Por una sociedad bien informada

prensa

A veces, entre cambio de pañales y poner lavadoras, me gusta leer un periódico digital o intentar ver el telediario. Y hay días en los que enterarme de cómo está el mundo me entristece y me alarma. Antes de ser madre a tiempo completo hubo una época en la que era periodista no sólo de vocación sino de profesión. A día de hoy, cuando hace demasiado tiempo que me alejé de las ruedas de prensa y del jaleo incesante de una redacción me sigo sintiendo, sigo siendo periodista, y me duele ver cómo la situación tanto económica como política de este país está acabando de forma alarmante con una gran parte de los medios de comunicación. Me fastidia enormemente escuchar que se cierran periódicos, cadenas de televisión o emisoras de radio. Y no lo digo tan sólo por todos esos compañeros que se quedan en la calle, porque desgraciadamente nuestro gremio no es el único en pasar por este trance. Lo digo por todos los demás, por el público. Porque la información busca no sólo ser siempre objetiva, veraz sino sobre todo estar al servicio de la sociedad, porque la sociedad aunque no lo sepa, aunque no sea consciente de ello, necesita saber lo que ocurre en el mundo para poder reaccionar, para poder actuar. Una sociedad sin información se encuentra perdida, a la deriva. Y, al contrario de lo que se suele decir, una sociedad en la que no existen medios de comunicación es más fácil de manipular. Porque aunque estén politizados, aunque no dejen de ser empresas al servicio de unos intereses, los medios de comunicación entendidos como un conjunto nos permiten tener una actitud crítica ante el mundo. Nos ayudan a tener una opinión, a tomar parte. Y si nos quitan eso, si nos despojan de la posibilidad de saber qué ocurre, es como si viviesemos en una burbuja en la cual sólo nos importará lo que pasa en nuestro entorno más cercano, en nuestro barrio, quizá en nuestra ciudad, y no podremos entender que existen muchos más barrios y ciudades. Nos aislaremos, dejaremos de ser una sociedad para ser individuos.

Desde aquí, desde mi humilde palestra, doy mi más sincero apoyo a todos los que se han visto obligados a dejar de informar, a los que aún lo hacen a pesar de innumerables trabas, y confío en que en un futuro no muy lejano alguien devuelva a los medios de comunicación la posición que realmente se merecen.

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