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¡Cuántas cosas necesita un bebé! Cap.5: la canastilla del recién nacido 2/2

¡Qué cabeza la mía! Se me había olvidado cerrar esta entrada (si es que soy un desastre), menos mal que me he dado cuenta justo a tiempo, porque me pilláis liada lavando y preparando mini cosas, así que es el mejor momento para escribir esto. En la primera parte os comenté lo que yo considero necesario en la canastilla para el bebé, en mi caso para un parto en hospital privado. Pero nosotras también necesitaremos cosas. Vamos al lío.

La documentación, que parece una cosa obvia pero con las prisas y las contracciones es más que probable que se nos olvide algo. Lo imprescindible es el DNI, pero lo mejor sería llevar en una carpetita todo el historial de revisiones con nuestro ginecólogo, las pruebas, los análisis… por si acaso. En mi caso, como también llevo control por la SS, llevaré la cartilla de embarazada metida en la carpeta. Si el peque nace en la misma ciudad dónde vais a inscribirlo bastará con los papeles que os den en el mismo hospital, pero si lo vais a inscribir en un registro diferente tenéis que especificarlo a la hora de pedir los papeles.

No son necesarios, pero los cachivaches electrónicos como móviles, cargadores etc vienen muy bien para hacer las primeras fotos del retoño, enviar los primeros whatsapps  y para que las mamis no nos aburramos por las mañanas mientras se llevan al peque a bañar y nos dejan a nosotras solas en la habitación esperando al médico. Si además es cesárea y vais a estar varios días no es mala idea un ebook o tablet. Ya digo que falta no hacen, pero ayudan. Igualmente sé que a muchas parturientas les ha venido de perlas enchufarse su música en el mp3 durante las contracciones para hacerlas más llevaderas.

A los hospitales privados tenemos que llevar camisones, bata y zapatillas. La bata y las zapatillas son a gusto de la usuaria, pero los camisones dependerá de si vais a dar el pecho o no. Yo añado a esa lista un buen sujetador con el que estéis cómodas, que no es momento de apreturas, discos de lactancia, braguitas desechables y compresas de posparto, que se piden así en la farmacia y aunque las veáis enormes e incómodas luego veréis que son muy útiles. No, no valen las compresas normales, o al menos yo no las recomendaría.

El tema del neceser es de nuevo algo muy personal, pero por si os ayuda os digo qué lleva el mío, espero no dejarme nada. Recuerdo que nada más despertarme al día siguiente del parto estaba deseando poder ducharme. Y que me molestaba tener el pelo constantemente en la cara. Así que champú, gel, desodorante y gomas para el pelo. Y una toalla de baño. Hay quien recomienda para que sequen bien los puntos de la episotomía echarse aire no muy caliente con el secador tras la ducha, para que no se queden húmedos ni nos hagamos daño con la toalla. Hay quien dice que no. Yo lo hice en casa, no sé si sirvió o no, pero mal no me hizo, así que quizá esta vez me lleve el secador al hospital. Según seáis de presumidas y las visitas que esperéis, nunca viene mal darle un poco de color a la cara, aunque sólo sean unos polvitos y un cacao para los labios.

Sólo me queda la ropa para salir del hospital, que puede ser  la misma con la entréis  u otra. En mi caso fue otra distinta, porque esa mañana con las contracciones no andaba yo para pensar en qué ponerme y me planté el vestido más cómodo, ancho (y feo) que tenía. No era cosa de salir con mi pequeñajo tan requeteguapo y su mami hecha un adefesio. Eso sí, la barriga no desaparece por completo, así que lo que llevéis que se ancho y cómodo.

¿Se me olvida algo?

Besos y abrazos

PD: después de buscar mucho mucho mucho he encontrado bata, zapatillas y camisones sin puntillas ni cosas raras en ZaraHome y en WomanSecret, que además tiene cosas de premamá, aunque no muchas.

