Cosas de casa, Decoración, Familia

Habitación para tres hermanos

O como meter a tres fieras en un mismo dormitorio y no morir en el intento.

Desde que supimos que el pequeño era otro niño tuvimos muy claro que iban a dormir los tres en la misma habitación. Mi casa no es grande y, aunque tengo otra habitación, la uso de despacho/habitación de la plancha/sala de manualidades. Vamos, que la necesito.

¿Caben tres niños y todas sus cosas en una habitación de tamaño normal? La respuesta es SÍ, pero para llegar hasta esta afirmación he movido los muebles decenas de veces en un tetris que parecía no tener fin. De momento parece que he encontrado la disposición adecuada.

Lo primero y más obvio, las camas normales no valen. Una litera por lo menos. Valoré la litera triple pero no veía yo a mi mayor ahí tan alto dentro de unos años, y no valen como para cambiarlas cada dos por tres. Aquí hago un inciso para explicaros que todo el mobiliario de mis monetes es de Ikea. Hay cosas más chulas en otras tiendas, y con mejor relación calidad-precio, pero mis hijos son de los que pintan, dan golpes… digamos que son poco cuidadosos. La idea de comprarles muebles más caros y ver cómo aparecen con pequeñas marcas porque los han golpeado con las patas del tiranosaurio rex me apetecía poco. A lo que iba, los mayores duermen en una litera y el pequeño tiene preparada su mini cama para cuando quiera dejarme descansar dejar la cuna.

Los armarios para mí fueron un gran acierto. Cuando reformamos la casa quité los armarios empotrados porque de nunca me han gustado, así que como tenía opción de elegir les montamos a los peques tres armarios exactamente iguales. Caben justos, la verdad, porque medio tapan el interruptor de la luz, pero es lo que hay. La organización de la ropa así me resulta muy práctica porque los tres los tengo con el mismo sistema. Unos cestos dentro para calcetines, zapatos y accesorios varios, primer cajón de ropa interior y pijamas, segundo de camisetas, tercero de sudaderas/jerseys y cuarto de pantalones. Y aquí hago otro paréntesis. En un post próximo os cuento lo maravilloso que es guardar la ropa con el método Konmari (buscad en internet mientras) o siguiendo las indicaciones de Alicia de Orden y limpieza en casa. No sólo porque caben más cosas en un mismo cajón, sino porque te vas dando cuenta de que necesitan muchísimas menos cosas de las que tienes. Ahora mismo aprovechando el verano estoy revisando para dejar todos los armarios con las reglas del armario cápsula o proyecto 333. Pero bueno, que os estoy adelantando muchas cosas y luego cuando las publique ¡ya las conoceréis todas! Lo que quería deciros es que el espacio es limitado y por tanto es importante tener lo necesario, nada de acumular.

Esa regla vale también para los juguetes y los libros. Ya he cambiado tres veces de estantería porque no nos caben más cuentos. Incluso los que son más ‘de mayores’ o más delicados (los pop-up por ejemplo) me los he llevado al salón. Aprovecho el espacio bajo la cama con un DIY genial para guardar juguetes: son dos cajones de un armario que no uso. Les pegué fieltro en la base para que no arañen el suelo a espera de acordarme de comprarles ruedas y de momento van muy bien. La estantería sobre la cama del mayor es la antigua para libros pero colgada en horizontal. Sin más.

¿Mi truco para ordenar los juguetes? Cada cosa tiene su sitio y, lo más importante, de nuevo no acumular demasiado. Es imposible no tener muchísimos juguetes con tres niños, lo sé. Pero cuando se acerca Navidad o algún cumpleaños me siento una tarde con ellos en su habitación y revisamos todo para ver qué cosas ya no usan y las damos a una ONG. Parece difícil pero cuando se lo explicas ellos mismo van metiendo cosas en la caja y no os podéis creer la de juguetes que sobran.

