Lo que pasa cuando no pasa nada

Los profesionales lo llaman el bloqueo del escritor, yo lo llamo ‘hacer bola’, como cuando tu hijo le da vueltas y vueltas a la comida en la boca. Al final no es más que enredar una cosa con otra y darles tantas vueltas que al final tienes una masa que no sabes cómo deshacer. No basta con tener tiempo libre, un hueco en el que sentarse tranquilamente delante del ordenador para que las ideas fluyan. A menudo es incluso peor, porque ves que tienes el tiempo, cosa que no pasa a menudo, y que lo vas a desperdiciar porque no sabes cómo aprovecharlo. Y esa sensación pasa a engordar la bola. Es curioso que además cuanto más tiempo pasas sin conseguir desliarte más difícil resulta volver a arrancar, cómo si al perder el ritmo de la carrera se te olvidase caminar. Si para rematar eres tan poco metódica, con tan poca rutina como yo, lo tienes claro. Tengo ideas pero no sé qué hacer con ellas, no veo el momento de subir lo que sea a facebook o a twitter (no hay quien siga ese frenesí de tweets diarios), no pongo al día la casa, la plancha, la cocina… y si no voy al parque me da pena y si voy me da cargo de conciencia.

Por suerte el bicho hace lo mismo de siempre, nada que resaltar dentro de lo asombroso de su día a día, así que no me lamento por no contaros aquí grandes hazañas cada semana. Sé que, cómo pasa siempre, sin que pase nada especial un día  encuentro el hilo del que tirar y el ovillo se vuelve una línea por la que caminar hacia adelante. Sólo tengo que esperar, y espero que no os desesperéis mientras tanto.

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