La bata y las zapatillas son a gusto de la usuaria, pero los camisones dependerá de si vais a dar el pecho o no. Yo añado a esa lista un buen sujetador con el que estéis cómodas, que no es momento de apreturas, discos de lactancia, braguitas desechables y compresas de posparto, que se piden así en la farmacia y aunque las veáis enormes e incómodas luego veréis que son muy útiles. No, no valen las compresas normales, o al menos yo no las recomendaría.

El tema del neceser es de nuevo algo muy personal, pero por si os ayuda os digo qué lleva el mío, espero no dejarme nada. Recuerdo que nada más despertarme al día siguiente del parto estaba deseando poder ducharme. Y que me molestaba tener el pelo constantemente en la cara. Así que champú, gel, desodorante y gomas para el pelo. Y una toalla de baño. Hay quien recomienda para que sequen bien los puntos de la episotomía echarse aire no muy caliente con el secador tras la ducha, para que no se queden húmedos ni nos hagamos daño con la toalla. Hay quien dice que no. Yo lo hice en casa, no sé si sirvió o no, pero mal no me hizo, así que quizá esta vez me lleve el secador al hospital. Según seáis de presumidas y las visitas que esperéis, nunca viene mal darle un poco de color a la cara, aunque sólo sean unos polvitos y un cacao para los labios.

Sólo me queda la ropa para salir del hospital, que puede ser  la misma con la entréis  u otra. En mi caso fue otra distinta, porque esa mañana con las contracciones no andaba yo para pensar en qué ponerme y me planté el vestido más cómodo, ancho (y feo) que tenía. No era cosa de salir con mi pequeñajo tan requeteguapo y su mami hecha un adefesio. Eso sí, la barriga no desaparece por completo, así que lo que llevéis que se ancho y cómodo.

¿Se me olvida algo?

Besos y abrazos

PD: después de buscar mucho mucho mucho he encontrado bata, zapatillas y camisones sin puntillas ni cosas raras en ZaraHome y en WomanSecret, que además tiene cosas de premamá, aunque no muchas.

PD2: ¡se me olvidaba! Si os pasa como a mí y os lleváis de regalo un buen puñado de puntos por la episotomía, viene de lujo un flotador para sentarse sin ver las estrellas, sobre todo en los comodísimos sillones del hospital. Puede ser uno de ortopedia o un flotador de los chinos normal y corriente.

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Lo que esperaba de parto antes y ahora

Creo que una nunca deja de ser madre primeriza. La primera vez es obvio, nunca has sido madre y hay miles, millones de situaciones que serán totalmente nuevas y a las que hay que enfrentarse por primera vez. La segunda se supone sin embargo que ya sabemos a dónde vamos. ¡Qué gran error! El segundo embarazo es la primera vez que estamos embarazadas de nuevo, la primera vez que lo compaginamos con un bebé o un niño que ya nos necesita. Es la primera vez que vamos a ir al paritorio sabiendo a dónde y a qué vamos… y eso cambia mucho las cosas. Pero mucho mucho.

El parto es algo a lo que las primerizas vamos a ciegas por muchas cosas que nos hayan contado. Creemos que puede ser tal y como nos hemos imaginado… y habitualmente no lo es, ni mucho menos.

parto

En mi primer embarazo soñaba con un parto lo más natural posible, sin epidural, ni episotomía, que sabía que no sería fácil pero que confiaba en que soportaría como muchas otras antes que yo. No fue así ni por asomo. Me negué a la epidural, pero tras 12 horas de contracciones la hubiera firmado sin problemas, me rompieron la bolsa, me pincharon oxitocina y un calmante que me dejó medio grogui, me llevé a casa unos muchos puntos y fue necesario sacar al peque con ventosa. Un completo, vamos.

Ahora… ahora la cosa es muy distinta. No sé si será normal o no, pero ahora tengo mucho más miedo. Me dan miedo las contracciones, la posibilidad de ceder y pedir la epidural, que sea de nuevo un parto larguísimo e incluso la incomodidad de los puntos en las semanas siguientes. Sueño con ese momento, con todas las posibilidades que pueden darse y la angustia me puede.

De este parto sólo espero poder llevarlo con más tranquilidad y más consciente de lo que toca, para ahorrarme unas pocas de horas en el hospital, para poder controlar las contracciones y, sobre todo, espero que este bichillo se decida a nacer por sí mismo, que si hay algo que me da más miedo que el parto en sí es un parto inducido o una cesárea programada.

Y con eso me basta, que si algo he aprendido en este tiempo como madre es que más vale no pensar ni planear las cosas, porque vendrán como quieran.

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¿Parir en hospital público o privado?

nido

Hoy me he levantado con ganas de crear polémica.