No creo que me deje nada en el tintero porque ¡madre mía que largo me ha quedado esto!

Espero que a las que os planteáis poner a los hermanos a dormir juntos os sirva de algo y a las mamis de familia numerosa ¡contadme como lo hacéis vosotras!

Cosas de casa, Crianza, Familia

No es lo mismo criar al primero que al segundo…

Vaya tres…

… que al tercero, e imagino que seguirá así la cosa. Aunque tengo que admitir que yo siempre he sido más bien despreocupada, ni siquiera con el primero me ponía nerviosa a menudo, pero es cierto que la despreocupación ha ido aumentando con los siguientes niños. Os pongo ejemplos:

  • Esterilizar tetinas, chupetes, etc. Como buena madre primeriza uno de los primeros trastos que coloqué en mi cocina cuando llegué del hospital fue el esterilizador. Los primeros meses metía las tetinas y chupetes después de cada toma. Unos meses después era sólo a veces, otras veces los lavaba en agua caliente del grifo. Con el mediano como no tomó biberón hasta pasados los seis meses ya lo veía yo grande para esterilizar nada. Ni saqué el cacharro ese del trastero. Y con el pequeño bien es verdad que no ha querido biberón, pero ni se me pasó por la cabeza esterilizar los chupetes las veces contadas que los quiso. Si caían al suelo, un poco de agua del grifo y listos.
  • La alimentación complementaria. Tenía el calendario de lo que tocaba incorporar cada mes pegado en la puerta del frigo y procuraba hacer los purés caseros. Con el mediano ya me sabía más o menos los meses y tiré muchísimo de potitos comprados, sobre todo por no hacer dos comidas diferentes a diario para el mayor y para él. El pequeño ha ido comiendo de lo que le ha dado la gana, se puede decir que hemos hecho blw pero la verdad es que nunca jamás le he triturado nada porque comía y come de lo mismo que el resto de la familia.
  • Horarios. El primero (pobre mío) tuvo menos libertad que sus hermanos en esto. O puedo pensar que tenía la vida más organizada, según se mire. Tenía su hora de almorzar, de comer, de merendar y cenar. Su hora del baño y de dormir. Con el segundo la cosa se fue torciendo y la hora de comer se adaptó a la de su hermano mayor cuando volvía de la guarde. La de cenar se fue alargando. El baño enseguida fue juntos. El pequeño vive en la anarquía. Feliz y sin rutinas de ningún tipo. El pobre sólo sufriría por madrugar a la hora que los mayores se van al cole pero él es así de rebelde y se despierta el primero en esta santa casa. También se acuesta el último.

Podría seguir así hasta el infinito, pero la conclusión es que soy mucho más permisiva ahora que cuando sólo era madre de uno. No sé si es la experiencia o el cansancio, porque de las dos cosas tengo más. Quizá también influye el carácter de niño, mi mayor era y sigue siendo un bendito mientras que el pequeño es un alma indomable.

Las que tenéis más de un hijo ¿os ha pasado lo mismo?

Besos y abrazos

Cosas de casa, Crianza, Familia

Tres no son dos

Recuerdo perfectamente el día que, embarazada de mi pequeño, mi cuñada me envió un enlace a un post de Carmen Osorio No soy una drama mamá en el que hablaba de las diferencias entre tener dos hijos y tener tres. No sabía yo dónde me estaba metiendo. Dieciséis meses tiene mi tercero y puedo corroborar todas y cada una de sus frases: tener (y criar) a tres hijos no es igual que a dos. Aquí no vale lo de “donde comen dos comen tres”, y que conste que no es mi intención ni mucho menos el quitarle las ganas a nadie de ser familia numerosa, porque para mi una familia grande es algo precioso, pero no es sencillo.

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Es imposible que los tres miren a la cámara a la vez, nunca, jamás.

