Las cosas que de verdad importan

Cuando digo que me encantaría tener una familia numerosa la gente me mira con una mezcla de sorpresa e incertidumbre. No tengo ya bastante con haber tenido un bebé en ésta época tan mala “menos mal que tu marido tiene un buen trabajo ¡y fijo nada menos!” sino que además se me ocurre la desfachatez de querer tener dos más. ¡Estoy loca! Hoy en día los niños necesitan muchas cosas, que si el carro, que si la cuna, la comida, los pañales… y qué decir de la ropa, toda carísima. Los niños son un gasto enorme, y no sólo eso, además si uno ya no te deja tiempo para nada ¡imagínate tres! Lo dicho, loca de remate.

Cuando escucho sus razones me dan ganas de reírme a carcajadas, o de llorar. Me río, que es más sano.

Cuando me dicen que a tres no puedes darle las mismas cosas que a uno, pienso que en parte se equivocan, porque quizá nos estrenen ropa cada día, tengan que heredar los juguetes de hermanos y primos, y a lo mejor no pueda comprarles a cada uno la videoconsola de moda, pero qué triste pensar que es eso todo lo que como padres podemos darles a nuestros hijos.

Mis hijos, sean cuantos sean, tendrán un cuento cada noche antes de dormir; tendrán tardes de risas, carreras y juegos en el parque con su familia; tendrán tardes de juegos de mesa en casa cuando llueva, y tardes de películas con palomitas. Se nos ha olvidado en este mundo tan pendiente de las ‘cosas’, que los niños no necesitan juguetes su tienen a otros niños con los que jugar. No tendrán ropa de marca, pero tendrán excursiones a la playa, todos juntos, porque Papá Oso no vive para trabajar y ganar más dinero, sino que trabaja lo necesario y aprovecha todo el tiempo que le queda para pasarlo con nosotros. Hemos creído que los niños son más felices cuantas más cosas tienen, cuando en realidad necesitan muy poco. Pueden heredar el cochecito, y la cuna, y miles de cosas más, porque el día de mañana no serán sus cosas sino su familia los que le acompañen cuando necesite un abrazo.

No digo, que nadie me malinterprete, que quien decide tener un sólo hijo lo haga por egoísmo  ni mucho menos. Pero no me sirve el que no tendrán todo lo que quieran como argumento para no poder tener una gran familia. En mi casa sólo había un sueldo, como en la mayoría de las familias de hace años, y sobrevivimos. Cuando había más pues mejor, y cuando había menos pues igual.

Intentaré por todos los medios enseñar a mi hijo (uno de momento) que las cosas que de verdad importan no son cosas. Y procuraré de paso no olvidarlo yo, por más difícil que me lo pongan.

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