Aunque aún no he escrito la crónica de mi parto (lo tengo pendiente), sí creo haber comentado alguna vez que fue en un hospital público. No por elección sino porque el embarazo no fue planeado y el seguro privado sabéis que tiene unos meses de carencia, un mínimo desde que te apuntas hasta que te cubre algo como una operación o en mi caso, el parto. Pues me faltaba un mes para estar cubierta, así que tuvo que ser en el público. Tampoco me pareció mal al principio por aquello de que la sanidad pública tiene el mejor equipamiento y, según dicen, los mejores médicos. Tampoco conocía a nadie que hubiera dado a luz en ese hospital, el Rafael Méndez de Lorca, así que no podía pedir opiniones. Sabía, eso sí, que me tocaría compartir habitación en planta y en dilatación, pero bueno, no es que me importara demasiado.

Desde el mismo día en que salí con mi hijo en brazos tengo una opinión muy diferente. Que conste que no hablo de todos los hospitales públicos en general porque obviamente sólo he parido en uno, perola experiencia podría haber sido muchísimo mejor en montones de aspectos. Siempre digo que entiendo que cada vez hay menos trabajadores en la sanidad pública de este país y que, como es lógico, los que quedan tienen cada vez más carga de trabajo, y que son personas con sus días buenos y malos, pero ¿es acaso eso culpa mía? Y si no lo es ¿porqué lo tengo que pagar yo? En mi caso, recuerdo a alguien en dilatación decir que es que estaban agotados porque ese día ya llevaban 8 partos. Joder, ni que yo hubiera elegido ponerme de parto justamente entonces para fastidiar. Claro, con tanta parturienta, el enfermero al que avisé en planta de que tenía contracciones cada dos minutos debió olvidarse de mí porque cuando se lo repetimos y al fin me subieron a dilatación ya estaba de más de 7 centímetros. ‘Total, como no querías la epidural lo mismo te da’ me soltó la matrona. La misma que sin avisar me rompió la bolsa, que me pinchó oxitocina sin decírmelo (lo tuve que leer yo en un cartelito que llevaba la bolsa) y que, cuando tras 20 horas se me ocurrió decirle que estaba cansada, me dijo que ‘como era mi hijo tenia que empujar sí o sí’.

Los consejos de lactancia por parte de otra matrona fueron recomendarme una crema para las grietas. El ginecólogo sólo me vio los puntos de la episotomia una vez, el día del alta ni me tocó, miró el informe y hala, a casa. Ni un análisis de sangre por si tenía anemia (sé que en otros hospitales se hace) ni ná de ná.

Hubiera quedado ahí la cosa si no fuese porque un par de meses después sufrí un absceso mamario (también tengo esta entrada pendiente) que me llevó de nuevo a estar ingresada en ese hospital durante los 10 peores días de mi vida. De nuevo, el trato fue en algunos casos incluso denunciable, aunque al final somos tontos y todo lo dejamos pasar por no entrar en disputas.

No tengo como veis experiencia en hospitales privados, pero sí tengo familiares que han tenido allí a sus hijos. ¿Qué se hacen más cesáreas? Quizá, pero conozco quien tuvo un segundo parto natural tras una cesárea, ambas en el privado. Y qué decir del seguimiento del embarazo, que al menos en mi compañía en todos los meses mientras que en el público es una eco cada tres meses (yo del segundo trimestre no tengo foto porque era tarde y tenían que irse a comer, no había tiempo para andar explicándomelo todo en la pantalla) y monitores dos semanas antes, que mi peque como se adelantó ni los vio.

En el trato personal… pues hay de todo como en botica. Pero últimamente cuando he ido al ambulatorio he tenido la sensación de que me estaban casi haciendo un favor por atenderme, y con mala cara.

Lo sé, esto va a traer cola. Ahora contadme vosotras ¿qué preferís? ¿dónde han nacido vuestros pequeños? 

 

 

PD: en la imagen, el nido de una maternidad lleno de preciosos angelotes dormidos.

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Cosas que no son iguales desde que soy madre

Que un hijo te cambia por completo es algo indudable, pero normalmente es una frase que se dice para hablar de cambios sentimentales, más profundos. De lo que no se habla tanto es de cuánto te cambia a nivel diario, menos trascendental y más íntimo. Que sí, que te desvives por tu retoño, que no duermes por las noches y salir de viaje es una odisea, pero además de los clichés típicos de madre hay otras cosas que en mi caso han cambiado y mucho.

Mi piel.

Siempre he tenido una piel difícil. Más que difícil, imposible. Desde que tengo uso de razón el acné me ha perseguido, y de mala manera he logrado librarme de él con tratamientos médicos y una rutina de cuidados y cremas constante. Debe ser lo único en lo que he sido constante en mi vida.  Al principio, durante el embarazo, las hormonas me dieron una tregua, que bastante tenía ya con las náuseas de cada mañana. Yo lo atribuyo a las vitaminas que solemos tomar las embarazadas (las primerizas sobre todo), pero fuese por lo que fuese, me daba gusto hasta mirarme en el espejo. Pero ¡ay de mí! las cosas cambiaron cuando nació el peque. Desde entonces he probado de todo y de todas las marcas y nada, que no volvemos a la normalidad.