PD2: ¡se me olvidaba! Si os pasa como a mí y os lleváis de regalo un buen puñado de puntos por la episotomía, viene de lujo un flotador para sentarse sin ver las estrellas, sobre todo en los comodísimos sillones del hospital. Puede ser uno de ortopedia o un flotador de los chinos normal y corriente.

Cosas de casa, Embarazo, Salud

El famoso ‘síndrome del nido’

Imagen de chupetesybiberones.es
Imagen de chupetesybiberones.es

Casi todas las madres que conozco admiten haberlo sufrido. Da igual que seas una persona habitualmente ordenada o el mayor desastre del reino (véase mi caso), porque los últimos meses de embarazo te convertiras en una auténtica maniática de la limpieza y el orden.

He leído en vario sitios que se trata de una respuesta de nuestro cuerpo ante la ansiedad de la llegada de un nuevo miembro a la familia, y que se denomina así por su semejanza al trabajo de los pájaros al crear su nido para poner y empollar los futuros huevos. Además supone un aumento de energía y actividad física que nos prepara para el gran esfuerzo que está por venir, el del parto.

No sé si habrá evidencias científicas o no, lo que es cierto es que ocurre y que hay que intentar tomárselo con sentido común. Que no es cuestión de subirse a la escalera para ordenar los altillos con una barriga de ocho meses. En esos casos es preferible pedir ayuda al abnegado padre de la criatura o, si podemos, buscar a alguien que nos eche una mano con las tareas de casa hasta que nazca el retoño.

¿Que cómo sabes si lo estás sufriendo? Es fácil. Si te pasas el día pensando en lavar la ropita nueva del bebé, el preparar su habitación, si de repente te das cuenta de que necesitas limpiar los cristales y necesitas que la casa esté impoluta… sí, bienvenida al club.

Por experiencia propia os digo que la cosa no mejora a pesar de que con el paso de los días cada vez estemos más incómodas y pesadas. Yo, la misma mañana que me puse de parto, entre las primeras contracciones, decidí que el baño estaba muy sucio y me puse a fregar la bañera y los azulejos. ¡Papá Oso todavía se echa las manos a la cabeza cuando lo recuerda! Y ahora, con la casa evidentemente mucho menos ordenada por obra y gracia de mi bicho de 20 meses, parece que el dichoso síndrome me está atacando mucho antes y yo tengo mucha menos energía… o quizá más tareas para la misma energía. Sea como sea, en mi semana 32 ya estoy lavando y guardando pijamitas en la bolsa para el hospital. Quizá lo veáis normal, pero en mi primer embarazo preparé la bolsa en la semana 37 y el peque nació en la 38, vamos que casi casi no llego.

Si sois de naturaleza desordenada como yo, aprovechad para darle un empujoncito a las tareas pendientes pero ojo ¡nada de ansiedad! ¿ok?

¡Besos y abrazos!

Embarazo

El embarazo no es como en las películas

Imagen de www.embarazada.com
Imagen de http://www.embarazada.com

Sé lo que me vais a decir, que es una etapa maravillosa, que hay que disfrutar del milagro de notar cómo crece una vida en tu interior…. Y sí, no os lo discuto, pero sed sinceras ¿es así TODOS los días a TODAS horas? Pues no. El día a día es otro cantar.

El sueño se apodera de ti, al menos los primeros meses. La mayoría de las embarazadas que conozco coinciden en que el primer trimestre las invadía un sopor y un cansacio infinitos. Yo era terminar de comer y quedarme dormida casi de pie, no podía evitarlo. Ahora… las pocas veces que intente dormirme una pequeña siesta fui atacada por un bicho de año y medio al grito de ¡mamáaaaaa, mamáaaaaaaa!

Los olores, la comida y las náuseas. Soy como un sabueso. Puedo reconocer un olor desde lejísimos y aunque ninguno me provoca un malestar muy grande, sí que me incomoda en olor a tabaco, por ejemplo. Las náuseas me acompañaron en mi primer embarazo durante tres meses, cada mañana. En éste me he librado, apenas un par de semanas. Pero sé de quien las ha sufrido todo el embarazo y no son esa escena típica de embarazada agachada junto al wáter, que sale del baño tan tranquila y hala, a seguir con su vida.