Ya lo he dicho en varias ocasiones, pero el mundo no está pensado para las familias numerosas. Tres sillas no caben en la inmensa mayoría de los coches. Pocos son los hoteles que te facilitan alojarte todos juntos en una habitación. En casa cabemos, pero meter a tres niños en una habitación es un ejercicio que me río yo del tetris. Por muy pocas cosas que tengas, por mucho que intentes abrazar el minimalismo, necesitas tres de todo. Y eso es mucho. Son tonterías, pequeños detalles, que te hacen ver que lo de tener la parejita es lo convencional, lo aceptado. Intentar encontrar ropa igual para los tres aunque sea para un evento especial como una comunión o una boda se convierte en un peregrinar sin éxito de tienda en tienda.

En el día a día el trabajo se multiplica de forma exponencial. La velocidad para tirar juguetes  de tres niños tendría que ser algo objeto de estudio, porque te giras un segundo y ya apenas puedes ver el suelo. Uno solo se dedica a jugar, dos quizá se peleen por un coche o un dinosaurio, cuando son tres se vienen arriba y no hay tregua.

Lo de salir al parque o a cualquier otro lugar merece mención aparte. Si viene papá no hay problema, todo va bien. Tengo que admitir que mis mayores saben ir a mi lado o sujetos a la silla del pequeño para cruzar o si hay mucha gente. Pero vigilar a los tres a la vez en el parque es poco menos que imposible. El pequeño se va corriendo, cuidado que no le den un golpe esos niños con el balón, el mediano quiere que le empujes en el columpio, el mayor a visto a un amigo del colegio y en lo que te despistas se ha ido a la otra punta del parque, que lo ves porque lleva una chaqueta naranja (lo de los colores chillones es genial en estos casos). Espera, ya voy, un momento…. Y así hasta que decides que un paquete de gusanitos no es tan malo si te puede proporcionar cinco minutos sentados todos en un banco.

De vuelta a casa, en la bañera caben los tres (de momento). Saco al pequeño, mientras enjabono el pelo al mayor el pequeño se ha largado en pelotas y mojado al salón. No es una escena inventada, es el pan de cada tarde. ¿Y mi pijama? ¿Y mis calcetines? ¡Ayúdame a secarme mamá! ¡A mí primero!

Pero luego se sientan a cenar y los oyes inventarse chistes o hacer ruidos para que el pequeño se parta de la risa, te acuerdas de cuando han estado jugando con el coche teledirigido que les regaló su padrino y han compartido el mando sin que tu les dijeras nada, los metes en la cama y quieren escuchar un cuento los tres acostados juntos, y el cansancio parece que se alivia un poco. 

Que el pequeño sea un niño de alta demanda no ha ayudado mucho este año y medio desde que somos familia numerosa. En muchos momentos me siento desbordada, agotada no sólo físicamente sino anímica y mentalmente. Me faltan horas de sueño, orden a mi alrededor, algún ratito por pequeño que sea para mí. Pero crecen, crecen muy deprisa, y sé que echaré de menos incluso lo malos momentos.

Si vas a por el tercero, ánimo. Es duro, no voy a decir lo contrario, pero verlos juntos merece mucho la pena.

Besos y abrazos

 

 

Cosas de casa, Crianza, Familia

Así es nuestra rutina del día a día

Buenos días!! 

Hay una cosa que siempre me pregunto cuando leo o veo vlogs de otras madres, y es cómo se organizan en su día a día. Será porque yo soy bastante desastre y me pica la curiosidad saber si soy la única. Así que aunque tengo cinco o seis post en borrador, algunos sólo a falta de unas fotos ilustrativas, he decidido que hoy os voy a contar cómo me las voy apañando yo con mis tres fieras, mi casa, mi carrera y el pobre de Papá Oso que al final es el último en la lista. Por cierto, antes de empezar os adelanto que estoy esforzándome en dar más vidilla a la cuenta de Twitter y de Instagram porque en mis planes a corto-medio plazo está el lanzarme al mundo youtuber y cuento por supuesto con vuestro apoyo.

