El peque y la familia

Mis padres, mis suegros y mis cuñados viven bastante cerca de nuestra casa, y aunque unos trabajan, otros estudian y mis padres son mayores, todos tienen a diario una especie de horario de visitas  planificado que me obliga a tener la casa lista para revista todo el día. Pero ese no el el problema, bueno es uno de ellos pero no es el que venía a contaros. El problema es que cada cual con su ilusión quiere sacar al peque a dar un paseo, al parque, darle gusanitos, galletas, jugar con él o dormirlo, según el día, pero a veces, muy a menudo, esas ilusiones chocan con la realidad y la rutina del bicho. No es cuestión de llevarle con unas rutinas más rígidas que en el ejercito, pero no puede pasarse el día entero en la calle, ni comer pan justo después del postre, ni merendar tres veces porque ¡déjalo, mira que gracioso!

Nosotros, más yo que Papá Oso, porque yo soy más dramática para estas cosas, intento que no se pasen, pero a ver quien es el guapo que les dice que no, que tal cosa no puede ser, sin que me miren como si fuera una exagerada. Qué fácil es todo cuando el papel de malo le toca a otro.

Además al final sin querer o queriendo un poco acabo cambiando yo mis costumbres para que me encajen con sus manías, porque si salgo por la mañana a hacer la compra y así darle un paseo al peque, luego viene su abuelo por la tarde y ¡hala! otra vez a la calle. Y así ni siesta ni ná de ná. ¿Qué hago? Pasamos la mañana en casa jugando en la alfombra y que salga por la tarde después de la merienda. Y me paso la vida diciéndoles a los demás que eso no pueden y que tal cosa tampoco y dando más explicaciones que una maestra. Pero con buena cara, no sea que parezca un ogro, porque por lo menos preguntan antes de hacer cualquier cosa, que no es poco.

Por suerte todo tiene su lado bueno, y es que pese a que a veces me estreso por la falta de costumbre de tener a tanta familia cerca, me alegro mucho de que mi hijo sí vaya a estar acostumbrado a eso, que nunca le vaya a faltar el apoyo de los suyos. Y por mi parte, me da seguridad saber que si necesito algo, tengo a quien acudir, aunque me cueste darme cuenta, porque no es algo que me haya ocurrido antes.

Todo tiene dos caras ¿no?

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