La barriga es tan bonita como incómoda. Llega un punto, en este embarazo me ha llegado mucho antes, en el que la panza dificulta la rutina diaria. No puedo cargar con la compra, me cansa abrocharme las botas, subir escaleras… obviamente no puedo dormir boca abajo (y no sé dormir de otra forma) y la cosa no mejorará en los meses que me quedan. Como decía una amiga, el mejor momento es cuando la barriga llega a los sitios antes que tú, y vas chocando con ella por todas partes.

En el tercer trimestre empiezas a caminar como un pato, es muy posible que se te hinchen los tobillos hasta que tus pies te parezcan más los de un hipopótamo, te pica la barriga, vas al baño cada diez minutos… y no sé si quiero hablar de la ropa premamá porque me enciendo. Las modelos premamá son modelos de la talla 36 a las que les plantan una barriga de pega ¿y se supone que las embarazadas reales son así? Pues no, no lo somos. Nuestro cuerpo cambia por completo, y si partimos de que el 90% somos muy distintas ya antes de embarazarnos a esas modelos tan altas y monas, cuando se nos ensanchan las caderas, los muslos, hasta la cara…. Al final salimos de las tiendas premamá con un cabreo curioso.

¿Estoy asustando a las futuras mamis o a las que estáis recién embarazadas? Pues no os preocupéis, porque todo esto tiene un precioso final y merece la pena. La aventura de verdad viene después. 

Embarazo, Salud

El peso en el embarazo

peso

Si hay un tema tabú para una embarazada es el del peso. Sabemos que tenemos que engordar, es obvio y sería preocupante si no lo hiciéramos, pero aun así a ninguna nos gusta demasiado el momento en el que la matrona o el ginecólogo nos pide que subamos a la báscula.

¿De verdad es tan sumamente importante coger más o menos kilos mientras estamos embarazadas? Sin ponerme en los extremos de engordar más de 20 kilos o apenas cinco o seis, creo que se le da demasiada relevancia al tema del peso. O mejor dicho, se le da una relevancia mal aplicada. Me explico, no creo (pese a no tener estudios médicos) que sea lo mismo engordar diez kilos para alguien que pese 50 que para una mujer que empiece el embarazo con 80. De la misma forma que se tiene en cuenta, en general, la altura, la constitución física y la edad para determinar el famoso IMC, ¿porqué luego todas debemos engordar lo mismo cuando estamos embarazadas?

En mi primer embarazo engordé un total de 12 kilos, sin embargo hasta el último mes podía ponerme mis vaqueros habituales sin problema. Ni el culo ni las piernas me engordaron, todo estaba en la barriga y en el pecho. Yo pensaba que eso era aceptable porque si mi el resto de mi cuerpo no había cambiado es que tampoco debía hacer engordado de más. De nuevo hablo sin conocimiento, pero imagino que si me sobrasen realmente kilos se habrían repartido más allá de mi panza ¿o me equivoco? La cuestión es que, en palabras textuales de mi matrona de entonces, debía “ir cerrando un poco la boquita, que te estás pasando”. Vamos, como si me pasase en día engullendo cual loba. Ni que decir tiene que me sentó como una patada el comentario y que, además, no le hice ningún caso.

Ni el el anterior embarazo ni en este me apetece comer dulce. Prefiero mil veces más un plato de jamón o unas lentejas a un donut y similares. No tengo además ansia por comer, ni los famosos antojos. Que sí, que a veces me zampo un paquete de patatas (de los pequeños, que conste) pero leche, ¡es que estoy embarazada!

Hoy, en la revisión con mi actual matrona, semana 25 de embarazo, he vuelto a escuchar otro comentario más o menos igual de agradable “has cogido peso muy rápido, no deberías pasarte de los 12 kilos así que ten cuidado.” En total he cogido casi 7. Sí, estoy mas gorda, pero de nuevo es todo barriga, una panza inmensa o al menos así la veo yo. Lo curioso es que desde hace más de un mes estoy comiendo mejor de lo habitual ya que Papá Oso está a dieta y yo me niego a hacer tres comidas diferentes para cada uno, así que sin quedarme con hambre como más o menos lo que él.