En mi casa somos muy rutinarios, funcionamos con un horario para todo y si lo rompemos ya vamos perdidos todo el día, en especial mis hijos.
En mi casa somos muy rutinarios, funcionamos con un horario para todo y si lo rompemos ya vamos perdidos todo el día

A lo que iba. Mis días, laborables o no porque al final los fines de semana me acabo levantando igual, empiezan con el agradable sonido de la alarma de móvil a las 7 a.m. En realidad empiezan antes, pero eso os lo cuento más adelante. Digamos que a las siete es cuando comienzo oficialmente tomándome un café con leche laaargo y lo que sea que pille en la despensa. Guillermo no tiene horarios establecidos porque aunque come cada dos horas nunca es cien por cien fiable así que todo va en función de sus deseos, al menos de momento. Alrededor de las siete y veinte se va Papá Oso y yo o bien dejo al peque en el carro o me lo llevo en la hamaca al baño y me ducho y me arreglo. A veces toca lavarse el pelo con el peque llorando, es lo que hay. A las ocho levanto a los otros dos (ya les he preparado sus vasos de leche) y los pobres se arrastran al salón a ver la tele. Los visto, reconozco que casi nunca tengo la ropa preparada la noche antes y eso me cuesta correr, abrir cajones, dar vueltas innecesarias etc. Se lavan los dientes, los peino, preparo las mochilas con su almuerzo. Si Guille está dormido me lo llevo en pijama, si no le cambio el pañal y lo visto. Para no ir con la lengua fuera tenemos que salir de casa antes de menos cuarto. El cole y la guarde están al final de una graaaaan cuesta arriba. El orden para dejarlos depende de como vayamos de tiempo ya que en la guarde no hay horario y en el cole obviamente sí.

A partir de aquí las mañanas dependen del día. Hay días que toca limpieza, doblar ropa, pasar por el súper… o como ayer que tocó ir de compras, ropa de temporada para mí y para ellos. En el tema comida a mí me gusta cocinar así que siempre me complico de más. A mis hijos les gustan sobre todo los guisos y yo no soy muy de fritos. De momento el peque está en modo koala y me deja pocos ratos para hacer nada, así que todo lo intento en los intervalos entre teta y teta, porque dormir duerme poco.

Dos menos cuarto, vuelta a la cuesta a recoger a los peques. Ellos comen antes y para cuando terminan a llegado el papi, se van a ver un ratito de dibus y comemos nosotros. Recogemos la cocina, café, algunas veces alguno se duerme la siesta pero el mayor siempre resiste.

Ya os he dicho que soy muy desastre así que las tardes tampoco tienen ninguna estructura, dependen de las necesidades del momento. Los peques se van a jugar y los demás… a lo que toque. ¿Cuándo estudio? Cuando puedo y me dejan. Tengo entregas los lunes que al final siempre hago los domingos con muchas prisas y más agobios. Los viernes el mayor va al fútbol y después nos quedamos en el parque.

Alrededor de las ocho y con la ayuda casi siempre de los abuelos o los padrinos que a esas horas vienen de visita nos vamos a la bañera, preparo cenas y si todo ha ido bien vemos un trocito de alguna peli de animación hasta como muy tarde las diez que los acompaño a la cama. Lo habitual a partir de aquí es que los deje dormidos a y media y yo esté para el arrastre. Me tomo mi leche fría con colacao, le doy la última tetada a Guille en la cama y caigo como un tronco deseando haber hecho algo para mí, lo que fuese. Hoy tengo la suerte de que guille se ha dormido y por eso podéis comprobar que el post es mucho más largo de lo habitual.

De noche el peque también come cada dos horas y sin saber porqué alrededor de las cinco deja de tener sueño y son muchos los días que me toca acostarme con él en el sofá para que aguante hasta las siete. Necesita brazos, contacto.