Mi pelo

No debo ser la única. He oído mucho eso de que a las embarazadas se les cae más el pelo y cosas así. No ha sido mi caso, para cuatro pelos que tengo sólo me faltaría eso, pero sí es cierto que no encuentro la forma de que mi pelo sea el que era. No hay champú, ni tinte ni nada de nada que me valga.

Mi cuerpo

Que sí, que eso es normal, que soy madre y eso se tiene que notar en algo más que en las manchas de chocolate que llevo en la camisa. Lo curioso es que del embarazo salí como nueva, sin una sola estría, y en dos meses ya pesaba menos que antes de estar embarazada. Y ahora, un año después ¡me están saliendo varices! Increíble….

Mi casa

No consigo recordar que había en el rincón junto al sofá antes de que estuviera lleno de bolas de colores, piezas encajables, una carretilla y un cubo de playa. ¿Lo bueno? Lo que me río cuando abro un cajón de la cocina y me encuentro un pulpo de goma de la bañera, o al sacar una camisa del armario suena una musiquilla desde el fondo del cajón y ¡sorpresa! ahí estaba el oso cantarín desaparecido.

Mi bolso

Hubo un tiempo en el que dejé de llevar bolso. Total, siempre iba con el carro y en su bolsa me cabía de todo ¿para qué colgarme otro al hombro? Ahora que no llevo bolsa en la silla de paseo he recuperado mis bolsos, pero guardo cosas impensables hace un año. Toallitas para la cara, uno de esos botes para los golpes, Dalsy, pañuelos de papel en cantidades industriales, un mordedor, galletas (unas cerradas y otras a medio chupar…). Ni Mary Poppins oiga.

¿Qué más ha cambiado en vuestro día a día desde que tenéis hijos?

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Mis cinco imprescindibles para el primer año del bebé

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Todas las madres primerizas recibimos al bebé con un montón de cachibaches que creemos que nos van a salvar la vida a ambos. Que si minicuna, sacaleches, biberones y chupetes de marcas varias, sonajeros… y un larguísimo etcétera que pronto descubrimos que, en su mayoría, van a viajar al trastero casi sin sacar de la caja.

Este mes me siento retrospectiva, con ganas de hacer balance del año y de lo que ha supuesto para todos en casa, así que como por algún lado hay que empezar, lo hago por las cinco cosas que en este año me han parecido realmente imprescindibles, las que sigo usando o que guardo como oro en paño para cuando haya otro bebé con nosotros. Hace ya tiempo que os contaba mis imprescindibles en el embarazo, los libros que debí leer a tiempo y varias recomendaciones sobre productos para los primeros meses. Ahora veremos si, doce meses después, sigo pensado lo mismo.

  1. Los biberones Dr Brown. Han sido el mejor descubrimiento que he podido hacer, y no sólo porque me salvasen de varias semanas de cólicos, llantos y poco sueño, sino porque los he recomendado bastantes veces y en todos los casos han hecho el mismo gran favor a los padres sufridores. Nunca me cansaré de hablar bien de su extraño sistema anti-gases. Todavía los usamos para el agua porque el peque no se aclara del todo con los vasos esos con boquilla, y aunque no durarán para el siguiente porque están estropeados de tanto uso, podéis apostar a que los renovaré contentísima.
  2. Las toallitas y la crema para el culete de Mustela. Sólo diré que una vez me las olvidé y usé unas de marca blanca que tenía en reserva y el pobrecito estuvo escocido tres días, como si tuviera una especie de reacción.
  3. Las toallitas para cara y manos, de la marca que sean (en mi caso Deliplus). Son algo que quizá todas conoceis, pero yo no sabía que existían hasta que no se me presentó la necesidad. De bebé me bastaba con las típicas gasas, pero ahora no me vería yo quitando restos de galleta chupada de… todas partes si no fuera por esas toallitas.
  4. El cojín de lactancia. El mío es con forma de medio círculo, pero cualquiera haría el mismo efecto. Creo que para lo que menos lo usé fue para dar el pecho, me servía como apoyo para cuando el peque no se sostenía sentado sin ayuda, así no se caía hacia los lados, o para tumbarlo en medio y darle un masaje o hacerle cosquillas. Ahora lo pongo a mi lado en el sofá y el peque lo usa de almohada para las siestas.
  5. La hamaca. Mi bicho se cansó enseguida de estar tumbado boca arriba en su capazo así que la ha usado mucho. Desde ella, al principio casi tumbado, podía ver el mundo, vernos a Papá Oso y a mí, moverse con libertad, y cuando iba siendo mayor se quedaba viendo Pocoyó o me lo llevaba conmigo cuando iba por la casa limpiando, para ducharme tranquila o incluso mientras cocinaba. No duró demasiado porque igual que con el capazo, pronto tuvo ganas de cambiar de aires y empezar a gatear, pero fue un dinero muy bien invertido.

PD: en la foto mi bicho con sólo unas semanas acurrucado en el cojín de lactancia.

*Pronto haré la lista con las cinco cosas que no he llegado a usar o que no han dado buen resultado.