¿Mi conclusión? El embarazo es otra etapa en la vida de una mujer en la que creo que se debe actuar siguiendo las mismas normas que el resto de nuestra vida, lo que en la alimentación supone no pasarse con los dulces ni con los fritos, comer fruta y verdura y mover el culete del sofá. Cada una sabemos cuándo nos estamos pasando, no necesitamos una báscula para eso, y tampoco creo que necesitemos a alguien que, en una época en la que nos cambia tanto el cuerpo y nos vemos tan diferentes, además venga a decirnos que estamos gordas de más.

PD: hay montones de calculadoras en internet que te dicen cuánto peso más o menos debes coger según la semana de embarazo en la que estés, por si tenéis curiosidad.

PD: se admiten y agradecen opiniones de expertas en el tema, porque esto no es más que mi opinión y quizá (muy probablemente) esté equivocada.

¡Besos y abrazos!

Embarazo, Parto, Postparto, Salud

Lo que esperaba de parto antes y ahora

Creo que una nunca deja de ser madre primeriza. La primera vez es obvio, nunca has sido madre y hay miles, millones de situaciones que serán totalmente nuevas y a las que hay que enfrentarse por primera vez. La segunda se supone sin embargo que ya sabemos a dónde vamos. ¡Qué gran error! El segundo embarazo es la primera vez que estamos embarazadas de nuevo, la primera vez que lo compaginamos con un bebé o un niño que ya nos necesita. Es la primera vez que vamos a ir al paritorio sabiendo a dónde y a qué vamos… y eso cambia mucho las cosas. Pero mucho mucho.

El parto es algo a lo que las primerizas vamos a ciegas por muchas cosas que nos hayan contado. Creemos que puede ser tal y como nos hemos imaginado… y habitualmente no lo es, ni mucho menos.

parto

En mi primer embarazo soñaba con un parto lo más natural posible, sin epidural, ni episotomía, que sabía que no sería fácil pero que confiaba en que soportaría como muchas otras antes que yo. No fue así ni por asomo. Me negué a la epidural, pero tras 12 horas de contracciones la hubiera firmado sin problemas, me rompieron la bolsa, me pincharon oxitocina y un calmante que me dejó medio grogui, me llevé a casa unos muchos puntos y fue necesario sacar al peque con ventosa. Un completo, vamos.

Ahora… ahora la cosa es muy distinta. No sé si será normal o no, pero ahora tengo mucho más miedo. Me dan miedo las contracciones, la posibilidad de ceder y pedir la epidural, que sea de nuevo un parto larguísimo e incluso la incomodidad de los puntos en las semanas siguientes. Sueño con ese momento, con todas las posibilidades que pueden darse y la angustia me puede.

De este parto sólo espero poder llevarlo con más tranquilidad y más consciente de lo que toca, para ahorrarme unas pocas de horas en el hospital, para poder controlar las contracciones y, sobre todo, espero que este bichillo se decida a nacer por sí mismo, que si hay algo que me da más miedo que el parto en sí es un parto inducido o una cesárea programada.

Y con eso me basta, que si algo he aprendido en este tiempo como madre es que más vale no pensar ni planear las cosas, porque vendrán como quieran.

Compras, Crianza, Embarazo, Parto

¡Cuántas cosas necesita un bebé! Cap.5: la canastilla del recién nacido 1/2

Al menos un mes antes de la fecha de parto es deseable que los futuros padres tengan preparada una bolsa con las cosas necesarias para llevar al hospital y, además, que tengan en casa otra serie de cosas que les serán imprescindibles a su regreso. A esas cosas, a las que necesitaremos cuando lleguemos de vuelta a casa, son a las que me voy a referir hoy.