Tengo la gran suerte de no estar trabajando y no lo cambiaría por nada. Soy feliz así. Estoy estudiando y quiero trabajar de ello más adelante, es verdad, pero ahora mismo me siento bien con lo que hago cada día. Y admiro a quien además tiene que pasar ocho horas fuera de casa.

¿Me contáis vuestra rutina diaria?

Besos y abrazos.

 

Compras, Cosas de casa, Decoración

Habitación para tres

Dice el refrán que los niños vienen con un pan debajo del brazo, pero la realidad es que vienen con cientos y cientos de cosas. Y si es el tercero, todavía más. Porque tres sillas no caben en cualquier coche, ni tres niños en cualquier casa. En nuestro caso la logística ha pasado entre otras cosas por tener que reestructurar por completo la habitación de los niños que aunque no es pequeña no va muy sobrada de sitio para colocar tres camas ni guardar ropa y zapatos (y juguetes y libros…). ¿La solución? Como siempre: Ikea.

No puedo decir que fuese llegar y besar el santo porque estuvimos semanas buscando la mejor combinación, dibujando las medidas de las camas en una pared y en otra, haciendo cuentas… y al final quedó claro que si queríamos conservar la otra habitación pequeña como estudio no nos quedaba más remedio que buscar una litera. Aquí podéis ver como ha quedado.

La cuna, que de momento está ahí y que volverá cuando el bebé sea más grande, la vamos a convertir en cuna de colecho, así que los mayores tendrán algo más de sitio para jugar.

Los armarios son exactamente iguales los tres y encima hemos colocado unos módulos ‘reciclados’ ya que antes los teníamos en la pared como estanterías. Son más estrechos pero cumplen su función con zapatos de otra temporada y cosas varias que nunca se sabe dónde guardar.

La decoración está todavía en proceso. De momento tenemos las fundas nórdicas de Vertbaudet y mi capricho personal, la guirnalda de luz de Tutete.

En cuanto a los ocupantes de momento no me preocupo por el tema de subir y bajar porque duermen juntos en la cama de abajo por propia petición. He insistido en que estarán más cómodos, que hace calor para dormir juntos pero nada, ni uno ni otro quieren separarse así que la cama de arriba, de momento, se usa siempre en presencia de un adulto para subirse a jugar.

PD: Guille viene con más novedades, en próximas entregas os las enseño 😉

Besos y abrazos.

Cosas de casa, Crianza, Decoración, DIY, Familia

Habitación compartida

DSC_0061Hay hermanos que duermen juntos. Puede ser por obligación porque no tengamos más habitaciones libres o por deseo nuestro, como es mi caso. Tengo otra habitación que uso de cuarto de la plancha/costura/estudio pero mis hijos duermen juntos, y así quiero que sigan. No vivo en ningún palacio así que meter dos criaturas con sus correspondientes pertenencias en una única habitación y lograr que ésta sea cómoda no ha sido nada fácil. Sin embargo en esta ocasión mi eterna devoción por los muebles de Ikea ha servido de algo y me ha dado la solución al problema:DSC_0062 muebles de tamaño infantil baratos que cambiaré cuando crezcan sin sufrir por ello. Y la segunda cuestión a tener en cuenta es que los muebles elegidos sean prácticos para la edad de los habitantes. ¿De verdad necesita mi hijo un escritorio? De momento apostamos por almacenaje para muuuuuchos juguetes y estanterías para muuuuuchos libros. Algunas a su altura para el “top ten” de antes de dormir y otras más altas para evitar el desastre si los alcanza el hermano pequeño.

DSC_0063En el tema de la decoración yo aposté por tres colores y en base a ellos gira todo: naranja, verde y azul. La funda del nórdico del mayor es DIY y la de lunares de la cuna es de TucTuc. Los stickers de circo los usamos para que los muebles no fuesen tan blancos y sosos, y las cajas de encima del armario nos valen para tener ordenados en una los disfraces, en otra las cosas para hacer manualidades y en la tercera las fichas y dibujos de la guardería. No tenemos nada de decoración como tal más allá de los dos marcos de fotos con sus nombres en fieltro que fueron un regalo y el calendario también de fieltro y que también nos regalaron.

