Dormir está sobrevalorado

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Hace unos días una amiga me dijo que vaya la que me esperaba cuando naciese el bebé, ahora que ya dormía bien con los dos mayores. Y sólo me salió por respuesta reírme, porque ni mucho menos es esa la realidad de mis noches. El mayor hasta que no cumplió los tres años se levantaba sí o sí cada noche a por agua, pipí o cualquier excusa para venir a nuestra habitación a buscarnos. Como ya os he contado alguna vez tanto con él como con el pequeño el colecho a sido una cuestión de salud, de mi salud mental y física. Ambos son muy difíciles de dormir, duermen poco y se mueven y despiertan a menudo. Desde bien pequeños, con bibe o con teta (he comprobado las dos, una con cada uno) y si en alguno de esos múltiples despertares no me ven empiezan los llantos y las llamadas. Obviamente no me apetecía, a nadie creo, levantarme siete, ocho o yo que sé las veces cada noche y pasearme de la cuna a mi cama, así que la opción fue clara.

El mayor empezó a dormir en su cama alrededor de los dos años. Al principio unas horas y poco a poco cada vez más hasta que ahora, por fin, pasa la gran mayoría de las noches sin despertarse ni una sola vez.

El pequeño ahora comienza a dormirse en la cama con su hermano, porque en la suya no consiente de ninguna de las maneras, y alrededor de las 2 o las 3 de la mañana viene corriendo a mi cama y me llama para que lo suba entre su padre y yo. Sé que debería llevármelo de vuelta, pero con el mayor comprobé que ese método significa levantarme quince veces para nada. Y con ninguno ha sido jamás posible lo de dejarlo dormirse y luego llevármelo a su cama, tienen un sueño tan ligero que siempre que lo he intentado se han despertado. Sé que poco a poco irá durmiendo más horas seguidas, y espero que en algún momento lo haga en su cama, porque su hermano el pobre le hace sitio pero al final apenas caben entre peluches varios.

Cuando nazca el bebé tengo en mente un nuevo experimento, la cuna de colecho. A ver si así me evito el levantarme y seguimos cabiendo todos en la cama, que por mucho que sea grande yo me veo un día durmiendo en el suelo.

Así que el cambio de lo que duermo ahora a lo que dormiré con el bebé claro que será grande, los primeros meses con mis hijos han sido muy duros, de muchas noches sin dormir apenas dos o tres horas, pero a todo se acostumbra una y aunque vaya como una zombie por el mundo, no pierdo la esperanza en que, antes o después, pueda volver a dormir mis ocho horitas seguidas como la gente normal.

¿Qué tal duermen vuestros hijos?

Besos y abrazos

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