Porque si dais a luz en un hospital público pocas cosas necesitáis llevar (aquí os dejo mi lista) y, si vais a un hospital privado como será mi caso esta vez, se tratará simplemente de meter gran parte de estas cosas tan necesarias en la bolsa y listo.

Lo primero y más imprescindible de todo, los pañales de recién nacido. Para gustos hay colores, pero en mi caso opté y optaré de nuevo por los Dodot Sensitive para recién nacidos (hay dos tallas según el peso). Me fueron bien con el peque, aunque reconozco que en cuanto creció nos fallaban mucho y cambié de marca. Pero para las primeras veces prefiero ir sobre seguro a unos pañales que no producen alergias, son blanditos y absorben bien.

Te la regalen o te la compres tu, lo habitual es que tengas preparada en casa una cesta con los productos de higiene básicos, dónde además de los pañales necesitarás: crema para el culete, jabón para el baño, crema hidratante, colonia (a mí personalmente no me gusta), una esponja natural, cepillito para el pelo y tijeritas para las uñas. Además de todo esto, que os durará meses, para el cuidado del ombligo viene bien tener gasas estériles y alcohol de 70º. Bueno, y una toalla grande y suave.

Nosotros elegimos los productos de Mustela y añadimos un champú especial para la costra láctea que nos resultó muy útil, pero de nuevo es cuestión de gustos. Si bien es cierto que recomiendo fervientemente su crema para el cambio de pañal, la sigo usando y para mí es la única que no falla. *En casos excepcionales como diarreas en los que el culete se pone mucho más rojo y dolorido, la mejor para mí es Avene Cicalfate.

Superado el primer baño en casa (aquí tenéis mi recomendación sobre bañeritas) toca vestir al pequeñín. Sea la época del año que sea hacen falta bodies cruzados y pijamas cómodos, la cantidad es al gusto pero al menos tres o cuatro bodies vendrán bien. Mi peque nació en julio y en casa llevaba body de manga corta al principio, ya en agosto de tirantes. Y ahora, que espero al repeque para mayo, ando buscando bodies de manga larga al menos para las primeras semanas, que aquí en cuanto entra el calor lo hace con fuerza.

Para salir a la calle, ademas del capazo con sus sábanas correspondientes (y mantita y colcha según el mes), ropa de nuevo cómoda tanto para el peque como para vosotros, que un recién nacido no es fácil de vestir así de primeras, y hay que cambiarle el pañal a menudo. Nada de zapatitos, sólo patucos o calcetines. Y si hace frío, gorro y manoplas, que los bebés pierden mucho calor por la cabeza. Aquí mi recomendación sobre cochecitos de bebé.

Y eso es todo, que ya me ha quedado un post más bien largo. En breve la segunda parte.

Muchos besos y abrazos!!

¡Qué bien me conocen los Reyes Magos!
¡Qué bien me conocen los Reyes Magos!

PD: Edito para enseñaros la bolsa taaaaan chula que me llevaré al hospital con todas las cositas de mi repeque ¿a que mola? 🙂 🙂

Embarazo, Salud

La ecografía de las 20 semanas

ecografia

Es la segunda ecografía para la mayoría de las embarazadas y dicen que la más importante, la llamada ‘morfológica’, porque es en la que van a evaluar todos y cada uno de los detalles de nuestro pequeño. Yo, que voy por la sanidad pública y por la privada, la he tenido por partida doble. Y los resultados en ambas han sido buenos, que es lo importante.

Voy por partes, primero la cartilla de la SS. En esta revisión de nuevo toca peso y tensión como ya va siendo habitual. Al final además os citarán para la famosa prueba de la glucosa o test O’Sullivan, aquí podéis ver de qué va. Y vamos con la eco. Mi ginecóloga, una mujer agradable aunque de pocas palabras, fue revisando al repeque parte por parte sin decir mucho, y de vez en cuanto le cantaba cifras y siglas a la enfermera, que las iba apuntando en la cartilla. Se comprueba la columna para descartar espina bífida, el cerebro, el corazón, todos los órganos internos… montones de cosas. Absolutamente todo.