Cuando son tan pequeños creo que es muy importante que las cosas queden a su altura para que vean que pueden hacer las cosas solos, por eso me gusta el perchero para dejar su abrigo y la mochila, las cajas verdes al lado donde guardamos los zapatos y las cajas bajo la cama para los juguetes más grandes. Y por supuesto aunque no se vea tenemos dos de los famosos taburetes Mammut y esa silla/huevo naranja en la que les vuelve locos esconderse los dos juntos y dar vueltas. Me dan un miedo….

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 Cuando cambiemos la cuna por otra cama igual que la de su hermano para que puedan subir y bajar solos aún me quedará mucho espacio en el centro para jugar (en invierno hay una alfombra pero ahora mi alergia me ha obligado a quitarla). Cómo veis el pequeño no quería faltar para demostrar que le gusta mucho jugar en su habitación 🙂

¿Qué os parece el tema de que los hermanos compartan habitación?

Besos y abrazos.

Cosas de casa, Decoración, DIY

Primer cumpleaños en casa

El viernes día 8 celebramos el primer cumpleaños de mi trasto pequeño (un año ya!!) y tras haber celebrado los anteriores del mayor cenando fuera, esta vez decidí robar con una fiesta en casa, entre otras cosas porque al día siguiente teníamos comunión y quería una fiesta que no acabase demasiado tarde.

Lo primero que no podemos olvidar al hacer una fiesta en casa es que va a ser un caos y un motón de trabajo,tanto antes como durante y después de que todos se hayan ido. Pero tampoco es cuestión de ver sólo lo malo, que nuestro cachorro tendrá un cumple personalizado y a su gusto, en un entorno cómodo para él (y para nosotros).

En nuestro caso como los dos son pequeños y aún no hay compromisos con amigos del cole fue un cumple muy familiar, con tíos, primos y abuelos. 15 adultos y cuatro peques, muy casero. Mi intención, aunque ya se sabe que las coas nunca salen como una quiere, era que merendasen primero los peques mientras las mamis nos tomábamos el café y hacer tiempo a que el resto llegasen para una cervecita y cena de picoteo, la tarta y tempranito (relativamente temprano) a dormir. Para esto mis hijos son únicos y vieron la oportunidad de jorobarme el plan durmiéndose la siesta justo a la hora que llegaban los primos. Ale, pues unos a merendar viendo Big Hero 6 y el homenajeado a dormir.

Al final se mezclaron la merienda con la cena, las cervezas con el café… pero lo bueno es que estando en familia todo va rodado.

He de reconocer que a mí me encanta organizar saraos de todo tipo: cenas, comidas,  cumpleaños lo que salga y que no importa trabajar más para que todo quede como imagino. Así se me ocurrió que la fiesta tenía que tener temática de animalitos de granja ya que tiene una y es su juguete favorito, y sobre eso hicimos las invitaciones vía whatsapp, la decoración de la entrada con cartel y globos, unos banderines diy, una corona de goma eva y para comer una mesa dividida en dulce/salado con todo lo que me dio tiempo a cocinar. Y este fue el resultado.

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El centro de atención además del peque fue la maravillosa tarta de Sr.Pastel. Se salen de bonitas y de ricas.

Triunfo total de la fuente de chocolate, regalo de unos primos en Reyes. Los diy de los banderines y la corona los dejo aquí, pero son muy sencillitos.

Y para comer, dulce: fruta y nubes para el chocolate, palmeritas caseras, bizcocho y chuches varias; y salado: pan relleno, empanada, tortilla de patatas, patatas fritas y embutido y queso. Quedó hecha una pizza que nos comimos al día siguiente.

