Rutinas de verano

Con el cambio horario el Papá Oso y yo hemos tenido que ir adaptando las rutinas del peque a las tardes cada día más largas.  Antes el baño empezaba sobre las 8, para cenar a eso de las 9 y de ahí casi siempre directos a la cama, porque con el biberón de la cena cae rendido. Ahora tratamos de que la merienda sea un poco más ‘fuerte’ para que aguante hasta más tarde. Hoy el baño se ha retrasado hasta las 9 porque yo andaba en la cocina haciendo brownies, y no ha cenado hasta las 9,30. Como ha merendado tarde y además se ha zampado dos galletas ha llegado sin rechistar. Además así tenemos más tiempo para jugar en el parque y montar en los columpios.

Soy muy insistente con toda la familia en la importancia de las rutinas en el bebé. Le dan seguridad porque sabe qué es lo que viene a continuación, le permiten anticiparse a la jugada y aprender de ello. Sin embargo también es necesario adaptarse a las situaciones tal y como vienen, y los niños no son  de cristal, no les pasa nada si sales a cenar con ellos y se quedan dormidos en la silla, si madrugan porque tienes que ir al médico temprano o si no se bañan porque a mamá no le ha dado tiempo mientras terminaba la segunda tanda de magdalenas.

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