En cuanto a los apuntes en la cartilla son:

– la posición en la que se encuentra el bebé, que en mi caso es transversa dorsoposterior. Vamos, de lado.

– DBP (diámetro biparietal)

– CC (circunferencia cefálica)

– CA (circunferencia abdominal)

– LF (longitud del fémur)

– PL (placenta)

– LA (líquido amniótico)

No os preocupéis demasiado por estas medidas, por si es más grande o más pequeño. Si todo está bien, y eso os lo dirá el medico, aún le queda un largo camino por delante en el que estas cifras van a cambiar, y mucho.

Más o menos lo mismo pone en el informe del privado, aunque éste especifica uno por uno el estudio de pulmones, corazón, hígado etc etc. Y añade que no se aprecian  anomalías, aunque no se pueden descartar las que no tienen expresión ecográfica. Que hay cosas (Dios no lo quiera) que no se ven en una ecografía, y de eso nadie tiene culpa. Prueba de esto es la hipospadia de mi peque, por ejemplo.

¡Besos y abrazos!

Cosas de casa, Decoración, Embarazo

Habitación para dos

Estas camas me encantan pero ¿son cómodas para los niños?
Estas camas me encantan pero ¿son cómodas para los niños?

Volvemos a la rutina después de unas navidades intensas ¡cómo se nota cuándo hay niños en casa! ¡qué diferente es la Navidad! Pero todo se acaba, y aunque cansados no queda más remedio que volver a la normalidad, sobre todo con el blog, que el pobre estaba de lo más abandonadito.

Mientras preparo la entrada sobre la eco de las 20 semanas os voy a dejar trabajo, una pequeña encuesta a ver si me ayudáis un poco. Y es que ahora que ya es seguro que el bebé será niño, y que por tanto compartirá habitación con el peque, nos viene la duda de cómo amueblar esa habitación.

De momento y como duerme con nosotros la verdad es que la habitación se usa poco, sólo para jugar algunas veces (la mayoria de jugetes están por el suelo del salón) y para coger la ropa del armario. De echo sigue estando la cuna, aunque creo que el bicho ya ni cabría en ella. Pero antes o despúes él querrá irse a su propia cama, y tampoco sé si el pequeño colechará también, o si lo hará más o menos tiempo. Y claro está que el armario actual se me irá quedando muy pequeño para la ropita de los dos. Vamos, que necesitamos una reestructuración, y porqué dejarlo para luego si ahora tenemos tiempo y yo me encuentro con fuerza.

La duda principal está en las camas. ¿Ponemos dos independietes, camas nido o tipo tren? Please, necesito vuestras opiniones/experiencias/consejos porqué es un dinero importante para luego acabar equivocándonos.

¡Muchas gracias!

 

PD: por cierto ¿qué tal se han portado los Reyes? En cuanto descargue la tarjeta de la cámara os enseño los nuestros ¡hemos sido todos muy buenos! 🙂

Alimentación, Crianza, Embarazo, Salud

Cambios de rutinas: el bebé se hace mayor

Hoy vengo con la señal de SOS encendida en busca de esa infinita sabiduría que sé que ronda por estos lares.

Ya comenté aquí que mi peque es un niño muy rutinario, cosas como la hora de comer o la siesta las hace siempre a la misma hora, y si por cualquier cosa ese horario se cambia se le trastoca toda su organización y tarda varios días en volver a actuar con su rutina habitual. Sin embargo desde hace ya un mes las rutinas más importantes en el día a día, la comida y el sueño, están cambiado radicalmente. Y está siendo todo cosa suya, yo le dejo hacer y trato de adaptarme, pero debe ser por mis hormonas embarazadas que me está costando mucho tanto cambio.