Arturo disfrutó mucho, el hermano y los papis más, creo que todos comieron bien y pasamos una tarde a gusto en familia, que al final es de lo que se trata.

Para el cumple del mayor en julio ya estoy planeando mil historias, a ver si me da tiempo 😉

Cosas de casa, Crianza

La hora de dormir

mickeyEl tema de irse a dormir es peliagudo en la mayoría de las casas con niños pequeños, eso es innegable. Los hay que son dormilones y caen rendidos enseguida y los hay que luchan contra su propio sueño, el de sus padres y la paciencia de todo el que intenta meterlos en una cama.

El mío es de los que prefieren jugar hasta que clava la cabeza encima de los dinosaurios, por eso su padre y yo hemos probado montones de trucos y parece que, al fin, hemos dado con la clave.

A Joaquín (como a todos creo) le encanta ver dibujos animados. Y desde hace tiempo por las noches, después de cenar, le ponemos un par de capítulos de alguna serie de dibujos tipo Caillou o Mickey Mouse antes de dormir con la condición de que cuando se terminen nos vamos a la cama. Se lo aviso cuando se los pongo y efectivamente cuando se acaban él ya sabe lo que va a pasar, no le sorprende y aunque a veces remolonea un poco, lo acepta. A esta edad son muy rutinarios y durante una época también funcionó el leerle un cuento antes de dormir. Era pipí, meterse en la cama, cuento, apagar la luz y a dormir. Si fallaba algo en la ecuación entonces no se dormía.

Hasta hoy no se me había ocurrido probarlo con la siesta. Es un momento más delicado porque después de comer se pone a jugar con su hermano al que no ha visto en toda la mañana y claro, cuando le corto el juego para llevármelo a la cama, lo que me he llevado más de una vez han sido un par de patadas y bastantes gritos y llantos. Hoy tras un ratito corto de juego le he anticipado lo que íbamos a hacer: nos acostamos en el sofá, vemos un capítulo de Mickey y después a dormir. Lo ha entendido tan bien que al subir al sofá me ha pedido que le quitase los zapatos y le tapase con una manta. Se lo veía venir y así ha sido. No sé cuando se habrá dormido pero mientras comíamos su padre y yo han terminado los dibujos y ha empezado la siesta. Sin llantos ni peleas, sin pedir más dibujos porque ya habíamos pactado lo que tenía que pasar.

Sé que hay mucha controversia sobre si los niños ven mucha televisión pero oye, que si 15 minutos me aseguran que se acuesta sin patalear, benditos sean.

¿Cómo llevan vuestros hijos el momento de irse a la cama?

Besos y abrazos.

PD: ahora leo que no recomiendan la siesta a mayores de 2 años…. pues no será el mío, que si no duerme a las 7 de la tarde está para el arrastre (y a ver quién lo aguanta).

Cosas de casa, Crianza, Educación, Libros

Una de libros

Si hay una cosa en la que no me duele gastarme el dinero es en libros. Tanto para mí como para los peques. Normalmente me cuesta decidirme a la hora de elegir un libro u otro ya que mis fieras aún son pequeños y es complicado saber si estarán al nivel o el libro les aburrirá, pero en el último mes hemos ampliado bastante la biblioteca infantil y me gustan tanto las nuevas adquisiciones que tenía que contároslas.

VAMOSaVERABUELOS_cubierta_CASTELLANO.indd1. Vamos a ver a los abuelos. Un libro pop-up diferente y precioso, tanto que sufro cada vez que lo coge porque sé que aún no tiene cuidado y que es fácil que arranque o rompa algo. Pero es lo que hay, es suyo y yo me tengo que aguantar.

 

mamutlanudo2. Como lavar a un mamut lanudo. Me lo leí en un Fnac y la gente me miraba raro porque me reía sola.

elefantitocurioso

3. El elefantito curioso. Libro con música, una combinación que al menos con el mío siempre es un acierto.

 

4. El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su topocabeza. Una idea que os puede resultar escatológica pero que a los críos les encanta. En casa se ha convertido en el libro de antes de ir a dormir.