Como a la gran mayoría de los niños de entre uno y dos años, la comida ya no les parece tan divertida como antes. Hay cosas que le gustan y que se come de mil amores y hay cosas que ni a tiros. Le dejo comer solo en la medida de lo posible, tratando de pasar por alto las manchas, pero hay cosas que ni por esas. Los potitos por norma general se los sigue comiendo genial, pero hay días, no diré que siempre, en los que se niega a comer nada que no sean patatas fritas y a veces ni eso.

Siempre hay hambre para un bol de gusanitos
Siempre hay hambre para un bol de gusanitos

En el desayuno hemos pasado del biberón de leche con cereales infantiles a un vaso de colacao del de toda la vida tomado con pajita y un poco de pan con mantequilla. Lo mismito que su madre ¿por qué será? 🙂

La comida a mediodía… depende del día. A veces genial, a veces nada de nada, otras veces una cucharada… Cada día una aventura.

La merienda como el desayuno, sin problemas, zumo y galletas.

Y la cena ¡sorpresa! tiene más hambre que un lobo y no ve el momento de dejar de comer, tanto que al final aunque me da pena le tengo que quitar la comida de delante porque se empacha y luego duerme fatal.

Yo lo sé, que es normal, que si no come es porque no tendrá hambre, que le tengo que dejar a su ritmo… pero es que me resulta curioso que la falta de apetito sea siempre a mediodía y que luego llegue a la cena con tanta ansia, que además no es sano. No quiero que se ‘acostumbre’ a ese ritmo de comida y luego no ser capaz de enseñarle a comer a su hora, como hacemos el resto en casa.

Lo del sueño es más bien anecdótico, no me preocupa en absoluto pero igualmente me parece curioso. Antes dormía si o sí una sola siesta antes de comer, a eso de la una había caído. Ahora se duerme más tarde, a las dos o después de comer si es que come, y por suerte duerme un poco más que antes. Pero hay muchos días que la hora de comer le pilla con sueño así que no quiere comer, y como se duerme pues se salta la comida.

Madres 2.0, agradezco cualquier consejo o comentario al respecto.

PD: el embarazo em está nublando un pelín la capacidad de razonar, no me lo tengáis muy en cuenta 😉

Crianza, Embarazo, Familia, Lactancia, Libros, Salud

Buenos profesionales para garantizar un buen futuro

Hace poco mi cuñada y madrina del peque, futura enfermera, me regaló éste libro.

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No os tengo que contar que soy ferviente seguidora y admiradora de Carlos González, ya os recomendé sus libros aquí, pero claro, eso ella no tenía porqué saberlo. A fin de cuentas es alguien a quien conocemos sobre todo las que somos o vamos a ser madres. Sin embargo a ella le pareció apropiado para mí porque se lo había recomendado una profesora en la universidad. La misma profesora que les ha enseñado a dar masajes a los bebés, en la misma universidad en la que les enseñan la importancia del método canguro, del piel con piel con el recién nacido.

Y lo primero que me vino a la cabeza es que al fin parece que soplan vientos de cambio, de reciclaje para unos profesionales a menudo anclados en costumbres y prácticas no sólo anticuadas sino en algunos casos peligrosas (véase la maniobra Kristeller, por ejemplo). Me sentí agradecida porque pensó en mí para el regalo y orgullosa porque con esos pensamientos en la cabeza, con esas ideas, será una de esas profesionales que tanto gusto da encontrar cuando las madres vamos al médico, alguien que va más allá de los conocimientos memorizados y que es capaz de comprender y de entender lo que necesita el bebé.

Además, casualmente, hoy he vuelto a comenzar a leer ‘Mi niño no me come’ y después de dos semanas me siento estúpida por haber pasado tanto tiempo nerviosa y enfadada a la hora de comer. Creo que me los voy a tener que poner en la mesilla de noche para cuando me agobie en exceso, que cierto es que ahora con mis hormonas revolucionadas me pasa más de lo que debería.

Y si alguien aún no conoce a este hombre ni su forma de ver la infancia y la maternidad, merece la pena echarle un vistazo a sus libros y, si os convencen, no lo dudéis, que no son caros para el jugo que al menos yo les estoy sacando.