 

contrarios

 

5. Contrarios.  Una colección que busca enseñar conceptos (colores, formas) a través de un juego de dibujos y transparencias. Muy original y para mi gusto muy bien pensado.

 

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6. Buenas noches monstruos. Fue un regalo ya que el protagonista se llama igual que mi hijo, pero además es que le encanta. Va buscando los monstruos por las páginas.

 

Para no perder esta buena racha lectora mi regalo de reyes (por adelantado) fue una suscripción a My little book box que está siendo un éxito. A mi hijo le encanta los libros, le gusta la sorpresa de abrir la caja y encontrar un cuento, y le gusta casi más pasar una mañana entera haciendo manualidades con mamá y papá. Las actividades hasta el momento han sido acertadas en cuanto a entretenimiento y adecuadas a su edad en dificultad. Y he comprobado de primera mano el precio de alguno de los libros que envían y hay casos en los que sólo el libro realmente vale lo que pagas por la caja al completo, así que compensa. Ahora sólo queda convencer a papá Oso para que alarguemos un poco más la suscripción.

¿Os gustan? ¿Me recomendáis libros de 2 a 3 años?

Besos y abrazos

 

 

Cosas de casa, Embarazo, Salud

El famoso ‘síndrome del nido’

Imagen de chupetesybiberones.es
Imagen de chupetesybiberones.es

Casi todas las madres que conozco admiten haberlo sufrido. Da igual que seas una persona habitualmente ordenada o el mayor desastre del reino (véase mi caso), porque los últimos meses de embarazo te convertiras en una auténtica maniática de la limpieza y el orden.

He leído en vario sitios que se trata de una respuesta de nuestro cuerpo ante la ansiedad de la llegada de un nuevo miembro a la familia, y que se denomina así por su semejanza al trabajo de los pájaros al crear su nido para poner y empollar los futuros huevos. Además supone un aumento de energía y actividad física que nos prepara para el gran esfuerzo que está por venir, el del parto.

No sé si habrá evidencias científicas o no, lo que es cierto es que ocurre y que hay que intentar tomárselo con sentido común. Que no es cuestión de subirse a la escalera para ordenar los altillos con una barriga de ocho meses. En esos casos es preferible pedir ayuda al abnegado padre de la criatura o, si podemos, buscar a alguien que nos eche una mano con las tareas de casa hasta que nazca el retoño.

¿Que cómo sabes si lo estás sufriendo? Es fácil. Si te pasas el día pensando en lavar la ropita nueva del bebé, el preparar su habitación, si de repente te das cuenta de que necesitas limpiar los cristales y necesitas que la casa esté impoluta… sí, bienvenida al club.

Por experiencia propia os digo que la cosa no mejora a pesar de que con el paso de los días cada vez estemos más incómodas y pesadas. Yo, la misma mañana que me puse de parto, entre las primeras contracciones, decidí que el baño estaba muy sucio y me puse a fregar la bañera y los azulejos. ¡Papá Oso todavía se echa las manos a la cabeza cuando lo recuerda! Y ahora, con la casa evidentemente mucho menos ordenada por obra y gracia de mi bicho de 20 meses, parece que el dichoso síndrome me está atacando mucho antes y yo tengo mucha menos energía… o quizá más tareas para la misma energía. Sea como sea, en mi semana 32 ya estoy lavando y guardando pijamitas en la bolsa para el hospital. Quizá lo veáis normal, pero en mi primer embarazo preparé la bolsa en la semana 37 y el peque nació en la 38, vamos que casi casi no llego.

Si sois de naturaleza desordenada como yo, aprovechad para darle un empujoncito a las tareas pendientes pero ojo ¡nada de ansiedad! ¿ok?

¡Besos y abrazos!